Rara Temporum. El blog de Bernardo Pérez Andreo

Final de trayecto

09.10.14 | 12:13. Archivado en Filosofía

Walter Benjamin hizo un minucioso análisis de la sociedad del capitalismo industrial que desemboca en el crack del 29 atendiendo a los aspectos culturales, sociales, artísticos y espirituales. Su obra magna debía haber sido El libro de los pasajes, pero quedó inédito al morir perseguido por la policía franquista. Años después, con la participación de Adorno, se hizo una edición de los papeles que debían conformar la obra. La edición española ocupa más de 1000 páginas densas donde Benjamin pone su agudeza crítica en el análisis de la estructura socio-cultural que permite el auge del capitalismo. Los pasajes de París, esos bulevares cerrados con hierro y cristal donde se refugian las tiendas, dan el motivo para abrir una profunda reflexión sobre lo que Weber llamó "espíritu del capitalismo", pero removiendo la tesis weberiana sin nombrarla. Ya había dado al traste con la tesis de Weber en "El capitalismo como religión", donde apunta que el capitalismo es una religión de puro y mero culto, que convierte la culpa en deuda y la deuda en culpa, parasitando al cristianismo hasta fagocitarlo, como hizo también con el resto de religiones con las que se ha encontrado. El capitalismo es una religión sin dios, todo en ella es rito, mito y culto, una acción constante que lleva al frenético hacer reproductivo del capital. El capitalismo es un tren sin frenos que avanza incrementando la velocidad. Solo parará cuando convierta todo en combustible o cuando descarrile.

En los inicios del siglo XXI se ha producido la aceleración más grande de la reproducción del capital en toda la historia. La Reserva Federal de Sant Louis ha publicado los datos a 1 de octubre de 2014 y no dejan lugar a dudas: la producción de masa monetaria se ha cuadruplicado desde comienzos de la crisis de 2008. Hoy hay 4,4 billones españoles, no americanos, de dólares. En 2008 había 821 mil millones, en sólo 6 años se ha multiplicado por cuatro, pero es que el acumulado de masa monetaria desde 1945, cuando se crea esta reserva federal, era de 817 mil millones hasta la crisis. Para resolver la crisis se creó en un año la misma cantidad de dinero que en los 60 anteriores y después se ha seguido por esa senda. El capitalismo ha conseguido todos sus objetivos estratégicos y lo ha hecho de la mano de una poderosa hegemonía ideológica y cultural, el neoliberalismo.

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Renta Básica, derecho a la vida.

03.10.14 | 12:01. Archivado en Filosofía

Tengo la sensación de que cuando los católicos hablamos del derecho a la vida no se nos entiende muy bien. Incluso digo más, creo que ni nosotros sabemos muy bien lo que queremos decir cuando hablamos de derecho a vivir. El derecho a la vida es un logro de las sociedades modernas que debe mucho a la tradición judeocristiana, pero que lo aplicaron las sociedades ilustradas impulsadas por los derechos de ciudadanía. Ser ciudadano implica tener derecho a vivir y tener derecho a vivir implica tener derecho a nacer y a que nadie te arrebate la vida, al menos sin causa justificada. La reducción del derecho a vivir como mero derecho a nacer y la oposición al aborto desde posiciones que se dicen católicas, no es la verdadera tradición cristiana sobre el derecho a vivir. Lo que se defiende desde la perspectiva católica no es la vida meramente, es la persona. La vida es una realidad instrumental para la persona, de ahí que cualquier persona pueda disponer de su vida entregándola por el bien de otros, como es el caso del martirio. Si la vivir fuese una obligación como católico, el martirio estaría prohibido. Da la sensación de que ciertas formas de defender el derecho a la vida parecen más una obligación a vivir de cualquier manera y en cualquier circunstancia. Como dijera el filósofo Eugene Fink, hay cuestiones en la vida por las que merece dar la vida y esas cuestiones son las que hacen que la vida merezca la pena. Los hijos, la propia dignidad e, incluso, la libertad, son elementos o valores a los que se supedita la vida como valor primero, aunque no principal.

