Reino Deseret de Josep Carles Laínez

Los cristianos tenemos miedo

25.05.12 | 23:01. Archivado en Cristianismo

El valor no es la ausencia de miedo, sino la consideración de que hay algo más importante que el miedo”. Esta famosa cita del prácticamente desconocido Ambrose Redmoon también nos interpela a los cristianos. El texto pertenece a un artículo publicado en 1991 en la revista Gnosis, y su autor, antiguo músico de rock, escritor, y parapléjico en una silla de ruedas durante sus últimos treinta años de vida, tenía motivos sobrados para pensarla y escribirla. En la actualidad, el texto original inglés se ve incluso en camisetas, y su poder de seducción no ha dejado de crecer.
A los cristianos, nos dan miedo muchas cosas, pero en particular una nos pone bastante nerviosos: enfrentarnos directamente a la Palabra de Dios, a la Biblia, sin muletas añadidas a lo largo de los siglos, leyendo directamente lo que dice y no lo que nos gustaría que dijese. Suele ser una prueba demoledora, que nos hace tambalearnos en nuestras creencias, y que nos lleva a plantearnos cómo es posible haber estado ciegos durante tantos siglos. Las diferentes denominaciones se han aprestado siempre a construirse un cristianismo ad hoc, deudor del espíritu de cada época del mundo: autónomo cuando han compaginado poder político y religioso (católicos, anglicanos, luteranos, mormones…), o pactista en períodos secularizados (el final del Imperio romano o el actual dominio ateo-científico-tecnológico). Las diferentes lecturas de la Biblia por parte de grupos cercanos al poder y, por tanto, con la posibilidad de imponer sus puntos de vista humanos, han ido transformando el Libro Sagrado en una suerte de nota a pie de página. El motivo de esta falta de consideración es que la Verdad no viene bien a los discursos que desean estar a buenas con la conciencia indulgente de los fieles, y menos aún a un orden del mundo que ha señalado a Europa como culpable de todos los males y, por tanto, al cristianismo como sospechoso colaboracionista.
A la multitud de Iglesias existentes, con enfrentamientos dentro y fuera, se añade la enormidad de diferentes cristianos dependiendo de su vinculación con la fe: tradición familiar, folclore católico, espíritu solidario, imagen hippie de Cristo (el “Cristo colega” del film Dogma de Kevin Smith), conservadurismo político, devoción a la Virgen o a los santos, protestantismo por rechazo al catolicismo, seguimiento de religiones estadounidenses por el peso internacional del país, fascinación por un pastor concreto, veneración por el Papa, atracción por el poder del Vaticano… La tipología es enorme y en cada caso vamos a encontrar la Biblia aderezada con toda suerte de vistosos añadidos; en muchas ocasiones, los textos considerados “sagrados” aumentan (en el catolicismo, mormonismo, adventismo…); en otras, aparecen dogmas sin fundamento bíblico, o se potencian las tradiciones particulares de cada Iglesia en vez de atender al fondo común, etc. La gran perjudicada a la postre no es sólo la Biblia, sino la fe cristiana y, sobre todo, nuestra salvación, si nos estimamos en algo esta palabra.
La Biblia contiene el mensaje de Dios y ha de ser la única referencia sagrada de cualquier cristiano. Evidentemente, vendrán investigadores para iluminarnos aspectos arqueológicos, filológicos, exegéticos… Pero si la Biblia es Dios manifestado hecho Verbo, no tiene sentido que en cuestiones fideísticas apelemos a instancias humanas, aunque asumir la Verdad (creacionismo, aceptación de la voluntad divina, moral, códigos de vestimenta…) sea complejo, y cada cristiano vaya al ritmo que pueda siempre que su anhelo final sea acoplarse a la voluntad de Dios. Pero la Biblia es clara y se ha de tener valor para asumirla a pesar del miedo que en muchos cristianos produzca ser fiel a su letra y a su espíritu. Hay algo más importante que el miedo al que dirán: nuestra fidelidad a Dios y nuestro seguimiento del mensaje de Yeshúa (o Yahshúah), es decir, la conciencia de estar haciendo lo correcto.

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Voces traicionadas en Túnez

06.05.12 | 20:25. Archivado en Magreb

Hace unos días tuve el placer de cenar con Lina ben Mhenni, la bloguera que dio inició a la revolución tunecina. La invitamos Rosa María Rodríguez Magda y yo al curso que organizamos en la UIMP-Valencia, y no pudo haber mejor clausura. Desde su blog A Tunisian Girl, fue perpetrando la revuelta y anhelando una libertad real. Pero algo se ha truncado, y por eso se debe hablar de Túnez con premura.
Las imágenes de la “Revolución de la dignidad” estaban llenas de alegría: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, religiosos o agnósticos, en manifestaciones que acabarían con la dictadura y darían la esperanza a un país libre de atavismos. Fueron concentraciones no violentas, con sonrisas, con los cuerpos como únicos escudos. Sin embargo, ese primer brote espontáneo fue muy bien gestionado por el imperialismo capitalista –occidental y fundamentalista islámico– para dejar el paso libre a organizaciones que luchaban contra la dictadura de Ben Ali no por anhelos de libertad, sino para imponer la suya propia. Los gobiernos europeos se habrán quedado tranquilos con las elecciones y el triunfo de Ennahda, pero su victoria es el punto final de una democracia verdadera, y el Túnez de hoy más que a un país que debería recuperar una vida cívica y asociativa, semeja un Estado terrorista, pues la policía reprime a ciudadanos pacíficos con violencia, y deja que los islamistas se manifiesten y ejerzan la intimidación, el acoso sexual o el intento de asesinato sin que nadie los detenga.
El fundamentalismo islámico no sólo es un totalitarismo, sino una suerte de imperialismo neocolonial de las potencias occidentales con las petromonarquías. Lo fomentan, lo financian y buscan su beneficio. Querer imponer un régimen que impide la libertad de conciencia y derechos humanos básicos, además de establecer un apartheid de género, es una traición a las religiones tradicionales de esas naciones, a la convivencia multicultural, y a formas de existencia bien diversas. Si se establece una dictadura islamista en Túnez no será por la voluntad de su pueblo, sino por la represión y el acallamiento de los disidentes. Y para nosotros, los europeos, este nuevo horizonte es peligrosísimo: si lo pactamos, porque de nuevo vomitamos sobre los deseos de libertad de millones de personas; si no, porque la radicalización en Europa de la comunidad inmigrada irá creciendo, al no haber otros interlocutores que los dictadores.
Le pregunté a Lina ben Mhenni qué podíamos hacer nosotros, hartos de las mentiras sobre la tranquilidad de la democracia en Túnez cuando ya se ha hecho imposible una vida normal, sin sobresaltos, y donde existe el peligro de una detención o de una agresión mortífera en cualquier instante. Me dijo que habíamos de contarlo, sin tregua, sin reservas. Los gobiernos poderosos de Europa y América han traicionado las revoluciones, y las monarquías del Golfo están consiguiendo imponer su visión enfermiza de la realidad y del islam. El sueño de Túnez se ha convertido en pesadilla.

