
Son cosas de familia. Mi hermano quería ser un tuno, pero de los de verdad, con su capa negra, sus cintas y su bandurria, supongo que para poder impresionar a las chicas de la Universidad.
Yo, como hermana mayor, siempre he cuidado de él, pero sabía que no lo tendría nada fácil, porque esa gente de la Tuna es muy quisquillosa. Funciona como una mafia.
Y para colmo, mi hermano ni canta bien, ni tiene oído para la música; y, por si fuera poco, tampoco es lo que se dice guapo, ni demasiado popular.
Yo estoy en otra onda. Modestia aparte, quiero dejar claro que tengo una cara bonita, cuerpo llamativo, con generosas curvas, muy firmes y pronunciadas, como dice - entre dulces cochinadas- el guarro de mi novio, cada vez que se me monta encima y me folla.
En la papelería que tiene mi madre junto a la Universidad, hay un almacén trasero y se lo prestamos a los de la Tuna para ensañar. Todo con la sola intención de que le hicieran un hueco al bobalicón de mi hermanito.
Lunes, 13 de octubre - Actualización: 19:43