Apostar hoy por la vida no puede quedar al margen de las circunstancias en las que vivimos, pero tampoco al margen de la realidad instrumental que es la vida. La vida debe ser defendida en su máxima expresión y con los niveles de dignidad adecuados. Para defender el derecho a la vida hay que proponer transformaciones sociales que garanticen una vida digna y un desarrollo personal adecuado. Por tanto, tendremos que hacer propuestas que defiendan a las personas y a la personas. A todas las personas y a la integridad de la persona. No se puede ser persona y vivir dignamente si no se poseen los medios para ello. Como explica Santo Tomás, los seres humanos hemos de cubrir nuestras necesidades de indigencia para poder llamarnos tales. Las necesidades de indigencia, según el aquinate, son la alimenación, el vestido, la habitación y la salud. Hoy, adaptando estas necesidades hablamos de alimentación, vivienda, sanidad, educación, cultura y comunicación. En esta misma línea de pensamiento, la Doctrina Social de la Iglesia afirma que la dignidad humana no puede ser una mercancía más dentro de la vida económica, de ahí que deban arbitrarse medidas que protejan a la persona de la mercantilización. Stephano Zamagni, el padre de la economía del Bien común y uno de los colaboradores de Caritas in Veritate, afirma que hay que dotar a las personas de medios para que no tengan que verse reducidos a mercancía, por ejemplo, sufragando las necesidades de indigencia que decía el aquinate mediante instrumentos públicos: educación, sanidad, cultura, vivienda y alimentación protegidos. Todo ser humano tiene derecho a tener cubiertas sus necesidades antes de entrar al mercado para vender su fuerza laboral, de lo contrario se verá obligado a venderse como mercancía por el precio que el mercado establezca.

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Corruptio optimi, pessima.

17.09.14 | 11:53. Archivado en Filosofía

Se han puesto de moda en España, al calor, nunca mejor dicho, del empujón que lo culinario tiene hoy en el mundo desarrollado, los programas de cocina. Fue la cadena Fox americana la que lanzó el formato. A partir de ahí se ha extendido al mundo entero con diversas variantes, pero siempre mantiene un formato de concurso: un grupo de concursantes compite en la elaboración de platos y menús de forma que cada semana se elimina a uno. Al final, el ganador se lleva un buen dinerillo, la edición de un libro de recetas y entrar en el Olimpo de los fogones. Con este formato imitan otros programas similares donde los concursantes han de pasar distintas pruebas para lograr obtener el premio final, sean cantantes, famosos o jóvenes ansiosos de fama. El formato es similar y la estructura no difiere. Lo que sí difiere, y bastante, es la legitimación que se da al dispendio material que suponen estos concursos.

En los concursos musicales, o en los que suponen permanecer encerrados en un lugar un tiempo determinado, el dispendio económico, que lo hay y mucho, no tiene el mismo impacto que en un programa de cocina, donde los concursantes disponen de una despensa casi infinita para utilizar en cada programa una mínima parte. El 99,9% de todo lo que se pone a disposición de los concursantes se pierde, no se utiliza. Esto es un handicap para la empresa que gestiona el concurso porque los espectadores se preguntan dónde va a parar tanta comida. Si el gasto es en otras cosas no importa tanto, al fin y al cabo están para eso. Pero la comida sigue teniendo un valor superior, porque la comida es vida. Desperdiciar la comida, aún hoy, sigue siendo un pecado para la gente normal. Pero los ideólogos del concurso dieron con la solución: entregar todo lo sobrante a entidades de caridad, sea el Banco de Alimentos u otra. De esta manera, a los ojos de los espectadores, queda legitimado el dispendio, pues todo lo que sobra se destina a gentes que no tienen para comer y, de esta manera, se justifica cuanto se haga con la comida en el concurso.

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¡Un poco de calidad, por caridad!