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¿Dónde nació Thomas Merton?

26.12.11 | 16:05. Archivado en Autor, Paracristianismo

Creo que, con el libro de hoy, ya he tenido bastante, y he pensado hacer una reclamación que considero dignísima: mencionar como toca un lugar de nacimiento y ligar a un personaje con el pueblo y el país que corresponde. Me explico sin tardanza: esta mañana he recogido en la librería París-Valencia un título que había encargado: la correspondencia del escritor nicaragüense Ernesto Cardenal con el también escritor, monje trapense y sacerdote Thomas Merton. No sé cuando lo leeré porque mis horas se escurren como un insecto palo entre los dedos, y me encantaría dedicar toda una tarde en disfrutar de la lectura y tomar notas, pero no puedo planificármelo. El caso es que –deformación profesional– escudriño el volumen en sus cuestiones técnicas y de maquetación, y me encuentro con la siguiente información biográfica sobre Merton (y además en la primera línea): “Nacido en Francia en 1915 de padres estadounidenses”. El año es correcto, sí; ahora bien, de los progenitores, la madre era la americana, porque el padre había nacido en Nueva Zelanda; y lo de Francia será por aquello de la comodidad…
¿Cuál es la realidad verdadera? Que Thomas Merton nació en la localidad de Prada de Conflent, comarca del Conflent, es decir, en Cataluña. Estuvo allí muy poco, es cierto; tampoco me he leído (todavía) toda su obra como para saber si era consciente de esta particularidad o si volvió en algún momento al país donde vio la luz por primera vez, pero nadie puede privarnos del placer de decir que Thomas Merton nació en Cataluña.
Por desgracia, de su amplísima producción, en catalán sólo podemos leer Mística i mestres zen (Pagès) y Pensaments en la solitud (Claret). No dispongo del primer libro y no sé qué información bibliográfica darán del autor; Claret sí que especifica que nació en Prada de Conflent (no en Francia, ni en *Prades), y por tanto… Pero, evidentemente, ninguna otra editorial que haya traducido a Merton al español (a pesar de tener la sede en Barcelona) menciona la catalanidad por ius solis del excelente escritor y religioso.
Fuera no lo van a hacer, bien que lo sabemos, pero nosotros no habríamos de tener problemas en comenzar entradas de enciclopedia (o de Wikipedia…), o reseñas de cualquier tipo, con esas palabras mágicas: Thomas Merton nació en Cataluña en 1915, hijo de padres anglosajones… ¡No me diréis que no queda bonito!

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Democracia islamista en Libia

15.09.11 | 11:23. Archivado en Magreb, Libia

A pesar de que diversas unidades fieles al gobierno libio aún resisten en escasas ciudades, oponiéndose a los sublevados y manteniendo vivo el espíritu de la Jamahiriya socialista, el líder del Consejo Nacional de Transición, Mustafá Abdul Jalil subido al podio internacional por la peculiar comunión de las potencias occidentales, de dictaduras fundamentalistas islámicas, y de antiguos (?) miembros de Al Qaeda, pronunció el martes 12 de septiembre de 2011 un discurso en la plaza de los Mártires, donde el depuesto Muamar al Gadafi se dirigía a la nación libia en sus grandes alocuciones.
El discurso de Mustafá Abdul Jalil, seguido por una multitud de personas que, sin lugar a dudas, hubiera jaleado a quien hubiese tenido delante, gozó de tres afirmaciones que han sido individualizadas por los medios, en particular por TVE, con un comentario, en el informativo del mediodía del 13 de septiembre de 2011, que se atiene al plan de ruta del próximamente también depuesto José Luis Rodríguez Zapatero en su Alianza de Civilizaciones.
Abdul Jalil habló de una “democracia islamista”, alejada de los “extremismos” y basada en la “sharí’a”. Fundamentándose en este trípode, la voz en off de TVE ha sido fiel al guión aliancista afirmando que el nuevo líder decía lo primero para tranquilizar a su pueblo: el nuevo régimen no iba a estar dirigido por extranjeros; lo segundo, para tranquilizar a Occidente con respecto a los límites religioso-políticos de su nuevo gobierno; lo tercero, añado yo, para dejar claro a sus vecinos, y al resto de países de confesión musulmana, de cuál va a ser el fundamento de la nueva Libia: la ley islámica de manera exclusiva. Evidentemente, Muamar al Gadafi ya había estipulado la sharí’a como una de las bases de su régimen, a diferencia de lo que llevara a cabo Abdel Nasser en Egipto, quien sí estableció un régimen de base laica. Sin embargo, Gadafi, por encima de esa apelación a la tradicional jurisprudencia musulmana, había desarrollado una forma de gobierno original, de contenido socialista. En África, tan sólo el presidente tanzano Julius Nyerere, con su “socialismo africano”, y el malogrado y prometedor líder burkinés Thomas Sankara habían tratado de elaborar senderos políticos que fueran terceras vías entre el capitalismo neoliberal y el sombrío comunismo de los regímenes oficiales. Con la caída del líder y estadista libio, se cierra esa posibilidad tercera y última. ¿Qué nos ha traído Nicolas Sarkozy y sus interesados lacayos internacionales a cambio de esto? Un régimen islamista cuyos héroes son terroristas de Al Qaeda, y algunos de ellos, no lo olvidemos, en estrecha relación con quien perpetró la barbarie del 11-M en Madrid.
Una “democracia islamista” ha declarado Mustafá… ¿y los políticos europeos se quedan conformes? Me gustaría saber por qué no hacen la traslación a lo que significaría un régimen religioso en Europa. Imagínense que tras la muerte de Francisco Franco, en vez de una partitocracia con todos los grupos y partidos que desearan concurrir a las elecciones, se hubiese instaurado una “democracia” católica (es decir, que lo no católico no entraría dentro del juego, estaría al margen de la ley) cuya base jurídica se encontrara en el Derecho Canónico y el Catecismo. A más de uno le hubiera gustado, no lo niego, pero… ¿hubiera sido “democracia”?, ¿hubiera sido “plural”?, ¿hubiera respondido al deseo de la mayoría del pueblo español? Enhorabuena si ha contestado que “no” a las tres preguntas. No obstante, eso es lo que vamos a tener en Libia, ese es el futuro político de un país cuyo líder, Muamar al Gadafi, a pesar de veleidades estrafalarias, se había convertido en un amigo de Occidente gracias a frenar el fundamentalismo y terrorismo islámico, amén de la inmigración. Con un añadido nada despreciable en el próximo devenir: la importantísima presencia de un bastión de miembros de Al Qaeda que ya no necesitarán ir a Afganistán a hacer la guerra santa, pues la podrán acometer en su mismo país sin miedo a ser encarcelados. Esto significa, no lo olvidemos, adiós a la igualdad de la mujer (es inferior al varón en la religión y en el derecho islámico); adiós a posibles grupos políticos laicos, socialistas o comunistas; y quién sabe si adiós a la escasísima comunidad cristiana de Trípoli, que estuvo defendida por las tropas de Gadafi al comienzo de la guerra civil, y que ya ha empezado a sufrir los saqueos de los rebeldes, como señalaba el diario ABC a finales de agosto.
Democracia islamista con base jurídica en la sharí’a ni es democracia ni nada que se le parezca. Una religión no puede conformar en el siglo XXI, salvo en Estados fósiles como el de la Ciudad del Vaticano, el fundamento de la convivencia entre hombres y mujeres, pues se les estará quitando la libertad de conciencia y el siempre imprescindible derecho a la disidencia, aquel por el que el ser humano es humano.

