Rara Temporum. El blog de Bernardo Pérez Andreo

Del infantilismo a la madurez humana: Amoris Laetitia.

04.05.16 | 11:40. Archivado en Teología

Son muchos ya los que han comentado el último documento de Francisco, Amoris Laetitia, la alegría del amor. Una buena parte lo ha hecho para indicar que nada ha cambiado respecto a la doctrina tradicional de la iglesia sobre la sexualidad y los medios reproductivos, lo que nos da una indicación de lo que se temían. Temían que el Papa, motu propio, fuese más allá de las conclusiones del sínodo y abriera la puerta del par en par a la comunión de los divorciados, la utilización de los métodos anticonceptivos artificiales o un concepto más laxo de la sexualidad. En el fondo lo temían y lo anhelaban para poder lanzar el grito soterrado de guerra contra este papado: "¡Hereje, el Papa es un hereje!". Cada vez son más los que en voz bien alta piden una destitución del Papa, con base en una supuesta negación del dogma y de la tradición, incluso de los principios de la fe. Pero Francisco es demasiado inteligente para darles motivos, por mucho que presionen, él sabe que lo mejor para la iglesia es avanzar poco a poco, pues la iglesia está compuesta por varios miles de millones de hombres y mujeres con realidades muy distintas y no puede tomar decisiones radicales sobre temas que están en debate. Y esto es precisamente lo que no entienden los integristas antifrancisco, que todos esos temas están bajo debate, como bien le dijo Francisco a Hans Küng sobre la infalibilidad papal. Los temas a debate son prácticamente todos, también los de la familia.

Sin embargo, en el tema de la familia, preocupaba a un amplio sector del episcopado, no así a los fieles, que Francisco tomara decisiones por su cuenta y que estas pudieran modificar lo que hasta ahora se venía haciendo. Muchos de estos obispos toleran la manga ancha en las nulidades matrimoniales, que se han convertido en una forma de suavizar una ley que no tiene ningún sentido evangélico. En lugar de tomar el toro por los cuernos, prefieren seguir manteniendo un sistema que somete a las personas a una situación de infantilismo moral insoportable. Algunos prefieren vivir fuera de los cánones eclesiales antes que sufrir la indignidad de pasar por un proceso de nulidad en el que deben mentir, pues han de asegurar que lo que hicieron fue falso o por desconocimiento. Lo verdaderamente maduro es ayudar a las personas que sufren un proceso de divorcio a asumir el proceso para madurar en él, no ha resolverlo sin asumir las circunstancias. Sí, Francisco lo ha dejado como estaba, pero si los obispos y los sacerdotes son valientes, Francisco ha dejado la puerta entreabierta para que el que quiera pase por ella. No podía hacer más sin forzar el paso lento de la iglesia, pero ha hecho justo lo que se podía. Más adelante, otros, deberán dar otros pasos.

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Fray Junípero Serra

17.12.15 | 18:51. Archivado en Teología

P. RIQUELME OLIVA (Coord.), Escritos de Fray Junípero Serra (nueva edición de la preparada por el P. Salustiano Viñedo, Petra, Mallorca, 1984), Publicaciones Instituto Teológico de Murcia OFM, Edt. Espigas, Murcia 2015, 12x19 (Serie Maior –64). 883 pp.

La canonización de Fray Junípero Serra ha sido la ocasión para que la Editorial Espigas (Instituto Teológico de Murcia OFM) lleve a cabo la edición de los escritos de uno de los más importantes evangelizadores de la Iglesia en América. Mucha leyenda negra sobre la evangelización, que tiene parte de razón, ha ocultado las muchas y buenas luces que también las hubo. Y, entre ellas, la de este franciscano que fue llevado por la pasión del Evangelio sine glossa hasta las tierras americanas del norte. Su labor ha sido alabada por el papa Francisco y esto nos permite comprender también el cariz de su obra.