15.09.14 | 16:35. Archivado en Filosofía

Se hace extraño escuchar a los responsables (!?) de la educación de esta país, sean del gobierno central, autonómico o de donde sean, hablar de la necesidad de aumentar la calidad en la educación. No en vano, han aprobado una ley que pretende la mejora de la calidad educativa y lo hace aplicando una serie de criterios que, supuestamente, nos llevarán a un sistema educativo de calidad que mejore las competencias de los alumnos y los prepare para la sociedad del conocimiento, dentro de un mundo difícil y con menos oportunidades cada día, para así convertir "la educación en el principal instrumento de movilidad social, ayude a superar barreras económicas y sociales y genere aspiraciones y ambiciones realizables para todos". Esa es la intención, pero como nos dice el Evangelio, por sus hechos los conoceréis. Y no parece que los hechos vayan en la misma dirección que las intenciones manifestadas. Veamos algunos de esos hechos.

El Ministerio de Educación, con el sociólogo Wert a la cabeza, ha continuado con el dislate que supone que las universidades de titularidad privada no tengan que ceñirse a la nota de corte de selectividad para admitir alumnos. En las universidades públicas, para estudiar ciertas carreras como medicina, arquitectura y otras de ese calibre, es necesario tener una nota muy elevada en selectividad, lo que asegura que los futuros profesionales de esos ámbitos sean de los mejores estudiantes. Sin embargo, en las de titularidad privada puede estudiarse medicina o arquitectura disponiendo de la cantidad de dinero que permite abonar las abultadas matrículas. Mientras en la universidad pública estudias medicina si tienes un 12 en selectividad, en la privada lo haces si tienes 12 mil euros para pagar la matrícula. Este sistema permite que en el futuro tengamos titulados en medicina y otras ramas del conocimiento que pueden no ser los mejores profesionales posibles. A esto lo llaman calidad.

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El don, la lógica del ser.

07.08.14 | 18:01. Archivado en Filosofía

Digámoslo claro desde el principio: hay que reducir nuestro nivel de producción y consumo, hay que disminuir nuestro nivel de despilfarro, hay que vivir con menos para vivir mejor. Sí, parece contradecir todo lo que se está aventando un día tras otro y que todo el mundo acaba pensando que es lo que hay que hacer: que crezca la economía, que aumente el consumo y por tanto la producción y así empezar a crear empleo. Pero no, esto ya no funciona, pertenece al mundo pretérito quebrado. Es necesario empezar a vivir como habitantes de un nuevo mundo, un mundo de austeridad verdadera, no la que nos imponen, un mundo de pobreza asumida como el único camino hacia la felicidad. Porque la felicidad no consiste en poseer más, como bien se sabe, sino en saber disfrutar lo que se posee y poderlo compartir con otros. La lógica del ser es una lógica del don.

Sólo se posee de verdad aquello que se regala y sólo podemos considerar nuestro lo que viene como regalo.

Cuando recibo un salario por mi trabajo, nada tengo de más, pues cambio una cosa por algo semejante: mi trabajo por dinero. Cuando pago una prenda que necesito para vestir, tampoco tengo nada, pues intercambio un material por otro, que en último término eran trabajo, mío o ajeno. Cuando en las bolsas se compra y se vende el tiempo de trabajo, el futuro del precio de los alimentos o una nueva medicina que curará enfermedades, nada aumenta la felicidad neta de la humanidad, porque unos pocos convierten todo eso en un algoritmo para sus inversiones y así aumentar sus emolumentos. Nadie crece como persona, nadie da nada para nadie.

