
Esta es mi historia. Me llamo Nieves, tengo 34 años, dos tetas como carretas, un cutis de terciopelo y un tipazo de impresión. Vamos, que soy una buena hembra, macizota y bien plantada. Mi marido se llama Luis, anda ya por los 50 y la verdad es que me tiene bastante desatendida en el tema de la jodienda. Desde hace unos cuantos años, dedica mucho más tiempo y esfuerzos a sus negocios que la preciosidad que tiene en casa. Lo que ha hecho que se resienta un poco nuestra relación de pareja.
También es la historia de Antonio, nuestro mejor vecino, que es divorciado y no pega chapa. Justo en la época en que su santa esposa lo mandó a paseo, harta de cuernos, él se convirtió en “asesor” de una multinacional de postín y ahora dedica su tiempo al golf, al tenis, al paddel y a maquinar perrerías.
Además de piscina, en el jardín de la comunidad, entre los cinco edificios de dos plantas, hay una primorosa cancha de paddel. Luis ni la ha estrenado, pero yo soy una gran aficionada y a veces hago pareja con Antonio, que para esas cosas de la raqueta es un fenómeno.
Sábado, 11 de octubre - Actualización: 02:08