El libro es un trabajo de enorme mérito por enfrentarse a una obra ardua de revisión de las cartas y otro material escrito que nos ponen ante los avatares de la tarea evangelizadora y, a veces, los sinsabores del esfuerzo. Su lectura puede ser de gran utilidad para conocer mejor una época en la que muchos han puesto más o menos de lo que realmente sucedió

El papa Francisco nos sorprendió a todos cuando el día 15 de enero de 2015, durante el viaje de Sri Lanka a Filipinas, anunció que el Beato franciscano Junípero Serra sería canonizado en el próximo mes de septiembre en Washington con motivo de su viaje a los Estados Unidos de América para la participación en la Jornada Mundial de las Familias.

No es frecuente que la Iglesia anuncie una canonización de estas características sin antes haber realizado un largo y minucioso proceso de investigación y aportación de pruebas para que un determinado cristiano sea puesto ante toda la Iglesia universal como modelo. El motivo lo explicó el mismo papa Francisco durante el anuncio de la canonización: «He decidido canonizar a aquellos que hicieron una gran labor de evangelización y que recogen el espíritu evangelizador de la Evangelii Gaudium». En una celebración del papa Francisco con el Pontificio Colegio Norteamericano pronunciada el día 2 de mayo de 2015 destacaba tres rasgos fundamentales de la espiritualidad de nuestro santo franciscano: su ardor misionero que le llevó a dejarlo todo para adorarlo, para seguirlo, para encontrarlo en el rostro de los pobres, para anunciarlo a aquellos que no han conocido a Cristo, y por esto, no se sienten abrazados por su misericordia; su devoción a María bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, presente en cada una de las 21 misiones por él fundadas en la costa californiana, y que constituye en la actualidad la raíz común del continente americano; y su testimonio de santidad, fuente para descubrir la propia dignidad, consolidando cada vez más la propia pertenencia a Cristo y a su Iglesia.

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Reparar la Iglesia II

19.10.15 | 13:09. Archivado en Teología

Estamos en la segunda semana efectiva de clases de Eclesiología pneumatológica, tras la festividad del Pilar que coincidió con las sesiones de clase. Hasta ahora sólo hemos hecho una larga introducción que nos ha puesto ante los hechos más relevantes del tratado sobre la Iglesia. En primer lugar, he dejado claro que mi guía en las clases es la eclesiología del Concilio Vaticano II, en su documento principal sobre el tema Lumen Gentium. He planteado que este documento, en realidad todo el Concilio, supone el cierre de la división milenaria entre dos concepciones de Iglesia: la apologético-jurídica del primer milenio y la sacramental y mistérica del segundo. Se trata de la tesis de Pie-Ninot, aunque es cierto que no la comparto del todo, pues creo que el Vaticano II, al menos su espíritu va mucho más allá, eliminando la concepción apologética y relegando lo jurídico a lo meramente instrumental. Pero, creo que como tesis para los alumnos es buena, permite integrar los dos milenios de historia sin abrir muchas grietas en su percepción. Es decir,se trata de una tesis escolar que académicamente no comparto, pero enseño como válida mientras no conseguimos una mejor unificación de los conceptos.

El principio rector de esta tesis es la sacramentalidad de la Iglesia, entendida en su triple aspecto de signo externo (sacramentum tantum), la Iglesia como sociedad. Signo interno (res et sacramentum), la Iglesia como comunidad. Y la realidad última (res tantum), filiación y fraternidad en Cristo. De esta manera integramos tanto el aspecto exterior, formal y visible de la Iglesia, como la realidad interna, íntima diríamos, que es ser una comunidad de hijos y por ser hijos, hermanos todos. Esta realidad sacramental lo es por tener su ser, no en sí misma, sino en la misión que Dios le ha encomendado. La Iglesia debe ser el germen del Reino y por tanto su vida es su misión y su misión le obliga a ser testigo del amor de Dios. La misión de la Iglesia le lleva a vivir la diaconía como modo de ser. El servicio es la categoría esencial que sustenta a la Iglesia. Christoph Theobald lo ha expresado con nitidez en su último artículo en Revue Théologique de Louvain, la Iglesia tiene en la misión su ser último, por venir directamente de Dios, pero la misión debe llevarle a una reforma constante para adaptarse a ella. Esta es la lectura que el gran teólogo francés hace de la propuesta de Evangelii Gaudium, y que vamos a suscribir en este curso por completo.