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El Supremo Arte de la Guerra

13.05.14 | 10:41. Archivado en Filosofía

Sun Tzu está considerado como el gran estratega militar del Oriente antiguo. Su El arte de la guerra sigue siendo un manual fundamental para la formación militar y para el desempeño de la propia vida en momentos de conflicto. La filosofía del genral Tzu se puede resumir en estas frases: "Todo el Arte de la Guerra se basa en el engaño. El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar". La guerra es el instrumento de los imperios para imponer su gobierno y sostenerlo, por eso, la guerra puede ser también el medio imprescindible para oponerse a esos mismo imperios, pero se trata de una guerra desigual, una guerra en la que los opositores a los imperios no tienen armas, ni tan siquiera ejércitos organizados, solo tienen su conciencia, su dignidad y su ira, santa ira, que permitirá sacar fuerzas de donde no hay, aunar esfuerzos entre todos los seres humanos que se oponen a la barbarie de los imperios y establecer una lucha que lleve al enemigo a la derrota. Porque el supremo Arte de la Guerra, como nos eneseñó Sun Tzu, es el engaño, es someter al enemigo sin luchar y para eso no se necesitan ni armas ni ejércitos ni matar a nadie. Hay que ser muy inteligente para aplicar esta máxima, gentes como Gandhi lo fueron y, a su modo, vencieron. Hoy debemos aplicar una máxima similar: hemos de declarar la guerra al imperio, a los imperios, pero debemos establecer la táctica militar de Tzu: vencer mediante el engaño, recordando estas sabias palabras del general chino: "Si tu oponente tiene un temperamento colérico, intenta irritarle. Si es arrogante, trata de fomentar su egoísmo", o con estas otras palabras: "siéntate a contemplar el río mientras das cuerda a tu enemigo para que se cuelgue".

Sí, estoy convencido, ha llegado el momento de declarar la guerra al imperio, pero para ello necesitamos un ejército disciplinado, capaz de obedecer las órdenes y de seguir la estrategia. No será necesario poseer armas, ni usar la violencia, bastará la estrategia, porque nuestro fin, dadas las circunstancias históricas, es la victoria, no la mera perseverancia. Hemos de vencer a un enemigo, poderoso, arrogante, vanidoso, pero muy inteligente y que sabe que su posición depende de infundir el miedo. Por eso, la primera orden es no tener miedo. Si no nos enfrentamos con armas tenemos la primera victoria en nuestras manos, pero hay que dar un paso más. Siguiendo a Tzu, hay que utilizar las tropas del enemigo para destruirlo, eso significa que hay que vencer convenciendo a sus tropas, que no son otras que todos los seres humanos que creen en el imperio y lo sostienen con sus ideas, sus votos, sus compras, sus trabajos. Será necesario hacer una labor de zapa constante en el territorio enemigo, de tal forma que sus tropas se pasen a nuestro bando llegado el momento. Fomentaremos todo lo posible su arrogancia y su egoísmo, hasta el punto de incrementar su ceguera para evaluar la situación. Como no habrá lucha armada, se consumirá en su propia ira y, al final, acabará rendido a nuestros pies. Mientras alimentamos su ira, le daremos cuerda para se cuelgue, mientras contemplamos sentados pasar la corriente del río.

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La lengua del nuevo imperio

06.05.14 | 10:21. Archivado en Filosofía

No somos muchos ya, pero creo que aún quedamos de aquellos que en el colegio teníamos como segundo idioma el francés y no el inglés. Cuando yo tenía edad escolar eran muy pocos los que tenían la lengua inglesa como lengua de estudio escolar, la inmensa mayoría estudiábamos francés. Con el tiempo se fue imponiendo el inglés hasta que en los noventa apenas quedaban centros donde el francés fuera la lengua extranjera estudiada. Luego vino la moda de estudiar dos lenguas extranjeras y el francés ha vuelto, como de rondón, a ser una lengua estudiada. Sin embargo, ningún padre considera que tenga ninguna utilidad para su hijo el estudio de este idioma, la diferencia, en el mundo laboral futuro estará, piensa el padre, en saber o no inglés. De ahí que se multipliquen los esfuerzos para que los hijos aprendan el inglés con la mayor solvencia posible. Las academias de inglés llevan varias décadas haciendo su agosto. Creo que en sí mismo no es negativo que así sea. Si unos padres consideran que eso es lo mejor son muy libres de hacerlo, otra cosa distinta es la imposición sistemática del inglés como lengua vehicular del estudio en España, especialmente en la región de Murcia, donde la consejería competente (?) ha dictaminado que para 2019 todos los centros de la región de Murcia deberán ser, por fuerza, bilingües.

