
Era por la tarde, una tarde que hacia muchísimo calor. Llegué a mi casa, y mi madre, que siempre anda muy atareada, me pidió que llevase un paquete a casa de una de sus amigas, una tipa que se llama Rita y siempre anda de viaje.
Rita es una mujer ya madurita, muy maciza porque debe de hacer gimnasia, de esas que parecen sacadas de un viejo calendario de camioneros... Es castaña, con gafitas de lista, tiene unas tetas de vicio y me pone. Desde hace mucho tiempo, he soñado con follarla de todas las maneras, pero nunca me he atrevido a decirle nada. Me he limitado, durante años, a cascármela, pensando en ella.
Cogí el coche, y salí como un tiro hacia la casa de Rita... Al llegar, llamé a la puerta, y me abrió su hijo, que es un gran amigo mío. Le pregunté si estaba su madre, y me dijo que sí, pero que se estaba duchando.
Me invitó a pasar, y me dijo, que esperará hasta que saliese su madre de la ducha, porque el se tenía que marchar a trabajar. Me sacó una cerveza, y después se marchó.
Domingo, 6 de julio - Actualización: 23:42