
Estábamos de mudanza, en el piso solo había una mesa de camping y varias sillas de plástico. Con mi mujer preparamos algo de cenar. Cuando lo estábamos preparando sonó el timbre. Nos preguntamos que quien podría ser un martes a aquellas horas, pues éramos nuevos en esta ciudad y no esperábamos a nadie. Fui a abrir la puerta y me encontré con un viejo compañero de colegio.
Era un tipo divertido, muy cachas, al que llamábamos “Tres Piernas”, porque gastaba una polla que parecía la manda de un abrigo y ese tipo de virtudes, cuando se tienen 15 años, suelen ser motivo de admiración colectiva.
Lo que no imaginaba en aquel momento, es que mi mujer también iba a quedar fascinada con el instrumento de mi amigo.
El tipo andaba buscando piso en la ciudad, porque le habían cambiado de destino y explicó que venía a echar un vistazo al nuestro. Habíamos estado hablando, él y yo, un par de días antes.
Ya era tarde y le propuse que se quedara a comer algo con no0ostros y que de paso, nos echara una mano. Se quedó gustoso y la verdad es que nos echó las dos. O las tres, para ser precisos.
Pedimos unas pizzas y algunas cervezas. En el piso no había de nada a parte de una caja de vino que me había dejado el antiguo propietario. Así que abrimos una botella y preparamos un pequeño vermú. Entre que venia y no venia el de las pizzas nos zampamos una botella entre los tres.
Sábado, 22 de noviembre - Actualización: 17:03