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Reparar la Iglesia

04.10.15 | 12:56. Archivado en Teología

El día 5 de octubre comienzo las clases de Eclesiología pneumatológica en el Instituto Teológico de Murcia. Es una asignatura que imparto desde el curso 2009-2010 y la que más alegrías me ha proporcionado en mi docencia universitaria. Creo que es la asignatura más actual de toda la teología, especialmente con la llegada de Francisco al solio pontificio. Ya se dijo que el siglo XX fue el siglo de la Iglesia, pero con más razón se puede decir del XXI. Estamos, así lo creo, ante una perspectiva de transformación radical del mundo y de la Iglesia, ante esto sólo podemos plantearnos hacer un profundo análisis de lo que es la Iglesia y de su relación con el mundo, como ya hizo el Concilio Vaticano II en sus dos más prominentes textos: Lumen Gentium y Gaudium et Spes. Se trata de analizar pormenorizadamente qué es esencial al ser eclesial y qué no lo es, de modo que esto último podamos sacudírnoslo para poder realizar mejor, no ya una adaptación al mundo, no se trata de esto, sino una mejor aplicación de nuestra misión en el mundo. La misión de la Iglesia depende de su ser y su ser no es otro que manifestar a Dios mismo en el mundo. Esta manifestación de Dios en el mundo debe ser identificada con el Reino de Dios, del cual la Iglesia es germen e inicio, pero no presencia absoluta. La Iglesia no es el Reino de Dios, como se afirma en los manuales preconciliares, sino que la Iglesia es el sacramento de la presencia del Reino de Dios.

Intentaré hacer comprender a los alumnos que es falsa la dicotomía progresismo-conservadurismo. No se trata ni de mantener prietas las filas ante los supuestos ataques de la posmodernidad, ni vendernos a una actualización que sancione un mundo de injusticia y sufrimiento. Se trata de un falso dilema para la Iglesia. La Iglesia no puede ser otra cosa que lo que es desde la experiencia de los primeros cristianos vivida en Jesús de Nazaret y las primeras comunidades, así como los tiempos apostólicos y los Santos Padres. Somos, en buena medida, lo que hemos sido, pero también somos lo que estamos llamados a ser. La Iglesia es el cuerpo de Cristo, es la continuación temporal del cuerpo real de Cristo. Con San Pablo, sabemos que Cristo es la cabeza del cuerpo y que una cabeza no vive sin cuerpo, ni un cuerpo sin cabeza. Esta unión entre Cristo y la Iglesia es fundadora de su ser en el mundo. Pero, sin la presencia del Espíritu Santo, sería imposible vivir esto como novedad. Cristo es la persona trinitaria que asume la historia, que se encarna, que asume lo humano hasta las últimas consecuencias, hasta la muerte. Pero, sin la presencia del Espíritu, Cristo habría muerto y todo acabaría ahí. La Resurrección es la acción del Espíritu Santo que abre la historia hacia el eschaton, hacia la novedad absoluta. El Reino de Dios es el futuro de la humanidad por la acción del Espíritu en la Iglesia. Cristo lo inauguró, el Espíritu le da cumplimiento en el mundo por medio de la Iglesia, y también por otros medios.