Históricamente, los pueblos que han utilizado una lengua distinta para el estudio y formación a la lengua materna son los pueblos colonizados. Un pueblo que quiera hacerse un hueco en la historia debe hacerlo convirtiendo su cultura, lengua y tradición en el vehículo de transmisión del conocimiento, los valores y las creencias sociales del propio pueblo y haciendo a la vez una labor de traducción de toda la tradición humana a su propia lengua y cultura. El estudio de otras lenguas es un incentivo y un acicate, pero no puede ser un sustituto. Lo que se está haciendo en España, pero especialmente en Murcia, no es bilingüismo, sino colonialismo cultural y lingüístico, porque se sustituye la lengua propia por otra distinta para acceder al conocimiento. En la actualidad, las principales materias de enseñanza escolar pueden o deben ser impartidas en inglés en los centros adscritos como bilingües, eso implica, al menos en la intencionlidad, que los alumnos no serán bilingües sino que tendrán un uso diferenciado de los dos idiomas: para las cosas importantes el inglés, para el resto el castellano. Esto no es bilingüismo, es neocolonialismo, y además del peor, del autoimpuesto como resultado de un complejo de inferioridad cultural.

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Belial, el espíritu del Capitalismo.

07.04.14 | 13:10. Archivado en Filosofía

Para Desiderio Parrilla, bloguero de este medio y profundo conocedor del espíritu del capitalismo.

Habría que hacerse la pregunta tras más de cien años de la publicación de la famosa obra de Weber sobre la ética protestante y el supuesto "espíritu del capitalismo". Según la conocida tesis de la obra de 1906, la ética protestante, especialmente la calvinista, dieron apoyo a un nuevo espíritu epocal que permitiría el surgimiento del capitalismo en el siglo XVI con toda la fuerza que hemos podido constatar. El principal elemento de esta ética sería la visión del enriquecimiento como signo externo de la predestinación divina para la salvación, de ahí que el estigma católico sobre la riqueza perdería su fuerza y permitiría el surgimiento de la burguesía como nueva clase social legitimada para el ejercicio de todos los poderes sociales. La tesis de Weber implica que el capitalismo requiere de alguna motivación ajena a su misma dinámica interna para poder legitimarse ante los hombres y en su foro interno. El capitalismo estaría, en sí mismo, deslegitimado, pues no responde a las verdaderas necesidades humanas. Aunque esto no lo defendió Weber, creo que es posible colegirlo de su reflexión, al menos así lo han hecho Luc Boltanski y Ève Chiapello en su imprescindible "El nuevo espíritu del capitalismo" (Akal 2002). Su posición es que el capitalismo requiere de algo que lo legitime limitándolo, ese es su espíritu, lo que hace que el capitalismo no derive, llevado por su lógica interna, en la destrucción completa del orden social.

El capitalismo es, en cierta manera, un sistema económico y social absurdo. En él, los hombres y mujeres que forman la sociedad pierden su dignidad: el que trabaja porque pierde la propiedad de su trabajo, y el que posee el capital está encadenado a un proceso insaciable, sin fin, que lo destruye como persona. El capitalismo es el peor de los modos posibles de organizar la vida humana, sin embargo es el que se ha impuesto y gobierna la vida de más de 7.000 millones de almas. Esto es así porque ha conseguido inocular una justificación suficiente como para que todos lo acepten, de buen o de mal grado, pero lo acepten. La violencia física no es suficiente para explicar el por qué del triunfo del capitalismo, necesitamos algo más: su espíritu. El espíritu del capitalismo es la ideología que justifica el compromiso con el capitalismo (p. 41). En general, esta ideología o espíritu (geist) conlleva tres principios que se repiten hasta la saciedad en la mente y los corazones de todos los que habitamos el capitalismo: progreso, eficiencia y libertad.