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Nadie llora por Libia

09.09.11 | 14:29. Archivado en Libia

No. Nadie llora por Libia. O si lo hace, lo hace en privado. Nadie brama con potencia por la destrucción de un país cuya prosperidad reflejaban las fotografías de hace tan sólo unos meses. Tampoco hay quien derrame lágrimas por las víctimas inocentes de los rebeldes o de la OTAN, causando la destrucción con sus bombardeos y esos proyectiles que enriquecen a las empresas armamentísticas, siempre necesitadas de acabar con continuados stocks. ¿Los objetivos? Niños, ancianos, casas, cabras…
Libia es un mar de sangre y no hay manifestaciones en ningún sitio, no hay voces reconocidas dando un golpe en la mesa y llamando al pueblo europeo a alzarse contra una tragedia. Nada de eso existe. Parece que los libios no tienen el caché de los palestinos o de los iraquíes. Pero no nos rasguemos las vestiduras. Tampoco lo tienen los kurdos o los tibetanos. Por la otra parte, el odio hacia Francia –país instigador de la acción contra Gadafi– no es tan elevado como el que concita los Estados Unidos, que ayudó a tirar la piedra y, sabiamente, escondió la mano. Y luego nos encontramos la pantomima de la ONU, personajes anodinos que se creen el Espíritu Santo.
Como nadie llora por Libia, no posicionarse a favor del Consejo Nacional de Transición (CNT) es de inmediato considerado tomar filas al lado de Muammar al-Gadafi, y, por tanto, estar a favor de la dictadura, de los crímenes y contra la “democracia”. Qué triste. Quizá incluso este pobre texto mío es sospechoso, pues no hablo de juzgar por crímenes contra la humanidad al que también era bonachón abuelo de sus nietos. A lo mejor tengo a algún hijo de Gadafi escondido en casa….
Gadafi era un dictador que no se creía un dictador. Sí un líder, un estadista, un estratega. Y poseedor de un sistema propio de gobierno, e incluso de una teoría política. Esto hacía imposible la transición hacia nada. ¿Hacia la “partitocracia”? Los golpistas triunfantes se ensoberbecen de forma rápida; es fácil comprenderlos...: ebrios por su éxito, tuvieron valor para acometer aquello que a la mayoría le resulta impensable, supieron lograrlo, y encima poseer el carisma necesario para ser seguidos por la población. Sin embargo, todos fallan en lo más difícil: irse en paz y con vida. En África, esto es impensable, y por ello los contadísimos que lo consiguen son admirados sobre todos.
Pero Libia sangra. Al secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, se le llena la boca cuando habla de “defender a la población civil”. Desde luego, mandarlos al otro barrio es una forma de que no sufran más, y de gran eficacia. Pero no nos dejarán ver las imágenes de esas víctimas civiles de las bombas amigas y coaligadas de la OTAN. Y en Europa nadie va a lograr congregar a miles de personas para pedir que se detenga la barbarie. Como si no fuera con nosotros. Y ahí está nuestra mezquindad. Lo somos porque somos bipolares, siempre buscando nuestro bando, siempre preguntando, como cuando éramos pequeños ante un western, quiénes son los malos, o por qué los indios son buenos, o insensibilizando nuestra capacidad crítica ante la necesidad de tomar partido siempre, y con el manual de instrucciones saber a qué nos hemos de atener, sin ningún criterio propio. Por otro lado, la desmovilización y la neutralización de los grupos que intentar organizarse para plantarle cara al Sistema, son la forma de que este se perpetúe.
En los medios occidentales, se les ponen pocos “peros” a los rebeldes libios (aunque hayan sido militantes de Al Qaeda) y se recibe a Mustafá Abdul Jalil con honores de jefe de Estado, cuando pocos recuerdan que fue quien confirmó la condena a muerte de aquellas enfermeras búlgaras acusadas en Libia; ese es uno de los motivos, como recordaba el ensayista egipcio Samir Amin, en un excelente artículo en el diario argelino El Watan, de que el gobierno de Sofía no haya reconocido al CNT. Por no hablar de la destrucción de las embajadas de Argelia o de Mauritania, amén de los ajustes de cuentas que se están produciendo por todas partes.
Libia merece que nos sublevemos, como ocurrió cuando Iraq: con caceroladas, con manifestaciones, con violencia verbal, con lo que sea… Una guerra es siempre una guerra. Pero a los que deciden quién vive y quién muere cada vez les hacen falta menos excusas. En Iraq, se inventaron la patraña de las armas de destrucción masiva; ahora, en Libia, no han necesitado nada para desencadenar el terror, ni una burda excusa. Todo el mundo conoce su trasfondo: el petróleo, la comercialización de ese petróleo, y los recursos de agua subterránea de la parte meridional del país. ¿Entonces…?
Sin embargo, nadie llora por Libia. Y menos, claro está, por Gadafi. Que sería lo que fuera, pero cuántos peores permanecen aún.

