La izquierda y su falacias
02.12.06 @ 16:13:01. Archivado en Historia
El mito de la izquierda y su contribución a la mejora de las clases mas desfavorecidas, de su defensa de la libertad, de la igualdad y de la solidaridad, se ha extendido desde el nacimiento de los conceptos de izquierda y derecha, allá por los tiempos de la Revolución francesa. Se nos ha vendido como buena una mercancía que estaba bastante averiada. No trato de hacer un repaso exhaustivo a esas falsedades y a los mitos a que han dado lugar, pero si quiero dar algunas pinceladas para que tengamos presente que cuando los portavoces de esa ideología, o mejor de sus variantes, hablan, suelen mentir en demasía.
Si empezamos por los conceptos de igualdad y solidaridad, no hace falta conocer mucha historia y religión, solo lo justo, por lo menos antes de la LOGSE, para saber que fue la religión cristiana la primera en aplicar esos principios. Un simple repaso a los Evangelios así lo atestigua y a ello podemos añadir infinidad de escritos y sermones de Santos Padres y otros desde el inicio de la Predicación de la Palabra. Sin embrago los exponentes del socialismo y el comunismo se han apropiado de la idea y parece que son ellos quienes lo crearon y practicaron. Ya se apropiaron del “libertad, igualdad y fraternidad” de la mencionada revolución, olvidando convenientemente que se trató de una revolución propugnada por la burguesía en beneficio suyo y de la que las clases populares salieron mas bien malparadas. El camelo sobre las bondades de dicha revolución queda claro ante la hambruna superlativa que acarreó en los primeros tiempos o en revueltas como las de la Vendée llevada a cabo por humildes campesinos católicos contra los excesos de aquellos diletantes revolucionarios, hasta que Napoleón trajo orden acabando con ridiculeces como las fiestas florales sustitutivas de las religiosas, ¿nos suena?.
El siglo XIX y buena parte del XX consolidan esa falacia, unida a la de su defensa de la libertad. La revolucion industrial que tanto desarrollo ha producido, tuvo, como todo cambio, aspectos oscuros y lamentables, contra los que combatieron buenas gentes, incluidos liberales, socialistas humanistas, no marxistas y, por supuesto, cristianos. Es mas, algunas de los primeros avances en previsión social los trajeron personajes muy poco socialistas como Bismarck. Sin embargo los socialistas se adjudicaron el éxito, propugnando que había sido su presión lo que obligó a esas mejoras. Teniendo en cuenta que en otros aspectos, el Canciller de Hierro ni les hizo caso y que durante mucho tiempo les persiguió, no parece claro porque en ese tema “su presión” debía triunfar. Ello sin olvidar que una parte importante de los obreros católicos no pertenecían a la socialdemocracia, sino al Partido del Centro.
Sin embargo el mito alcanzó cotas inusitadas con la revolución rusa. Si tenemos en cuenta que el entonces llamado Partido bolchevique no tenía, prácticamente, obreros en sus filas, desde luego no en sus dirigentes: Lenin, Trotsky, Zinoviev, etc., y que se hicieron con el poder mas por descomposición primero del régimen zarista y después del gobierno liberal que le sustituyó, no parece que “la clase obrera y campesina” tuviese mucha influencia. Respecto a esta última recordemos que en las fértiles tierras ucranianas, durante la guerra civil no fueron los comunistas quienes atrajeron a las “masas” sino los anarquistas rurales de Mackno y que después el régimen soviético generó millones de muertos en Ucrania por la campaña contra los “kulaks”, que no eran campesinos ricos contra lo que se ha dicho, sino simplemente pequeños y pequeñísimos propietarios que no querían que les confiscasen las tierras.
Igual ocurrió con socialistas y comunistas en otros lugares, como en España, donde el mito de una República obrera no es mas que eso otro mito, ya que fue traída, mayoritariamente, por unos cuantos intelectuales y algunos políticos monárquicos pasados al bando republicano por intereses personales y no razones políticas. ¿Que obreros o campesinos eran Alcalá Zamora, Azaña, Ortega y Gasset, ni siquiera Indalecio Prieto, aunque si Largo Caballero, aunque se le había olvidado hacía mucho tiempo. También se olvida que durante la Guerra Civil fueron muchos los obreros y campesinos que apoyaron a Franco, como antes en las elecciones habían apoyado a la derecha, o ¿de donde salían los millones de votos de la CEDA o los soldados de Franco?.
A medida que el siglo avanzaba, el mito crecía pese a las evidencias: masacres en China, obreros enfrentados, en Berlín Oriental o Budapest, a los tanques soviéticos, ¿luchaban contra sus liberadores?, Praga, 1968 y otros muchos lugares como Cuba donde la población “vota con los pies” , por cierto frase de Lenin.,¿esa es la libertad?. Pero, ¿y la igualdad?, en los países del este han conocido esa “igualdad”, no creo que haya que hablar de la baja calidad de la vida de la población y la alta de sus líderes, la “nomenclatura”. Cualquiera que en los ’60,’70 u ’80 haya viajado por la URSS, RDA, Hungría, etc. lo ha visto, amén de lo que sabemos hoy día. La riqueza, el bienestar del pueblo, la libertad ha estado y sigue estando, en los países capitalistas y la igualdad y solidaridad no está en las ideologías comunistas ni socialistas, nació y se mantiene con el cristianismo y ha impregnado el modelo occidental, ese modelo que ahora tantos “progres” que se han beneficiado de él, cuestionan, mientras mantienen el mito de una izquierda benefactora. No debemos aceptar que sigan imponiendo sus falacias, hay que desenmascararlos en cada lugar y cada momento para que no engañen a las nuevas generaciones y evitar que éstas sucumban a esos cantos de sirena del totalitarismo, la desigualdad y la injusticia.
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Carlos Juan Gómez Martín
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