Realidades sublimes y vida cotidana

Pensamientos basura

17.12.16 | 10:11. Archivado en Tradición monástica

Se ha convertido en un problema sanitario la implantación cada día más extendida de la llamada comida basura, esa dieta alimenticia de procedencia americana de comida rápida que crea adicción y fomenta la obesidad, con sus consecuentes secuelas malsanas, en niños y en adultos.

En la tradición monástica nunca ha habido problemas alimenticios de este tipo. Tal vez porque la dieta de los primeros monjes estaba compuesta por sal, pan, agua, verduras cocidas, y cinco higos secos como en el caso de San Antonio, y eso, cuando no eran días de ayuno como en cuaresma y en adviento, en los que se limitaban a sal, pan y agua. Dieta que no favorecía absolutamente la obesidad.

Pero si estaban en guardia los monjes contra los que denominaban logismoi que muy bien podemos traducir hoy por pensamientos basura. Pensamientos malsanos por malvados o inoportunos, aditivos por superficiales y halagadores, que penetran en nuestro corazón y se las ingenian para sugerirnos una visión ilusoria, unilateral y mendaz de la realidad (siempre favorable a nosotros) neutralizando así cualquier esfuerzo de la voluntad hacia lo bueno y lo verdadero.

Hoy se ha acuñado el término posverdad para referirse a ese tipo de situación social en que los individuos no están motivados por la verdad en sus decisiones, porque no nos interesa; sabemos que nos están ofreciendo falacias, pero preferimos arriesgarnos a la nada, a romper la baraja, con tal que el embaucador populista de turno nos esperance con ilusiones que sabemos irrealizables. “Toda la gente conoce la verdad –decía un personaje cinematográfico- Por eso nos esforzamos cada día en agrandar la mentira para taparla”. Y, claro, desde estos planteamientos no hay ni crecimiento espiritual, ni probidad intelectual, ni madurez humana.

Para oponerse a estos pensamientos basura que nos abocan a la superficialidad y la mentira, los monjes trabajaban, consciente y tenazmente, dos aptitudes profundamente ligadas entre sí, que favorecen un estilo de vida y una manera de situarse ante sí mismos, ante los demás, ante la realidad y ante Dios de manera lucida y leal:la vigilancia y la atención.

La atención es esa capacidad de fijar la mirada interior sobre lo que es esencial, sobre los valores no negociables, sobre las creencias que nos fundamentan y tender sin cesar hacia su realización. Se trata de no auto-engañarnos, de no difuminar lo fundante, de no pactar con el diablo por un plato de lentejas. Esas creencias que nos fundamentan en lo verdadero, son el suelo nutricio de nuestro implante en lo real, por ello tender hacia su realización es asumirnos y asumir la realidad como misión.

La vigilancia, por su parte, se puede considerar como una guarda de la atención. Se trata de estar ojo avizor con todas aquellas sugestiones, ideas, sensaciones, imágenes y pensamientos que penetran en nuestro corazón trámite los medios de comunicación, la propaganda política, el pensamiento global, el chateo indiscriminado, la superficialidad televisiva... La vigilancia es un ejercicio de toda la persona para agudizar su agilidad y lucidez en el discernimiento de todas esas imágenes, ideas y criterios que nos llegan del exterior y que no por aceptadas socialmente, tienen que ser verdaderas. Esta lucidez de controlar y discernir rigurosamente los pensamientos o sugestiones proporciona un conocimiento experiencial de lo real ("Fijaos en la higuera y en los demás árboles: cuando veis que ya retoñan, os dais cuenta de que ya está cerca el verano. Igualmente vosotros también, cuando veáis que suceden estas cosas, daos cuenta…”, Lc. 21, 29) que nos inmuniza contra los tres grandes hechizos que, a juicio de los monjes, ciegan la mente y el corazón: el amor al dinero, el placer y el ansia de honor y la fama. “Nada embotan tanto al conocimiento y a la fe, los dos compañeros de nuestra naturaleza, como estas tres pasiones” (Hesiquio de Batos).

Por eso, nos advierte, vigilancia y atención: “mantente en la reflexión de la mente y no tendrás que sufrir los engaños. Pero si te alejas de ello, aguanta lo que te suceda”.


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Comentarios
  • Comentario por Roberto Lejarza Elorduy 10.02.17 | 14:05

    Extraordinaria Reflexión: "Vigilancia y atención"
    Gracias por regalárnosla.
    Un cordial abrazo. R

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