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La casa de Gadafi

01.09.11 | 14:23. Archivado en Libia

El complejo de Bab al-Aziziya cayó hace días. No era el último bastión de las tropas leales al régimen de Muammar al-Gadafi, pero sin duda se había convertido en uno de los espacios más emblemáticos, mediáticamente, de la capital libia. Ya nos habíamos acostumbrado a sus fachadas descascarilladas por los impactos del armamento, a su apariencia de inmueble a punto de sumirse en la ruina, y a ese puño asiendo un avión militar americano, que más recordaba a un burdo ninot de falla que a una escultura movilizadora de energía civil. A partir de ese momento, aunque lo más seguro es que desde mucho antes, la desbandada del derrocado líder de la revolución y de su familia, y el saqueo de sus casas y de las de sus hijos, eran fruta madura.
Prácticamente todos los medios de comunicación han ofrecido esas imágenes, obscenas, de hace unos días en Trípoli, pero que vienen sucediendo en cualquier toma violenta del poder. Ocurriría en Roma en el 476, en Constantinopla en 1453… y podríamos seguir ininterrumpidamente, hacia delante y hacia atrás. Es como un código escrito. No sólo se ha de deponer al dictador, sino que se ha de pisar su memoria y mancillar los recuerdos, exponerlos en público, despojarlos de toda intimidad. Los salones de Muammar al-Gadafi, las vistas hacia el Mediterráneo de la mansión de As-Saadi, aquel hijo suyo que quiso hacer carrera en el Calcio; pero sobre todo la piscina, la escultura en oro y las fotografías de Aisha, quien ha acabado por huir a Argelia con su madre y dos hermanos, son de nuevo la mostración de lo que no habría de ser mostrado. En una de las paredes de la casa de la que fuera defensora de Sadam Hussein, en verde sobre fondo ocre, escritos religiosos con grafía nada alambicada: “En el nombre de Alá, el clemente, el misericordioso…” y a los pies esa imagen de la sirena Aisha, hermosa, con la cabellera al viento, e incluso los pechos desnudos. Los rebeldes no tardaron en apodar su casa de la forma en que sanciona todo orden patriarcal la libertad femenina: “el palacio de la prostituta” (desconozco cómo lo habrán dicho en árabe, pero estoy convencido de que utilizaron un sinónimo mucho más coloquial). ¿“Prostituta” porque quiso ser una mujer libre? ¿Por haber sido la hija del líder de la revolución, a quien tantos defendieron y que, antes de la espiral de locura y avidez, convirtió Libia en un país que “prometía”? Que el poder corrompe nadie lo desconoce, y quizá ahora lamenten Muammar y sus vástagos, como tantos otros dictadores cuando les ha llegado el tiro de gracia, real o metafórico, no haber sabido hacer un bien a su país, del que tanto se beneficiaron, y conducirlo hacia un espacio de encuentro, plural, donde todas las opiniones pudieran ser expresadas y escuchadas.
De todas las revueltas del Magreb, Libia ha sido, sin duda alguna, la más dolorosa. También, no lo olvidemos, la única donde una coalición internacional se puso del lado de uno de los bandos. Y que nadie se crea lo de la labor humanitaria. Nadie vio fotos de aquellas “masacres”, cuando por todos los canales se nos han ofrecido las de Bahrein, las del Yemen, las de Siria… A veces los políticos, de tan patanes, consideran a toda la población con los mismos conocimientos, tan bajos, que ellos, y pretenden que todos vayan a comulgar con sus trápalas.
Interesaba destrozar Libia, convenía quitar a Gadafi, era imprescindible legitimar a la nueva facción. El tiempo dirá qué es de todos ellos. Sin embargo, la imagen del “rey muerto” es, hasta que el carismático Muammar reaparezca o se tenga constancia de que habita en el territorio de las eternas tinieblas, la de su hija Aisha, destronada de su trono acuático, expuesta a la luz de todas las manos, frágil en la destrucción del último de sus juguetes, como una niña consentida, que llora en soledad.