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De servidores y siervos

17.06.15 | 11:40. Archivado en Teología

Hay un pasaje del Evangelio de Lucas que reflejan muy bien el sentido que tiene este evangelista de la misión de Jesús. Un análisis comparado de Mateo y Marcos con Lucas (Cf., Descodificando a Jesús de Nazaret, Madrid 2010) nos permite ver cómo lo que en aquellos es expectativa mesiánica, en Lucas se convierte en mirada eclesial. Lucas tiene la vista puesta en el tiempo que se abre tras la Resurrección como el tiempo de la Iglesia, por eso escribió su obra en dos partes, la primera la conocemos como su Evangelio y la segunda como Hechos de los apóstoles. Pues bien, es en el Evangelio, concretamente en el capítulo 22, en el versículo 27, donde Lucas sitúa el núcleo de la misión de Jesús. Se trata del conocido texto de la Última cena. Todos están sentados con Jesús y surgen problemas entre ellos por saber quién es el más importante. Jesús les advierte: los reyes de los pueblos se enseñorean de ellos y se hacen llamar biehechores, pero entre vosotros no ha de ser así. ¿Quién es el más importante, el que está sentado a la mesa o el que sirve? La respuesta es evidente, el que está sentado a la mesa. Jesús concluye: "yo estoy en medio de vosotros como el que sirve". En griego dice literalmente como el diácono, que significa el sirviente. La importancia de este texto no escapa a nadie, pues es el texto fundacional de la Eucaristía, núcleo esencial de la Iglesia. Jesús está en medio de nosotros como un sirviente, de ahí que las relaciones que se deban establecer en la propia Iglesia sean unas relaciones de servicio y no de dominio.

Si las relaciones en la Iglesia deben ser de servicio y fraternidad, mucho más es lo que la misma Iglesia debe propugnar para la sociedad. Jesús no vino a fundar una iglesia, sino a construir el Reino de Dios y eso es una misión social, no eclesial. La Iglesia es el instrumento, sacramento universal de salvación decimos, para llevar a cabo esa misión. Por tanto, la Iglesia debe vivir, anunciar y propugnar lo que quiere para sí y para el mundo: una sociedad de servicio mutuo y de solidaridad. Esto era válido en el Imperio romano y en el Imperio global postmoderno, pues las bases sobre las que se asienta la sociedad, entonces y ahora, son las mismas: una injusticia estructural que genera el sufrimiento y la muerte de millones de seres humanos. Cualitativamente estamos en la misma situación, aunque cuantitativamente sea muy superior. Hoy son 3,500 millones de seres humanos los que sufren la miseria o la pobreza extrema y otros 2,500 millones sufren graves carencias. Mientras tanto, un grupo de elegidos nos permitimos el despilfarro y una pequeña élite de 70 millones de personas acumulan tanto como el resto del planeta junto. Vivimos pues en una sociedad de siervos y no de servidores.

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Adversus novae haereses

22.04.15 | 10:23. Archivado en Teología

La ideología de Mercado es el más potente aparato de control de opinión y pensamiento que se haya establecido nunca sobre la tierra. No es difícil conocer el motivo: los beneficiados por esta estructura de producción y distribución disponen de ingentes recursos para torcer voluntades e inclinar a su favor cualquier cuestión que surja. Empezando por las grandes corporaciones, que controlan los mercados mundiales de materias, bienes y servicios, continuando por las entidades financieras, vinculadas a las grandes corporaciones, que controlan los mercados de divisas, préstamos y movimientos de dinero, y concluyendo por las instituciones y Estados que regulan el sistema de Mercado mundial, todos ellos ponen enormes recursos en funcionamiento para conseguir que las máximas de la libertad irrestricta de 'los mercados' no tengan ningún tipo de cortapisa. De esta manera, han conseguido imponer en nuestras mentes la idea de que el Mercado es el que más y mejor puede proveer bienes y servicios a la humanidad, con el mínimo coste y el máximo beneficio posible para el conjunto de la sociedad. Esta ideología la imponen en el sistema educativo de los países y se aplica con fórmulas al estilo del Informe Pisa, que reduce la educación a una mera cuantificación de conocimientos. Además, el resto de instituciones y empresas aplican sin rechistar tal ideología, de modo que está extendido entre la gente y, sobre todo, en los medios de comunicación, verdaderos transmisores de la ideología, que cualquier cosa que quiera solucionarse se hará mediante su mercantilización.

