Pinochet y la memoria histórica
20.05.07 @ 03:36:25. Archivado en Sobre el autor
Es lógico que las atrocidades de la dictadura de Pinochet y los regímenes militares de Latinoamérica nos afecten bastante a los españoles, debido a los lazos que nos unen con esos países. Sin embargo, estoy convencido de que cuando muera Castro habrá bastante más comprensión: se pregonará a los cuatro vientos la crueldad del régimen de Batista (que él aplastó, y no precisamente en unas elecciones), se le ensalzará como un líder que no cedió ante los poderosos gringos y se tachará de fascistas a los que se quejen demasiado de la policía torturadora de la Habana, aunque ésta no tiene nada que envidiar a la policía torturadora de Santiago de Chile, con la diferencia de que en la Habana se sigue torturando y en Santiago ya no, pues Pinochet abandonó voluntariamente el poder. En definitiva, seremos mucho más tolerantes con el cadáver de Fidel que con la escupidera en que se ha convertido el ataúd de Pinochet. Y lo mismo pasa en otras partes del globo: cada año fallece algún brutal dictador, en África o Asia, pero sus esquelas casi nunca ocupan las portadas de los periódicos. En definitiva: un muerto blanco vale más que uno negro y un dictador de derechas vale mucho menos que uno de izquierdas.
Ante la sangría de víctimas civiles en Irak, Europa se quedó pasmada al ver a los norteamericanos reelegir de presidente a un “carnicero” como Bush. Sin embargo, para carnicerías las de la otra potencia mundial –Rusia- en Chechenia. ¿Grozny nos pilla más lejos que Bagdad? No. ¿Entonces por qué se lleva tan al dedillo la cuenta de los niños acribillados en Irak y nadie parece preocuparse por dicha cifra en el Cáucaso?
La Ley de la Memoria Histórica quiere dejar bien claro, por decreto, que la dictadura franquista es la etapa más oscura de nuestra historia. Es bien oscura, sí, ¿pero por qué a nadie se le pasan por la cabeza otras leyes semejantes: una ley reconociendo que los españoles contribuimos a la trata de esclavos, una ley para pedir perdón por la colonización en el Norte de África o, puestos a decir estupideces: una ley para indemnizar por los desmanes del Duque de Alba en Flandes? Muchos reprimidos del Franquismo viven todavía y se les puede compensar por sus sufrimientos, pero España también estaría a tiempo de reparar las pifias que hizo metiéndose en el Sáhara y que ahora padecen los saharahuis; y podría asimismo compensar a las naciones de las que partieron los esclavos que cortaban nuestra caña de azúcar, como se ha pedido en ocasiones.
Mucho me temo que, a la hora de lamentar errores, los errores que están a la izquierda dan mucha menos pena que los errores que están a la derecha.
Jean François Revel escribió que los totalitarismos de derechas prometen un futuro de muerte y destrucción y lo cumplen, mientras que los totalitarismos de izquierda prometen paz y armonía entre los hombres, pero en cambio nos traen fosas comunes como las de Camboya, Katyn y… por qué no decirlo, Paracuellos.
Para justificar una matanza, nada mejor que decir que se hace “por el pueblo”. En cambio, una matanza en nombre del libre mercado, de la seguridad nacional, de la raza o incluso de la nación, a cualquiera le repugna.
Se contabilizan en tres mil los muertos condenados por la Inquisición Española, durante sus más de tres siglos de existencia. Tres mil muertos son un pasatiempo comparado con el número de guillotinados en los meses del Terror, durante la Revolución francesa. Eso sin contar con masacres como la de la Vendée y los miles y miles de muertos provocados por el intento de Napoleón de exportar la Luz de la Razón a cada esquina de Europa. Irónicamente, la horrenda Inquisición (horrenda, sí) es el epítome del fanatismo, mientras que la Revolución Francesa es el comienzo de la liberación del espíritu humano, el ejemplo a seguir y… la Fiesta Nacional de nuestro país vecino.
Hay un rasero para medir la maldad de los ricos y otro para medir la maldad de los pobres. Un rasero para medir la maldad de los que dicen obrar por un paraíso en el Cielo y otro para medir la maldad de los que quieren crear ese paraíso en la tierra, cueste lo que cueste.
La maldad de los ricos es siempre denostada y desde pequeños nos enseñan que el que tiene más, seguro que lo ha ganado con el sudor de otros. En cambio, la mayoría de las veces se disculpa la maldad de los pobres, pues la legítima defensa es un concepto sumamente maleable. Un campesino brasileño puede asesinar al gordo hacendado cuyas tierras cultiva, porque así se defiende de su opresión. Un sindicalista francés puede asaltar un restaurante McDonalds, porque esa multinacional simboliza la globalización salvaje .Y en España, no hace tanto tiempo, había gente que decía en voz baja: “algo malo habrá hecho”, cuando un pistolero vasco le pegaba dos tiros en la nuca a un guardia civil andaluz.
Lo dicho: a la hora de morirse es mucho mejor ser blanco que negro y a la hora de matar, es mucho peor ser de derechas que de izquierdas.
Nicolás Zambrana
Universidad de Navarra
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