Más "caza de brujas": Isidro-Juan Palacios

06.04.11 | 01:00. Archivado en Autor

Hace pocos días escribía un artículo donde expresaba mi pasmo porque en España una persona vaya a pasar casi tres años en la cárcel por vender libros. Hoy prosigo mi particular senda de indignación con otra caza de brujas, esta no judicial, pero convertida también en espectáculo mediático y, por consiguiente, abominable y vergonzoso.
El 1 de marzo de 2011, la edición castellonense del diario Levante-El Mercantil Valenciano publicaba el siguiente titular: “Un exmiembro de una organización neonazi da cursos de oratoria al PP”. Veinticuatro horas después, en la edición del 2 de marzo de 2011, se solucionaba el problema: “El PP aparta al profesor de oratoria tras conocer su pasado neonazi”. Según la dirección de Génova, nada sabían de cuál había sido la trayectoria del ensayista Isidro-Juan Palacios, pero el haber pertenecido durante dos años de su juventud a CEDADE, una asociación española completamente legal durante su existencia, fue suficiente para cortar todos los vínculos con él, algo que puede suponer acabar con el sustento de una familia.
Evidentemente, cada partido, asociación o empresa es libre de contratar, despedir o dejar de colaborar con quien le plazca. Ahora bien, tomar decisiones tan radicales por una información intempestiva y cicatera no habría de ser nunca lo deseable. Cuando sucede algo así suele asistirse a una deriva en la defensa de las libertades y del derecho a cambiar de un ser humano (de ideología, de religión o de marca de camisa). Yo, a este respecto, me formulo una serie de preguntas.
La primera: ¿una persona no puede abandonar unas ideas? A la vista de quienes integran los partidos mayoritarios y minoritarios, se trata de algo que está a la orden del día, con carreras de lo más rocambolesco además… Ahora bien, ¿haber militado en una asociación cultural de extrema derecha supone la necesaria expulsión de cualquier trabajo? ¿Ha de implicar el linchamiento mediático y el suicidio profesional de, en este caso, un excelente escritor y periodista? ¿Nos hemos convertido en japoneses que exigimos el seppuku de quien cometió una infidelidad “matrimonial” en su juventud? ¿En base a qué la exigimos? ¿A la coherencia ideológica en el reino del transfuguismo? ¿A la honradez…?
En segundo lugar: ¿es más terrible que Isidro-Juan Palacios dé clases de oratoria en un determinado partido a que sean miembros de pleno derecho, colaboren u ocupen puestos de responsabilidad, en diversos grupos de la Cortes, exmiembros de ETA, de otras asociaciones favorables a la lucha armada o con más carnets a sus espaldas que una baraja? Por no hablar de las amistades con ministros de gobiernos de países, digamos, “sospechosos” que se jactan del número de terroristas que han asesinado. Y por colaborar me refiero a invitarlos a pronunciar conferencias, dar cursos de verano, redactar documentos políticos o establecer lazos internacionales. ¿Repugna más la extremada cortesía y tolerancia de Palacios que los exabruptos racistas de algún reconocido autor?
En tercer lugar: asumir que se prescinde de Isidro-Juan Palacios por su antigua filiación ideológica, ¿no es ir contra el espíritu de la Constitución de 1978? Por ejemplo del artículo 9, § 2: “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.” También contra el 14: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Y a estos se sumaría el 16 en sus dos primeros párrafos: “1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley. 2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.” ¿Hacemos caso omiso de ellos si a un lobby de presión le parece indicado?
En cuarto y último lugar: si los delitos de sangre prescriben, ¿por qué las veleidades de la juventud han de pasar factura en la madurez?
La decisión de Génova de no volver a contratar a Isidro-Juan Palacios resulta profundamente triste, pues demuestra que determinadas actuaciones se siguen realizando para que la prensa izquierdista y las micropáginas marxista-leninistas y sionistas radicales, de cariz cuasi apologético de la violencia, celebren la “caza del nazi” (¡además del falso nazi!), sin por ello dejar de cargar contra el PP y de airear toda suerte de mentiras y dislates sobre él. De hecho, aparte de la prensa regional, ni el ABC, ni La Razón ni La Gaceta dieron cuenta de la noticia.
Isidro-Juan Palacios es un excelente profesional, un orador nato, una mente brillante y, por encima de todo, una persona buena, abierta y tolerante en los mejores sentidos de la palabra. Colaborador estrecho de Fernando Sánchez Dragó en sus programas televisivos; con libros publicados en editoriales del prestigio de La Esfera de los Libros, Temas de Hoy y Palmyra, entre otras; habiendo sido el impulsor de revistas de gran tirada como Más Allá o Próximo Milenio; y con una trayectoria impecable en la desaparecida revista Veintiuno, publicación de la extinta Fundación Cánovas del Castillo, resulta profundamente desalentador que se obvie a la persona viviente y se le condene por su ya inexistente pasado.
Quien está seguro de sus ideas y de su equipo no debería temer el chantaje de algunos francotiradores, ni mucho menos sucumbir a su dictado. Las cazas de brujas, en la Edad Media.

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Cristianos y "cruzados" en Libia

02.04.11 | 14:53. Archivado en Magreb, Libia

Nadie parece saber nada en la intoxicación informativa que estamos viviendo; y eso a pesar de que todos los periódicos de Europa parecen subscribir una misma consigna y aludir a una sola verdad: la necesidad de la guerra y, tal vez, de su amplificación. Las partitocracias occidentales y las tiranías orientales han señalado cuáles son los dramatis personae del conflicto en Libia, y cualquier paso fuera de esa cuadrícula supone el ofuscamiento o la traición. Sin embargo, no sólo está sucediendo esto en suelo europeo, sino que incluso Muamar El Gadafi parece atenerse a ese guión de los metaenfrentamientos.
La madrugada del día 1 de abril, los diarios se despertaban con una noticia de agencias donde se citaban algunas frases de un discurso gadafiano: “Si continúan, el mundo entrará en una verdadera guerra de cruzados. Han iniciado algo peligroso que escapará a su control”, publicaba el rotativo madrileño ABC transcribiendo palabras del líder libio.
¿¡Cruzados!? ¿Acaso Gadafi no sabe quién está apoyando el ataque e incluso bombardeándolo?: Argelia, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Arabia Saudí… Salvo sus vecinos africanos, ¡se trata de la flor y nata de la península donde nació el islam! ¿Cruzados? ¿Para quién es el texto de Gadafi que se leyó en la televisión libia?, ¿para su pueblo o para los occidentales? Si es para el primero, parece lógico que azuce el maniqueísmo; si es para el segundo, también intenta remover conciencias a fin de sembrar el miedo al terrorismo, que él fomentó a cara descubierta (el terrorismo, no el miedo). Y así, mientras los tontos útiles de los “cruzados” europeos como José Luis Rodríguez Zapatero ya nos explicarán algún día qué pintan ahí, los “medialunados” de Qatar han llegado a un acuerdo con los rebeldes libios, con el autoproclamado Consejo Nacional de Transición, para exportar el petróleo del territorio bajo su égida, según noticia de J. M. Muñoz y Agencias para El País. Sin embargo, nada dice este rotativo de que tal comercializazión del crudo de la zona de Bengasi se produce a cambio de alimentos, medicamentos y carburante, pero también para adquirir “todos los tipos de armas que podamos encontrar (…) Tenemos una lista de armas que necesitamos y que intentamos obtener de diferentes fuentes”, según declaraba Ali Al Tarhoni, en declaraciones sí publicadas por el diario argelino El Watan en su edición del 2 de abril de 2011. Es decir, el apoyo “medialunado” qatarí a los rebeldes musulmanes libios tiene pocos visos de ser una confabulación “cristiana” contra el islam. Todo lo contrario: cada vez está más claro que el final de la guerra será la imposición, piano piano, de un régimen islamista en Libia.
Sin embargo, ante un posicionamiento tan histriónico de Gadafi, cabría preguntarse si ha cambiado la situación de los cristianos residentes en Libia. Si fuera así, nadie se ha hecho eco, y chocaría bastante con la información proporcionada por el vicario apostólico de Trípoli, S. E. Mons. Giovanni Innocenzo Martinelli: “En lo que respecta a la vida de la Iglesia [católica], continuamos nuestras actividades. La policía protege nuestra residencia”, según la nota de la agencia vaticana Fides del pasado 29 de marzo de 2011. Cuatro días después, nada ha cambiado en esa pequeña comunidad, salvo los llamamientos de Mons. Martinelli a la paz y el reconocimiento de que los bombardeos de las tropas occidentalo-islamistas están destruyendo edificios civiles, dañando hospistales (ya precarios de por sí) y matando mujeres y niños. Pero, no nos preocupemos, que esta guerra es buena, y los muertos valen menos que los de Iraq.

