
Era un sábado por la noche y como mi novio estaba de exámenes, salí de farra con unas amigas. Estuvimos de copas y pegué la hebra con un tipo muy bien plantado, que se ofreció a llevarme en coche a casa.
Me acompañó muy formal hasta el edificio y al llegar al portal, en el morreo de despedida, me susurra que estaba loco por metérmela.
--¿Pero tu qué dices?
--Que me encantas y si me invitas a tu piso no te vas a arrepentir.
Si no hubiera bebido de más, lo habría mandado con viento fresco, pero me hizo gracia su osadía.
--Pero es que arriba están mis padres…- musité, con el coño empapado y unas ganas que moría
--Es que me estalla la polla… mira como la tengo.
Bajó mi mano hasta su bragueta y me hizo sentir su paquete. Era de campeonato.
Ante semejantes evidencia, temblé, me estremecí y por un momento dude, pero le dije que no, que mejor se fuera.
Sábado, 22 de noviembre - Actualización: 16:32