El proceso de adoctrinamiento tiene dos momentos. Uno, el momento constructivo del espíritu humano. Todos los hombres, se nos enseña, necesitamos ser libres, autodeterminarnos sin que nadie nos imponga lo que debemos ser o qué debemos hacer. En segundo lugar se urga en nuestras apetencias internas para resaltar la necesidad del progreso material como medio para saciar todas nuestras necesidades, ansias y apetencias. Sólo el progreso material permitirá que todos y cada uno podemos satisfacer nuestros apetitos y anhelos. Por último, se identifica este proceso de producción material con una organización eficaz y eficiente, que asigne correctamente los recursos para la generación de riqueza, pues sólo la riqueza nos permitirá satisfacer nuestros apetitos y ser realmente libres.
El segundo momento es el identificativo: estos tres pilares de la vida feliz y plena: libertad, progreso y eficiencia son los pilares del capitalismo. El capitalismo es el sistema económico, social y moral que permite ser libres a los hombres alcanzando el mayor nivel de desarrollo material con la mayor eficacia posible. La adhesión al capitalismo ha sido posible durante varios siglos porque los hombres hemos aceptado, primero por la fuerza y después de buen grado, que este modelo social es el mejor de los posibles, o el menos malo de todos.

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El mal está en el 3%

07.07.13 | 11:02. Archivado en Filosofía

David Harvey es uno de esos investigadores que son capaces de hacer muy sencillo lo que para otros es enormemente complicado. En sus investigaciones de los últimos diez años no ha dejado de marcar el camino para comprender la crisis del mundo en que vivimos y trazar propuestas de salida alternativa. Su último libro publicado en Akal es la muestra perfecta de su estilo, sencillo y a la vez riguroso. El enigma del capital y las crisis del capitalismo, es una puesta a punto de cómo comprender con corrección lo que está sucediendo y cuál es su esencia. El problema no está únicamente en el capitalismo, sino en el enigma que lo construye: el capital. Se trata de una fuerza telúrica anclada en lo más hondo del ser humano (estado del alma lo llamó Kafka) que lo mueve por criterios que pueden acabar con su vida individual y con la vida colectiva de la humanidad. El capital es una especie de monstruo desatado que acaba con todo con tal de sobrevivir. La lógica del capital es la lógica del egoísmo y la avaricia conjuntamente, buscando una reproducción constante que se cifra en un crecimiento del 3% anual. Es la cifra mágica. Si el capital no crece un 3% anual, no genera lucro y acaba muriendo. Dicho de otra manera, el capitalismo es el modo de vida social por el que el capital se genera a sí mismo produciendo a la vez un lucro para aquellos que creen gobernarlo.

El gran enigma del capital, por utilizar la expresión de Harvey, es cómo consigue convencer a todos de que es bueno lo que objetivamente es perverso para el destino de la propia humanidad y de la vida en el Planeta. Cualquier cosa que experimente un crecimiento anual del 3%, siguiendo la función exponencial, necesita 23 años para duplicarse. Es decir, si la economía capitalista crece a ese ritmo a nivel mundial, su producción, consumo y nivel de desechos se duplicará en tan solo 23 años. Así ha sucedido, con pocos momentos de recomposición del capital en las grandes guerras, desde 1750. Desde la Segunda Guerra Mundial, el PIB mundial se ha triplicado, mientras que en algunos países, precisamente los más afectados por esta crisis, hemos visto cómo el PIB se duplicaba en tan solo 15 años. Es el caso de España que desde 1997 hasta 2008 se multiplicó el PIB por 2,5, con un crecimiento medio anual cercano al 5%. Esta verdadera locura se ha extendido como la bondad per se. Hoy mismo, se nos dice que el problema es la falta de crecimiento económico, que solo cuando se crezca al, cómo no, 3% crearemos empleo y saldremos de la crisis. Y es precisamente lo contrario. Al nivel que hemos llegado, un crecimiento del 3% supone que el nivel de recursos destruidos y la cantidad de residuos producidos podrían ahogarnos como sociedad y destruir aquello que nos permite vivir en este planeta.