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¿Quién decía qué de Libia?

31.03.11 | 17:57. Archivado en Magreb, Libia

Esta mañana, archivando unos recortes traspapelados de periódico, ha caído en mis manos una página sacada del Levante-El Mercantil Valenciano del “lejano” 17 de febrero de 2011. En la página 31 de la sección de Internacional, en una noticia sin firma y remitida por agencias, con dos imágenes de la alemana Reuters, se leía (los subrayados son míos):

Cientos de personas se enfrentaron ayer con la policía y con partidarios del Gobierno libio en la ciudad de Benghazi, la segunda del país, según informaron testigos y medios locales.

Un párrafo más abajo seguía la noticia:

El único diario privado de Libia, Quryna (…) citó a Abdelkrim Gubaili, director de un hospital local, según el cual, 38 personas resultaron heridas en los enfrentamientos, en su mayoría miembros de la fuerza de seguridad.

En el trecho final de la información, también accedíamos a jugosos datos:

Según la cadena Al Yazira, los manifestantes corearon mensajes contra los “gobernantes corruptos del país”, y acusaron al dirigente libio, Muamar el Gadafi, de ser “enemigo de Alá”. Entretanto, 110 presos del ilegal Grupo Combatiente Islámico Libio fueron liberados ayer de la prisión de Abu Salim, en Trípoli (…).

Breve, fría, distante y ¿objetiva? Un mero teletipo, tal vez, cuando todo el mundo islámico estaba en plena efervescencia de revueltas, o en conatos: de Bahréin a Marruecos, de Irán al Yemen. En aquel momento, Libia no era el único país norteafricano que se había visto libre de alteraciones, pero es el único donde las algaradas se han transformado en una suerte de guerra civil y, al poco, en una guerra internacional. Libia, junto a Argelia, es el único país magrebí que se halla entre los doce estados miembros de la OPEP. Sin embargo no es esta la característica principal, pues:
1) Fuera de los tres pequeños países del golfo pérsico (Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos), es el de menor número de población, con no llega a seis millones y medio de habitantes; por el contrario, con 1.760.000 kilómetros cuadrados es el tercer país de la OPEP en extensión (tras Arabia Saudí y Argelia).
2) Según datos de 2010 del FMI, el PIB nominal per cápita libio es el más alto de África, en el puesto 48 de la lista (del resto de países afroárabes, Argelia está en el puesto 93; por su parte, España en el 25), y se halla en sexto lugar si tomamos el particular ranking de países árabes, aunque sólo superado por los Estados del golfo pérsico (Qatar encabeza la lista en tercera posición);
3) Las reservas de crudo en suelo libio casi alcanzan las que hay en el resto de países africanos de la OPEP juntos (Argelia, Angola y Nigeria), y son enormemente superiores a las de Ecuador y Qatar. Aunque no tan llamativas, no se deben desestimar las reservas de gas natural.
Recordemos a vuelapluma que Qatar y EAU están participando en la acción bélica contra Libia, que Argelia y Kuwait aprobaron la resolución de la ONU de atacar el país (y Kuwait está proporcionando apoyo logístico), y que posteriormente Arabia Saudí apoyó las acciones de la coalición internacional.
Sin embargo, vuelvo a los datos iniciales:
1.- La noticia nos habla de “enfrentamientos”, no de ninguna brutal represión.
2.- La noticia nos habla de “miembros de las fuerzas de seguridad” heridos, no de manifestantes cruelmente asesinados.
3.- La referencia al “único diario privado de Libia”, el Quryna [Cirene] es ambigua, pues a pesar de que en mayo de 2009 fue nacionalizado, esa situación pudo cambiar a partir de la pérdida del control de Muamar El Gadafi sobre la ciudad de Bengasi, publicando a partir de ese momento otro tipo de informaciones. Si fue antes del 17 de febrero, no deja de ser paradójico que el punto de vista sea progubernamental. El 3 de marzo de 2011 Quryna cambió su nombre a Yosberides [Hipopótamo] y en su página web ondea ahora la bandera de los insurgentes.
4.- Por último, la acusación fundamental sobre Gadafi que transmite la cadena qatarí Al Yazira es la de “enemigo de Alá”. No se ha de olvidar que de la zona de Bengasi es de donde ha salido el mayor número de fundamentalistas islámicos. A Gadafi se le señala, pues, por su “filiación” religiosa, no por otras conductas.
Un mes después de la publicación de aquella noticia, de lectura ahora tan extraña, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobaba la resolución por la que se autorizaba el uso de la fuerza contra Libia, el 17 de marzo de 2011. En el medio, la transformación de los malos rebeldes libios en buenísimos luchadores por la libertad, y de los homólogos gubernamentales en asesinos del pueblo. José Luis Rodríguez Zapatero ha debido de olvidar su visita de cortesía a Trípoli, invitado y recibido por el líder libio el 24 de junio de 2010, en la cual posiblemente aprovechó para que Gadafi mediara por los tres cooperantes españoles secuestrados en Mauritania. Qué útil y solidario era entonces, ¿no?

