La verdadera cara del Che
09.10.07 @ 12:00:25. Archivado en Historia
Se celebran con grandes loas el aniversario de la muerte de Ernesto Guevara mas conocido por “Che”. Durante años, este personaje, por mor de una propaganda muy bien orquestada por el marxismo y asumida como propia por tanto compañero de viaje, tonto útil, de la progresía americana y europea, se nos ha presentado como el último romántico, como el héroe que luchaba contra la tiranía y al que Cuba se le quedó pequeña y se lanzó al amplio mundo oprimido por el imperialismo para luchar, desde África a Latinoamérica, por un mundo mejor. El problema es que esa imagen es más falsa que le beso de Judas, pues el tal Che no era otra cosa que un médico enfermo, con un asma salvaje, desconocedor de las realidades internacionales y asesino en potencia y acto. En su paso por Cuba, Congo o Bolivia solo dejó un rastro de sangre y, salvo en el caso de Cuba y no tanto por él, de fracaso para sus ideas, fracaso que, en justicia, acabó pagando con su vida en un valle perdido de Bolivia.
La revista francesa L´Express publica un interesante reportaje sobre sus crímenes en Cuba, reconociéndosele responsable directo de, por lo menos, 216 asesinatos, no solo durante la lucha contra Batista, donde no dudó en aniquilar y no en combate, a los enemigos sino a simples campesinos por el solo hecho de no apoyar la revolución. Pero su etapa de máxima crueldad fue durante el tiempo que ocupó la jefatura del presidio de La Cabaña, poco más de 10 meses, donde liquidó a 164 personas, algunas por su propia mano. Se regodeaba de esos crímenes, la mayoría contra inocentes, viendo, desde lo alto de un muro, como los fusilaban.
No hay registro de sus atrocidades en el Congo aunque si testimonios de algunos de sus compañeros, sabiéndose, incluso en sus diarios se recoge, de su desprecio hacia los negros que formaban las hordas de crueles pero patéticos simbas, a los que no dudaba en enviar en cargas absurdas para morir frente a las ametralladoras de los mercenarios blancos del gobierno. Compañero de Kabila padre, su fracaso fue espectacular, derrotado por las tropas de Tshombe, salió zumbando para no ser detenido y fusilado dejando detrás, muertos, a diversos cubanos que le acompañaron y abandonando a su suerte a los “camaradas” lumumbistas.
Su última y ridícula “hazaña” fue en Bolivia, donde su desconocimiento de las realidades sociales de América del Sur le hacían creer que podría convertir a los Andes en otra Sierra Maestra, craso error del que no solo no le sacó su “amigo” Fidel, sino que, encantado de quitarse de encima al turbulento e inestable personaje, le animó a la campaña y el pobre Che picó el anzuelo, para encontrase que su nueva Sierra Maestra ni existía y que los campesinos bolivianos le daban la espalda, ya que no entendían lo que aquel pájaro les quería inculcar, ni les importaba un rábano, no dudando en delatarlo a las tropas del gobierno. Como bien cuenta el general Gary Prado, entonces jefe del operativo para su captura, el personaje que detuvieron era un hombre enfermo, cubierto de harapos y confuso ante el fracaso de lo que el creía el gran proyecto de “liberación” de Sudamérica. Así acabó, en un valle perdido de un país perdido, enfermo, traicionado por los suyos e incapaz de comprender porque había fracasado, la no muy alegre vida del que los medios de comunicación y después el marketing han querido convertir en icono de un nuevo mundo. El gran error del gobierno boliviano fue ejecutarlo y así convertir en un mito de la progresía a quién no era más que un lamentable exponente del marxismo cruel y totalitario. En cualquier caso, que descanse en paz, junto a sus innumerables victimas, en ese otro mundo donde no existe el crimen ni el odio, del que el era exponente principal.
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Carlos Juan Gómez Martín
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