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La educación al servicio del Mercado

08.05.13 | 11:20. Archivado en Filosofía

Una de las consecuencias del discurso político del neoliberalismo es el intento por extender la lógica mercantil a todas las dimensiones de la sociedad y a todas sus estructuras. En la actualidad, con la malograda contrarreforma Wert, la LOMCE, se intenta que la lógica del mercado penetre de forma absoluta hasta el núcleo más profundo del sistema educativo. A las claras está cuando se introduce un criterio como el espíritu emprendedor para sustituir la educación tradicional en valores. Deja claro que los valores del capitalismo solo tienen que ver con el lucro a toda costa y la entronización del egoísmo personal. Además, se nos vende como algo positivo que las personas quieran dejar de ser trabajadores y pasen a ser emprendedores. El emprendedor es alguien activo, con ganas de salir adelante, con arrojo, mientras el trabajador, y más si lo es público, es un vago que se conforma con lo establecido. Se trata de una lógica que viene extendiéndose mucho tiempo pero que, como dijera Friedman, solo una buena crisis, real o imaginada, puede acabar de implantar. En tiempos de sufrimiento, las personas son capaces de aceptar cualquier cosa que se parezca a la salvación, cualquier sucedáneo, de ahí que ahora se intente que el sistema educativo se convierta en un apéndice perfecto del Mercado.

En mi libro No podéis servir a dos amos. Crisis del mundo, crisis en la Iglesia, analizo este proceso ineluctable del capitalismo moribundo y lo entiendo como el advenimiento de un nuevo hombre, un hombre jibarizado al que se ha extirpado parte de lo que lo humaniza, el hombre lleno de nada. Entre las páginas 183 y 185 lo digo como sigue.

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El derrumbe moral del mundo

25.04.13 | 10:39. Archivado en Filosofía

Ha vuelto a suceder, no es la primera vez y, por desgracia, no será la última. Puede que el número de muertos llegue a varios centenares y los heridos pase el millar. Fue en Bangladesh, como podría haber sido en India, en Pakistan, en Vietnam, en Thailandia o en China. No se trata de una fatalidad, tampoco de una mala coincidencia, se trata de un crimen, un crimen que tiene culpables y cómplices y que hay que investigar para que se esclarezcan los hechos y no vuelva a repetirse. El crimen se cometen con la ley en la mano, con la ley de unos países que apenas son capaces de hacerla cumplir, pero con la ley en la mano. Los culpables, de forma sistemática, salen indemnes y las víctimas siguen aumentando cada año. Mientras, muchos buenos hombres siguen callando y ese mal es superior al mal que comenten algunos pocos malos hombres. Los abogados, pagados con el dinero que genera el crimen, son capaces de abrir una sima legal entre los hechos y sus causas, y sobre esa sima se extiende el abismo en el que Occidente fragua su declive moral, el derrumbe de lo que nos hace humanos.

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La "sustitución" del ser humano: el crimen perfecto.

11.01.13 | 12:52. Archivado en Filosofía

Una de las obsesiones más profundas de las sociedades disciplinarias, como las llama Foucault, es la transgresión de la ley, de la norma, de las costumbres. Es normal que sea así, cuando la obsesión social es el control, la obsesión del subconsciente es la transgresión. Se trata de un ejemplo claro del principio físico de acción y reacción llevado a la estructura socioanímica. Durante el siglo XIX y buena parte del XX hubo un buen puñado de ejemplos literarios y fílmicos de esta obsesión: llegar a cometer un crimen y que el culpable salga indemne. Las novelas de Agatha Christie o algunos films de Hitchcock van en esta línea. Pero, el culpable, al menos en la ficción, siempre es cogido, sea por la sagacidad del investigador, capaz de encontrar los pequeños cabos sueltos de la coartada, sea por la necesidad del criminal de dar publicidad a su acto. La cuestión es que el crimen no es rentable y que, más tarde o más temprano, el culpable debe pagar por su delito.