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Los Estados Unidos y sus "hispanos"

28.03.11 | 17:51. Archivado en Hispanidad

En el último censo de población realizado en los Estados Unidos, más de cincuenta millones de habitantes se han declarado de origen “hispano”, “latino” o “español” (sinónimos absolutos los tres). Esto parece haber puesto nerviosos a los WASP, a los pata negra de aquel conglomerado de país (no hace falta, pero lo explicito: un judío no es WASP por muy neoyorquino que sea; un católico blanco tampoco, aunque sus ancestros sean seculares en Boston; ni un mormón de Provo con más sangre inglesa que Enrique VIII). Pero el asunto no es reciente, ya viene de antiguo; véase, si no, el polémico libro de Samuel Huntington ¿Quiénes somos?, sobre el peligro de la inmigración mexicana al otro lado del río Grande.
La fijación WASP es ahora lo “hispano”, no lo negro. Los Estados Unidos siguen ocupando una isla que era española, Puerto Rico, donde nadie habla inglés ni se siente estadounidense (a los que desean la incorporación total a USA los llaman “pitiyankis”); siguen aprovechándose del trabajo de millones de mexicanos que malcruzan la frontera, o de centenares de centroamericanos que intentan llegar a los Estados Unidos si en México no los liquidan antes; siguen marginando la lengua española en los Estados que fueron robados a México… Y se sigue discriminando a la población hispanoamericana, por el mero hecho de serlo. Se ha convertido en el “Otro” radical.
Sin embargo, no se hagan ilusiones y no se confundan. Para la mente WASP, los españoles (blancos y europeos) también pertenecemos a esa categoría que ellos consideran tan baja. Resultan patéticos y analfabetos. En primer lugar, por ni siquiera imaginar que un filipino, un español y un ecuatoguineano puedan no tener en común ni lengua materna, ni raza, ni cultura, ni nada de nada. Me resulta chocante e increíble que un oriundo de la isla de Annobón se refiera a sí mismo como “hispano”, o que lo haga una señorita de la filipina ciudad de Zamboanga, o un joven snob de la isla de Guam en el Pacífico, o incluso un saharaui de los de la vieja guardia. Del mismo modo, me resulta postizo que los españoles formemos parte de esa lista, dado que ninguno de nosotros se considera “hispano” ni “latino”, sino europeo.
He ahí otro dato curioso del censo de 2010: la categoría racial es secundaria, es decir, lo prioritario no es que uno sea blanco, negro, rojo o amarillo, como podría pensarse ante las preguntas del censo, sino que uno sea “hispano” o no lo sea. Para el gobierno de los Estados Unidos, la diferencia esencial en la población estadounidense es esa: ¿es usted “hispano” o no? Una vez contestada la pregunta, ya dirá si es blanco, negro, chino o de los paradisíacos mares del Sur, pero lo principal es saber que su lengua familiar no es ni el inglés ni ninguna otra. No hay que ser muy listo: a los estadounidenses, más allá de las razas, les molesta el paulatino predominio del español donde era único el inglés. Y esa es una pista básica.
La batalla que se va a librar en los Estados Unidos no es ni religiosa, ni racial, ni de regiones europeas (irlandeses contra anglos…), sino lingüística. A la vista de los hechos, para los WASP, ya es más genuinamente USA un negro pentecostal de padre kenyata musulmán nacido en Hawaii (adivina adivinanza…), que un mormón blanco de Utah de padres castellanos (el ejemplo es verdadero), por el simple hecho de que el background del segundo es lingüísticamente hispánico; además, este último no será considerado “blanco”, como un francés o un australiano, sino “hispano”. Seguro que ni a B. Hussein Obama se le ocurriría meter a los franceses en el mismo saco que a los congoleños.
Este movimiento de fichas yanqui debería llevar a que los españoles reflexionáramos sobre varias cosas, y, por encima de todo, sobre el papel que hemos de jugar de liderazgo dentro de los países “hispanos”: de Filipinas a Puerto Rico, de México a Guinea Ecuatorial, sin olvidar ni el Sáhara ni los mismos Estados Unidos.
La gran potencia nos dice que nosotros somos el enemigo; muy bien, actuemos como tales. Comámosle terreno al inglés en los territorios que podamos y más daño haga, sin excusas ni vergüenzas, invirtiendo: en Colorado (20,7 % de hispanohablantes), Nevada (26,5 %), Arizona (29,6 %), California y Texas (37,6 %) o Nuevo México (46,3 %), sin olvidar Canadá, Belize, las Antillas holandesas, Filipinas y las islas Marianas, ni Guinea Ecuatorial y la República Árabe Saharaui Democrática. Potenciemos el español como lengua de ruptura donde exista un conflicto. Por otro lado, exijamos al gobierno estadounidense que el español que utilice en sus documentos sea un español correcto, y no un engendro lingüístico que chirría en palabras, giros, usos, etc., procedentes de una falta de dominio del registro culto por parte de los traductores (e incluso de desconocimiento de mínimas nociones gramaticales).
Y, evidentemente, hagamos valer la europeidad y preeminencia de España como origen prístino ante el resto de países de lengua española y ante la xenofobia hacia lo “hispano” por parte de los Estados Unidos.
El destino de España está en Europa, pues su tierra y sus hombres son sangre y alma europeas; sin embargo, su misión universal se encuentra allende los mares, en las tierras fecundadas por el vibrante verbo de Castilla.

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Pedro Varela y Fahrenheit 451

