
Hace un par de años conseguí de mi empresa, después de varios años de trabajo, me concedieran un puente en el mes de julio. Mi esposa y yo teníamos cuatro días por delante para disfrutar de la playa. Pensé que el sol y el mar debían venirnos muy bien a los dos y servir para desinhibirnos un poco de las rigideces del trabajo en la gran ciudad.
Dado que mi mujer es bastante cortada y hasta entonces no se había salido un pelo de lo tradicional (polvo con la luz apagada y poco más) decidí darle un poco de emoción al fin de semana y compré en un sex shop unas gotas que, según decían, servían para poner a 100 a tu pareja.
El segundo día de estar en la playa, mientras estábamos cenando en una terraza y aprovechando que Maribel (así se llama mi mujer) fue al cuarto de baño, le eché 15 gotas en su cerveza.
La cena acabó y decidimos pasar por el hotel un rato y cambiarnos para ir después a tomarnos unas copas a una discoteca y echarnos unos bailes.
La verdad es que yo no notaba si el producto milagroso le había o no hecho algún efecto pero a la hora de vestirnos para salir por la noche vi que elegía la falda más corta que había llevado. Era de color crema y abotonada por delante.
Viernes, 25 de julio - Actualización: 18:03