
Era un calurosísimo día de verano en Madrid y tenía reunión de trabajo en la oficina. Habíamos almorzado juntos los jefes y bebido bastante. Quizá por eso andaba yo tan cachonda.

Me moriría de vergüenza si mi marido o alguno de nuestros vecinos se enterara, pero cada vez que me acuerdo de lo que pasó, se me empapa el chocho y me tengo que pajear. Para explicarlo de forma sencilla: fue como aquello que contaban del buTanero, pero con un polaco que la tenía como una viga y que me folló hasta decir basta.

Eva sonrió al oír que se abría la puerta del garaje, se quitó el delantal y acudió al salón, esperando encontrar allí a Sebastián, su marido, y a Pablo, una amigo de toda la vida, más de diez años mayor que ella y a quien quería como a un hermano.

Era mayo y en la facultad estábamos a punto de terminar el semestre. Era mi último año de carrera y la verdad, ya tenía ganas de pasar página, acabar mi carrera de Historia y dedicarme a opositar para profesor, que era lo que realmente quería.

Esta la historia más excitante que me ha pasado nunca. Empezó en una noche calurosa de verano, después de salir con los pocos amigos que aguantábamos en pleno agosto en Barcelona.

Tengo 38 años y hasta muy recientemente entendía poco de sexo, porque fui de las que se casaron jóvenes y hasta el divorcio no había probado más polla que la del soso de mi ex marido. He recuperado mucho terreno, pero nunca me habían zumbado tanto y tan rico como el fin de semana pasado.

Soy una mujer madura, a la que le encanta la seducción, el coqueteo y todo ese juego que acaba en la cama, follando a calzón quitado. Mi profesión es de lo más femenina; me dedico a los productos de belleza. Es un mundo en el que me encuentro como pez en el agua. En ese y en el del sexo.

Éramos amigas y cuando Celia se casó con Manolo, a pesar de que me alegré por ella, me entraron celos. No es que estuviera enamorada del tipo, pero me gustaba y creo -además- que no eran la pareja ideal.

Tengo un don. No hay mujer en el mundo capaz de resistírseme. Es cierto, no miento ni exagero, he logrado follarme a todas las mujeres con las que me lo he propuesto.

Mi mujer tiene todo en su lugar, un culo hermoso y buenas tetas. Es de las tías con las que te lo puedes pasar de miedo, porque encima le gusta la juerga. Lo que yo ignoraba es que le gustase tanto.

Ha pasado ya una semana. Siento ardor en la cara, por la vergüenza, y cosquilleo entre las piernas, porque me acuerdo de lo bien que me comía el coño. No sé quién es, ni siquiera cómo se llama. Sólo que vive en el piso de al lado, que lleva en el edificio apenas un mes, que es un tipo mayor –tendrá cuarenta o más- y que me caló a la primera.

Te escribo estas líneas todavía con temblor en las piernas y con el coño húmedo, para agradecerte las intensas noches de Amor y Pasión que me hiciste sentir, en Punta Cana en la convención anual de nuestra compañía.
Sábado, 4 de julio - Actualización: 09:54