
Hace un frío que corta las pelotas. Es una frase hecha pero hoy viene más a cuento que nunca. La usa a menudo Tony, mi tronco. Tengo casi un cuarto de hora, desde la boca de Metro el apartamento, en esa zona de Madrid por donde dicen que se va a prolongar La Castellana. Para compensar el biruje exterior, por dentro voy calentita. Me refiero al chichi. Hace más de dos semanas que no veo a mi novio y tengo unas ganas de follar que me llevan los demonios.
Y lo tremendo es que sigue de viaje, así que no me va a quedar más remedio que recurrir al “autoservicio”. En cuanto llegue a mi casita, enciendo la tele, pongo una guarrería en el vídeo, me sirvo una copita y me pajeo. Desnudita, mirando esas vergas tremendas que salen en las películas porno.
Escondo las manos en los sobacos, solo las puntas de los dedos, las tetas no me dejan cruzar del todo los brazos... tenerlas así no es bueno para nada. Bueno, para los tíos que me las ponen a caldo, sí. Se ponen como locos de contento si se las dejo un rato.
Cuando mi novio anda por ahí, rara suele ser la ocasión en que no ligo un maromo, de esos que te ponen a cuatro patas y te la meten hasta que dices basta, pero esta vez no ha habido suerte. Contando el de hoy, son ya 13 días sin que me la metan, sin chupar un rabo y sin que me coman el conejito y ya no puedo más.
Sábado, 22 de noviembre - Actualización: 15:19