Nacionalismo y cosmopolitismo
20.05.07 @ 03:36:41. Archivado en Sobre el autor
Yo quiero y admiro a mis padres. Sin embargo, sería absurdo negar que debe de haber hombres más admirables que mi padre y mujeres más admirables que mi madre. Igualmente absurdo sería que el convencimiento de que hay personas más virtuosas, fuera de mi familia, me llevara a no querer a la mía y a estar orgullosa de ella. El Nacionalismo es el orgullo de lo propio hasta el desprecio de lo ajeno. Y el Cosmopolitismo ilustrado es el rechazo de las propias raíces ante la intuición de un mundo nuevo e ideal, aún por construir.
El siglo XX ha sido la cosecha de muerte que sembraron los nacionalistas y cosmopolitas del siglo anterior. España se libró de las dos Guerras Mundiales, encuentro feroz de naciones que se creían llamadas a un destino superior. También se ha librado de las peores revoluciones racionalistas habidas hasta ahora, como la Rusa, o la China, que quisieron llevar al hombre la felicidad, pasando por encima de millones de hombres. No obstante, España también pagó derechos de aduana, bastante elevados, a ambas ideologías, durante nuestra Guerra Civil y nuestra Dictadura.
¿Puede aprender algo España de lo que de cierto haya en las líneas anteriores? Nada tiene de malo –pienso yo- un nacionalista al que le parezca que los recursos de su tierra deben revertir principalmente sobre los habitantes de esa tierra, o que opine que dichos habitantes los van a gestionar mejor. Nada tiene de malo tampoco que un cosmopolita se horrorice de nuestros antepasados al leer novelas de Pérez Reverte y desee para nosotros un porvenir mejor. Malo es que el nacionalista apoye sus pretensiones en reales o imaginarias singularidades y en una búsqueda incansable de los defectos de sus vecinos. Diferencias culturales apreciables, las hay hasta entre barrios limítrofes y las diferencias étnicas se curan con el tiempo, pues cada raza no es más que el producto del mestizaje de razas anteriores. La mayoría de las veces, las comunidades políticas las forman, qué duda cabe, grupos sociales con algo en común –mucho o poco- pero lo que en definitiva les une es la misma voluntad de estar unidos: la solidaridad, en una palabra; y solidaridad puede existir, en grado sumo, entre los individuos más dispares. El cosmopolita, por su parte, obrará mal si el trauma de contemplar su propia historia le lleva a la ingenua conclusión de que nadie antes que él ha tenido la perspicacia y la entereza moral para distinguir el bien del mal y para tratar de poner remedio a éste.
También es equivocado que el nacionalista sitúe su propio bienestar en la independencia, o en la victoria de su patria sobre otras patrias. Se me quedó muy grabada una entrevista que escuché hace años, a varios miembros del Frente Polisario. Ante la pregunta de si a las penurias que pasaba su gente, a manos de los marroquíes, había alguna otra solución, aparte de la creación de un Estado Saharahui, respondieron un no rotundo. Parecían incluso enfadados de que se planteara la cuestión. Entiendo que cuando un grupo social está oprimido o pasa hambre, debe luchar por su libertad y por el pan de sus hijos, pero creer que todo se arreglará cuando puedan dirigirse a sí mismos es creer que un blanco sólo puede tiranizar a negros, y no a otros blancos como él. El pueblo-raza-nación es una realidad tan utópica como los paraísos ciudadanos de corte cosmopolita e ilustrado. La razón, en abstracto, nos puede lanzar a cortar por lo sano con instituciones milenarias y a tratar de levantar, en cuestión de días, rascacielos de cientos de plantas.
Recuerdo asimismo un documental, bastante conocido y centrado en niños de Tierra Santa. En un momento dado un entrevistador le preguntaba a un chaval, judío no ortodoxo, cómo pensaba él que se podía solucionar el conflicto árabe-israelí. El chico, muy convencido, respondía que las personas más inteligentes de la Tierra se debían reunir y encontrar una solución. Como si los seres humanos fuéramos elementos de una ecuación, presta para ser resuelta. ¡Cuántos déspotas ilustrados se han lanzado a construir Repúblicas de Platón, perfectas en su diseño, con el único inconveniente de que su implantación era, simplemente, imposible! A la postre, muchos tiranos iluminados han terminado siendo más sanguinarios que los tiranos oscurantistas que ellos derrocaron.
El hombre no es sólo mente y cuerpo, es también corazón y libertad. Los terrícolas necesitamos de asideros puramente sentimentales en nuestro bregar diario: símbolos, terminología, normas y recuerdos con un significado estable a través del tiempo. Un atracón de mitos y añoranzas puede desembocar en el odio hacia “los otros”. Tirar los recuerdos a la basura, hacer tábula rasa de nuestra memoria, conduce a sustituir la sociedad por una granja pseudocientífica donde los hombres no se desarrollan, se crían. El nacionalismo sólo ve el pasado y el cosmopolitismo sólo se imagina el futuro. El justo medio entre pasado y futuro es el presente y es sólo en el presente en el que debemos hacer política.
Nicolás Zambrana
Analista de Maiestas
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Este blog se llama "Reaccionarios.org" porque creo que yo soy conservador y que dicha ideología se traslucirá en lo que escriba. A la vez, al llamarme a mí mismo reaccionario, pretendía ser irónico, porque es un término un tanto crítico, que puede ser frecuente en labios de un progresista pero no de un conservador.
Sé que hace tiempo que no escribo. Por un lado, últimamente he tenido un poco más de trabajo del habitual, y por otro, para ser sinceros, me parece que este blog, y sus artículos, no han tenido mucha difusión, por lo que no he tenido muchos incentivos para seguir escribiendo, aunque lo intentaré.
Muchas gracias de nuevo. Nicolás
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Nicolás Zambrana Tévar
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