Sindicalismo y globalización
27.11.06 @ 16:08:43. Archivado en Economía y Trabajo
El pasado 1 de noviembre surgió la Confederación Sindical Independiente (C.S.I.) que, según sus datos, representa a 168 millones de trabajadores en 154 países y territorios y tiene 306 organizaciones nacionales afiliadas. Una confederación mundial que engloba a las dos grandes internacionales existentes hasta el momento, la CIOSL, de impronta socialista y la CMT, de orientación cristiana, quedando fuera de momento la F.S.M., de obediencia comunista. Su nacimiento, tras largo y tortuoso parto, es consecuencia y necesidad de la globalización, porque los trabajadores no podían quedar al margen de este fenómeno mundial y para tener influencia en él deben participar, lo que solo se podía hacer mediante una organización potente, capaz de hablar de tu a tu con las grandes organizaciones empresariales y financieras así como con las instituciones internacionales y superadora de los antiguos límites ideológicos. Con un marxismo, que ha sido incapaz de dar respuesta a las necesidades de los trabajadores, más bien lo contrario y un socialismo cuyos planteamientos están desfasados ante la realidad o un socialcristianismo, cuyos planteamientos económicos apenas se diferencian de los socialistas y, como ellos, están también en cuestión. El debate ideológico ha quedado en un segundo plano ante las realidades concretas, por lo que la existencia de organizaciones mundiales divididas por adscripción ideológica tenía ya poca razón de ser.
Es absurdo intentar frenar, como algunos aspiran, la globalización, porque el desarrollo tecnológico ha permitido la mundialización de la economía y las finanzas y a estas alturas sería como intentar poner puertas al campo. En este siglo XXI los sindicatos no deben ni pueden jugar a las utopías, lo que la C.S.I. debe hacer es aprovechar la nueva situación de forma y manera que una parte de la riqueza que se genere vaya a los trabajadores, que cada vez las condiciones de trabajo sean mejores en todos los países y que se inicie el proceso de equiparación en condiciones y salarios entre los trabajadores de todo el mundo. Pero, ¡cuidado!, con esta nueva institución solo se ha dado un pequeño paso, pues no olvidemos que los intereses de los trabajadores no son iguales, no lo son los de quienes habitan el primer mundo que los del tercer mundo, mientras aquí debatimos la conciliación familiar o la calidad de vida, en otros el debate es tener trabajo. Tampoco debemos engañarnos respecto a la solidaridad, las subvenciones a las empresas del primer mundo son la tragedia para las de otras zonas, el proteccionismo a nuestros agricultores es la miseria para los de África o Latinoamérica, mientras la deslocalización que genera crisis allí donde se produce, crea trabajo a donde se traslada y temas como el trabajo infantil, que tanto nos repele en el primer mundo, muchas veces, es la única opción de subsistencia de los más desfavorecidos. Sin olvidar la hipocresía de organizaciones sindicales que se presentan como defensoras de los más débiles y, en realidad, lo son de los trabajadores mejor pagados o que mientras hablan de solidaridad, piden moratoria en la llegada de trabajadores de otros países, ¡no, los intereses no son los mismos! y esa es la realidad.
La nueva Confederación deberá conseguir aunar todos los intereses y que se alcance un mínimo acuerdo entre los sindicatos de las diversas naciones y, a su vez, con las instituciones empresariales, de forma y manera que la globalización también favorezca a ese parte de la población mundial en situación crítica, sin falsos paternalismos ni “proteccionismo”, como forma de ir avanzando en mas trabajo, de mas calidad y mayores derechos. Una misión ardua para la C.S.I., si lo consigue, su creación habrá tenido razón de ser, de lo contrario no será más que otro grupo de burócratas viviendo del presupuesto de los países y de los afiliados.
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Carlos Juan Gómez Martín
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