23.03.11 | 00:59. Archivado en Autor

Quedeme perplejo y con el alma transida al conocer la noticia, digamos formal, de la orden de destrucción de 2.038 ejemplares de 17 obras ensayísticas, literarias e históricas, amén de otros objetos, por cuya posesión fue condenado el escritor, editor y librero Pedro Varela a una sentencia de prisión.
En un artículo de estas características, sólo puedo repetir tópicos. Lo siento. Ya seré innovador en otro instante. Cuando la evidencia es tan brutal, cuando la mera realidad es tan apabullantemente clara, cuando el simple relato de la noticia ya deja pasmado, uno no puede buscar formas rocambolescas de decir ni comenzar una captatio benevolentiae del lector. Así que, si tópico es mi título, “Pedro Varela y Fahrenheit 451”, tópico va a ser lo que lean, pero cuanto más se diga, y desde más lugares, mejor.
Me entristece profundamente que en España, en este país de libertades tan bonito, alguien pueda ir a la cárcel por vender libros. Eso, lo primero. Y me resulta aterrador que alguien sea juzgado, ingrese en la cárcel y se ordene la (supongo) quema de ejemplares por títulos como Raza, inteligencia y educación, de H. J. Eysenck, autor de cabecera en algunas materias de las carreras de Filosofía y Psicología en España; como El pensamiento wagneriano, obra editada en el siglo XIX de Houston Stewart Chamberlain, fallecido en 1927; o textos históricos de Adolf Hitler, Corneliu Codreanu e Ion Moţa, entre otros.
¿Qué supone esta orden? ¿Que está prohibido leer estas obras en concreto? Parece ser, tal y como recoge la sentencia, citada por algún rotativo y blog, que estas obras poseen “contenido denigrante para el pueblo judío y otras minorías étnicas, mujeres, homosexuales (…)”. No las he leído todas y no puedo opinar, pero sí he leído otras con ese tipo de contenido con respecto a alguno de los colectivos que menciona y, si hubiésemos de aplicarnos a su destrucción, nos quedaríamos sin pensamiento ni en Europa ni en el mundo, y con todos los libreros y editores entre rejas: desde Aristóteles en adelante, en cuanto a la consideración de la mujer, hay donde elegir; sobre este tema, y también en el trato a los homosexuales, los libros de las grandes religiones del mundo, sin excepción (sí, los budistas también), pero sobre todo cristianos, musulmanes y judíos, habrían de ser eliminados del circuito; no olvidemos la oración de la mañana de los judíos: “gracias, Señor, por no haber nacido mujer”); ¿le toca el turno a los racistas? Ahí tienen a Miguel de Unamuno, por ejemplo, que habría de ser revisado, pues llamaba al exterminio de los indios, según contaba Gabriela Mistral; y, por supuesto, bye bye a Karl Marx, Friedrich Engels, Vladimir I. Lenin, Mao Tse Tung, el Che Guevara… así como a Jean-Paul Sartre, Roland Barthes, Michel Foucault y no sé cuántos más; los primeros por instigar y/o ejecutar, los últimos por celebrar la existencia de regímenes genocidas; y por llegar más cerca de nuestros tiempos, quiero tener un recuerdo especial para José Saramago, otro festivo apoyador de dictadores actuales, cuyos libros, empero, se ven en todos los sitios.
En pocas palabras, nada justifica una censura de obras literarias o históricas, nada, pues, ¿por dónde se empieza y por dónde se acaba? ¿Le llegará alguna vez el turno a José Antonio, a Ramiro Ledesma y a otros teóricos españoles (no quiero ni pensar en Onésimo Redondo)? ¿Se expurgarán sus obras? ¿Se prohibirán? Y esto a mí me produce escalofríos. La libertad de expresión no puede ser un arma que se coge o se quita a gusto de la ideología de quien manda, sino un derecho esencial en una sociedad occidental. Decir que los comunistas han acabado con decenas de millones de seres humanos no implica promover su exterminio. Distingamos las cosas.
Antes de cerrar el periódico, leo que además de los libros van a destruir ¡un busto de Hitler de los años 40 del siglo XX! Y aquí me pongo paranoico, ya que una de las obras que van a (supongo) quemar es sobre Richard Wagner, y entonces pienso en el busto que tengo junto al piano. ¿¡Vendrán también a por él!? Pero, uf, me tranquilizo. No es de Wagner; es de Ludwig van Beethoven. Y Beethoven, hasta que nadie diga lo contrario, aún sigue siendo inocente.

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Réquiem por Gadafi y por Libia

18.03.11 | 14:12. Archivado en Autor

Yo fui de los que leí con gusto El libro verde de Muamar el Gadafi, en aquel momento en que toda la izquierda babeaba con un país del tercer mundo, árabe, musulmán y socialista. Pero también cuando otras ideologías, más profundas y contundentes, se maravillaban con la revolución iraní, y asimismo con esa especie de nacional-sindicalismo que se impuso en Libia.
Mis amigos árabes señalaban con admiración el régimen libio, y loaban sus conquistas. Recuerdo a Baba diciéndome: “Sólo en el Líbano, Iraq y Libia, se dan las clases universitarias con materiales en árabe”. He recordado muchas veces esta frase. No sólo coincidían en eso, sino que eran, justamente, los países donde, a pesar de las dictaduras (salvo en el país de los cedros), las mujeres han estado mejor consideradas, y donde se respiraba un cierto bienestar. Pero alguien se empeñó en estropearlo.
Primero cayó el Líbano, y cómo no, la Falange, el movimiento identitario cristiano de aquel país encabezado por el emblemático Bashir Gemayel, desacreditada hasta el aborrecimiento por las partitocracias occidentales; hace unos años, cayó Iraq, con la invasión internacional encabezada por los Estados Unidos, y la siembra del caos, la persecución de los cristianos y el auge del fundamentalismo islámico; y ahora parece que le ha llegado el turno a Libia. ¿Por qué? ¡Ah! Pero la cosa huele mal. Habremos de esperar a que se sepa la verdad sobre la posible financiación de la campaña de Nicolas Sarkozy a la presidencia de Francia con fondos libios, o se aireen esas 300.000 libras con que se financió la elitista London School of Economics. ¿Alguien más a la cola?
Gadafi será un dictador, pero al menos ya sabíamos cómo tratar con él, y siempre ha resultado un tipo simpático, a diferencia del resto de gobernantes del norte de África. ¿Que ha actuado con una violencia inaudita en el momento de las revueltas de este invierno? Posiblemente sí. Pero meditemos dos cosas: con la misma violencia actuó China contra civiles, y nadie se soliviantó; con la misma ha actuado Bahréin contra civiles, y no está la OTAN dispuesta al abordaje; con la misma se ha empleado Sudán contra los civiles cristianos, y nadie invadió el país. ¿Por qué ahora es imprescindible la acción contra Libia? ¿Por los civiles libios que llevan tanques y morteros? Y, en segundo lugar, ¿qué régimen “democrático” va a salir en Libia si al final se depone a Gadafi? ¿Uno como en Arabia Saudí, monarquía requerida por los Estados Unidos para que arme a los rebeldes libios, según el diario británico The Independent de hace varios días?
Los medios nos engañan como quieren y en un país cerrado como estaba Libia, y más cerrado que está ahora, poco sabremos de lo que en verdad ocurre. Uno no puede defender ni a unos ni a otros sin meter la pata hasta la cruz del calzoncillo. Ahora biebn, la vergüenza y el ridículo, ya es habitual, nos llegan de la mano de la izquierda española, y, en concreto, del gobierno “socialista”. Carme Chacón, en esa neolengua tan bien aprendida aunque no sea generacional, clama afirmando que “nuestra responsabilidad está con el pueblo de Libia” y, cómo no, cede las bases de Morón y Rota para la operación internacional contra Gadafi, metiéndonos, otra vez, en una guerra. ¡Demonios, si a estos los pillan en 1936, los tenemos apoyando a los insurgentes! Sorpresas te da la vida…

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