La peste de comienzos del siglo XXI
19.02.07 @ 14:00:24. Archivado en Sociedad
Todas las épocas deben tener sus apestados y marginados, en épocas anteriores fueron los leprosos, después los satanizados, mas tarde los afectados por la peste negra y así sucesivamente. De esa forma, la sociedad exorcizaba sus demonios, propios y comunes, culpando al que le tocara en ese momento hacer de chivo expiatorio, de los diversos problemas, miserias y otras iniquidades privadas y sociales.
Al comienzo del siglo XXI los apestados son los fumadores, el nuevo grupo a marginar y culpable de múltiples enfermedades, desde el asma al cáncer de pulmón, pasando por lo que se le ocurra al último político o “experto sanitario” de turno. Todo empezó, como con el colesterol o la gordura, pero por causas que ignoro derivó de la advertencia a restringir o eliminar el hábito a la amenaza, después a la sanción para, posteriormente, marginar a quién se atreviera a fumar. Como en toda caza de brujas se empezaron a inventar males a espuertas, se empezó a estudiar los “enormes” costes que el tabaquismo generaba en el propio apestado y en los que le rodeaban, para acabar marginándolos fuera de su hábitat natural si querían seguir con su hábito nefando. Por supuesto, nadie se paró a pensar que ni todas las asmas, ni todas las alergias, mas bien ninguna, ni todos los cánceres, ni siquiera los de pulmón, tenía que ver con el tabaquismo y si con la contaminación, las malas ventilaciones o los edificios enfermos, ¡no!, el anatema estaba lanzado y se inició la ola de persecuciones, llegándose a gilipolleces como la de ciertos edificios de Nueva York donde no puedes comprarte una casa si eres fumador o las broncas que los médicos te echan, incluso amenazándote con no tratarte, si tiene tan horrible vicio.
Tampoco parece tener importancia que un fumador nunca atraque, robe o mate por su vicio, en cualquier caso es un facineroso, sin embargo los drogadictos que si roban o matan por el suyo son considerados enfermos, nos desvivimos con ellos, gastamos gran cantidad de dinero en curarlos, con un índice de éxito mas bien escaso e, incluso, no está mal visto un porro o una raya en fin de semana o en una fiesta. Incluso las universidades que destierran el pitillo, tiene gran permisividad con las fiestas de San Canuto y similares. Por supuesto, nadie recrimina a un drogadicto, está mal visto, es un “enfermo” y además me puede clavar un cuchillo o darme un estacazo.
Otro tanto ocurre con los botellones llegando a establecerse zonas para los mismo en numerosas ciudades, pese a que ese alcohol de escasa calidad es dañino para el organismo, bastante mas que el tabaco en calidad y cantidad y sí genera accidentes, reyertas y otras acciones punibles. Pues dicha actividad goza de permisividad y cierta complacencia, tanto por los poderes públicos como por la sociedad.
Evidentemente, el fumador es el apestado de nuestra era, pero, como casi todo en esta vida, no es nuevo y ya la Alemania nazi libró su particular guerra contra el tabaco, por aquello de la salud también, en busca del buen ario sin vicios, salvo el de matar judíos, gitanos y enfermos, ya que en aras de esa salud se permitió la eutanasia y también la eliminación de ancianos, ¿nos suena eso en nuestra actual sociedad?.
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Carlos Juan Gómez Martín
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