Una variante de este modelo lo tenemos en los años noventa y principios de este siglo, en el cine, por llamarlo así, pseudobudista, en el que el crimen se paga, pero no inmediatamente o con pena legal, sino de forma diferida y de manera moral o vital. Hay films como Mystic river, o 21 gramos, donde el pago de la deuda es algo así como un kharma que abarca a todos los hombres y todos los actos de estos, de modo que los hechos, buenos o malos, deben compensarse a lo largo de la vida de cada individuo, de su propia familia, como en el caso de Mystic river, o de la esencia humana, 21 gramos. Se trata, en estos casos, no de un cambio de modelo social, más ligth, diríamos, sino de una mutación de las sociedades disciplinarias de los sesenta y setenta. Es una mutación, porque la obsesión por el control y la transgresión persiste, pero hay una ampliación desde lo legal a lo moral y al conjunto de la humanidad.

No se puede decir que en estos momentos hayamos salido de una sociedad disciplinaria, en absoluto, estamos inmersos en un proceso de amplio calado para conseguir disciplinar a la sociedad, pero de forma tal que los individuos creen, tienen para sí, que son libres de hacer lo que hacen y de que no hay más opciones ni más modelos posibles de sociedad. Dicho de otro modo, lo que está sucediendo es que las sociedades están siendo disciplinadas mediante la suavidad del espectáculo y el destello de los productos de consumo, un destello que deslumbra las escasas, ya, capacidades críticas de los individuos. En una sociedad así, la tendencia a la transgresión de las normas sociales se ha visto trasladada a otro ámbito. Si otrora la transgresión era el asesinato, con el crimen perfecto como meta, en esta hora presente la transgresión es el enriquecimiento fácil, rápido, de cualquier modo, con la evasión a paraísos fiscales como meta final.

Las normas que se mantienen de forma oficial son que hay que esforzarse para llegar a "ser alguien en la vida". Que hay que crear riqueza y que esa riqueza hay que disfrutarla, sin excesos. La transgresión es que el esfuerzo es signo de debilidad y que lo importante es tomar la mejor parte posible del pastel, no hacerlo más grande. El tipo modelo es el trader, el daytrader. Un ser huero con aire zen y mucha testosterona, pero con apariencia noble y educada. Algunos de ellos, incluso, parecen buenas personas, a pesar de las idioteces que dice. Pero la cuestión es que viven para trasgredir las normas establecidas de la producción de riqueza y disfrute moderado de la misma. Su vida es jugar con los valores bursátiles sin añadir ni quitar nada al valor de las cosas, pero modificando la localización del dinero, en sus cuentas claro. Tras eso, que les puede llevar un par de horas diarias, dedican su vida al culto al cuerpo y al placer de romper límites, todos menos los legales. Son trasgresores hasta en la trasgresión. No temen ser cogidos en el delito, pues no lo hay; tampoco temen el kharma, pues sus acciones son inocuas, creen ellos. No creen en nada ni en nadie salvo en la parte de Universo delimitada por los varios billones de moléculas que conforman un ser al que llaman yo. No creen en nada, no temen nada, no piensan nada, no aman nada, no lloran por nada. Solo tienen límites que romper, deseos que satisfacer y un tiempo limitado para cumplirlos. Hoy es tarde, es su lema.

El crimen perfecto ha sido cometido, el ser humano, en tanto ser relacional, con deberes y responsabilidades, ha sido sustituido por un conglomerado de células unidas por un único interés: satisfacer sus deseos hasta el límite legal. Este es el más perfecto de los crímenes, nadie buscará un culpable legal al no haber cuerpo del delito, ha sido sustituido y nadie ha notado el cambio. Nadie sancionará la conducta con normas morales porque todos desean ser eso mismo. Nadie hará el vacío a un ser así porque "cada uno es libre de hacer lo que quiera".

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Jueves, 16 de agosto

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