URUGUAY, ENTRE RIOS Y LAS PASTERAS: ¿DE QUÉ LADO DEL RÍO ESTÁS?
10.09.07 @ 23:23:56. Archivado en latinoamerica, medio ambiente
Me llamo Buenos Aires, mujer desprolija pero oronda. Ser la Capital es orgullo de una nación, a la vez que trabajo estresante y de compostura. Hace tiempo comencé a sentir extrañas molestias, nudos y dolores, por atrás. No podía verlas. Una, generalmente, no se mira la espalda. Pero ahora están más cerca, por acá a la izquierda, murmullos y tamboriles. Mas mi cuello está tan rígido y la mirada absorta en el ombligo de mi cuerpo, centro de mi alma capitalina, que necesito esforzarme para mirar. De reojo, veo gente en el medio de un camino, a un lado del río,río Uruguay de lecho arenoso y aguas claras, río revuelto... Parece que es un problema del aire y del agua…, ¿Y de quién es el problema?
Todavía rígida y alejada, la gente se me acerca y me habla. Me cuentan que hace más de tres años que intentan avisar que el agua y el aire podrían contaminarse si la industria de la celulosa avanza en la región. Pero la sordera y la mirada seca los llevaron al extremo de cortar una ruta y un puente. Y ya llevan más de año y medio. Trasladaron su vida a la ruta, sus sueños bajo el cielo y sus temores bajo la lluvia. El arte del equilibrio, la mesura y la urbanidad se desintegran ante la indiferencia y la imprevisión. Son ilegales, “desacataos”, como diría el comisario. Ellos se definen “autoconvocados”, llamados a sí mismos a cuidarse. Algo tan básico como la supervivencia. Me dicen que el problema es de todos, y no sólo porque ahora la Capital los miró… -¿yo?-¿También es mío? ¿Y del otro lado del río?
La gente percibe la amenaza, los gobiernos van detrás…. A veces, ni siquiera atrás; prefieren otro camino. ¿A dónde va ese camino? En un diario del domingo, alguien planteaba que "no se había hecho un análisis económico-ambiental del conflicto”. Tal vez, aportaba algo novedoso y comencé a leer. Mi esperanza duró hasta el siguiente renglón: “¿Son los beneficios generados por estas plantas mayores que sus costos?” Y seguí leyendo, ya con recelo... “la contaminación cero tampoco es deseable si se consigue a costa de suprimir actividades económicas que generan beneficios mayores que sus costos” ...Entonces golpeé la mesa y me pregunté ¿De qué costos hablan? ¿Del agua, del aire, de la fertilidad del suelo? ¿Qué sensibiliza a unos y a otros? ¿Bajo qué parámetros éticos se mueven? ¿Es posible una política de estado que sólo conciba crecer y explotar recursos sin afectar el medio ambiente? ¿Es necesario que una comunidad deba alterar su rutina, dejar sus casas, arriesgarse a actuar ilegalmente sólo para recordar que tiene voz…y voto? Yo, Buenos Aires, aquella del cuello rígido y la mirada chupada en el anonimato del ombligo, algo estoy aprendiendo y me doy cuenta de que ni siquiera puedo verme la cintura, apretada por el inmundo lazo del Riachuelo, el Matanza, el Reconquista y el Plata.
Y no sé de qué lado del río ponerme, si están igual de sucios.
ELI PSTYGA, 2006
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