Esta ideología se ha infiltrado también en el discurso de cierto cristianismo, especialmente el anglosajón de raíz protestante, pero también en el discurso oficial de algunos prelados y en grupos católicos que se distinguen por su cercanía con el neoliberalismo. Torciendo la Doctrina Social de la Iglesia, vienen a decir que el Mercado es un buen instrumento para la generación de bienes y servicios y su distribución. No es así, como cualquiera que conozca la DSI sabe, pero tampoco lo es desde la misma lectura del Evangelio y la aplicación de los Padres de la Iglesia. El Mercado es el trasunto moderno, capitalista, del dios Mammón, el dios de la riqueza, al que no se puede servir junto al verdadero Dios. Cuando los cristianos caen en el servicio del dios Mercado, están traicionando a Dios y son servidores del egoísmo, la avaricia y la injusticia. Servir al Mercado es transformar la realidad entera en un instrumento para el enriquecimiento y la destrucción de la naturaleza y el ser humano. Ni el hombre ni la Tierra pueden ser mercancías que entren dentro del proceso de compra y venta. El capitalismo necesita mercantilizar al hombre y a la Tierra con el fin de privatizar las riquezas producidas en beneficio de aquellos que detentan el capital. El Mercado es el instrumento del capital para convertir todo en lucro apropiable por unos pocos. El Mercado es el arma para cometer el crimen y por eso debe ser denunciado y combatido.

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El discurso del Papa

07.01.15 | 12:44. Archivado en Teología

Son muchas y muy buenas todas las noticias que llegan desde el Vaticano desde que Bergoglio fue elegido obispo de la Ciudad Eterna y tomó el nombre de uno de los más grandes revolucionarios de la historia. Ya decía Chesterton que con media docena de Franciscos bastaba para que el mundo se transformara radicalmente; de momento hemos tenido dos, quizás veamos pronto otros franciscos en este mundo, pero con el que tenemos hoy como papa nos basta y nos sobra para empezar a ver que aquello que tanto hemos anhelado y algunos escrito y publicado, se está haciendo realidad y con creces. El papa Francisco está poniendo las bases para que la Iglesia se asiente en el Evangelio y en el prístina tradición de los orígenes, justo antes de la caída en una estructura de poder y dominio aliada con los poderosos de este mundo.

Uno de los pasos más importantes fue romper con la sacralización precedente del papado y situar la cuestión central del poder en el servicio y la caridad. El papa es un siervo, el siervo de los siervos de Dios, no un emperador o un rey. El papa tiene la misión de unir a la Iglesia en el amor y eso implica modificar radicalmente el modo de ejercer el ministerio petrino. De esta manera, con el ejemplo, obliga al resto de servidores: obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas o responsables de comunidades, a hacer exactamente lo mismo en su lugar de misión, sea la diócesis, sea la parroquia o cualquier grupo cristiano en el que se encuentren. Esto está trayendo muchos problemas. No son pocos los pastores y responsables eclesiales que hacen oídos sordos a lo que el papa pide y ejemplifica. Lo extraño en estos tiempos es que son esos mismos que bajo otros pontificados se empeñaban en hacer comulgar con ruedas de molino a todo el mundo. Estos tales dan la callada por respuesta, siguen como si nada hubiera cambiado en la Iglesia y dejan pasar el tiempo, a ver si la biología soluciona el problema y el Señor tiene a bien llevarse a un bendito más a su lado.

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'A Beautiful World'. Riesgo y oportunidad para la Creación

15.12.14 | 10:23. Archivado en Teología

Estamos ante la tercera revolución copernicana, según Andrés Moya. Esto supone llevar a cabo el control racional, científico y técnico de lo que hasta ahora era un simple proceso natural, la evolución. La primera revolución copernicana, la del propio Copérnico, supuso romper el hechizo de centralidad de la Tierra en el Universo y convertir el propio Universo en objeto de estudio, eliminando las trabas que la religión ponía a ello. A esta revolución llegó la Iglesia cuatro siglos tarde. La segunda revolución copernicana, la de Darwin, sacó al propio hombre del centro de la realidad creada, uniéndolo a la larga cadena del ser que nos entronca con la vida en el Universo. El hombre es el resultado de un proceso evolutivo más o menos afortunado, con lo que la percepción del sentido de lo real queda descolocada y hay que buscar en otro lugar dónde anclar el sentido del Universo y la existencia del hombre; a esta segunda revolución, la Iglesia llegó siglo y medio tarde. La tercera revolución copernicana no tiene nombre propio, es el resultado del avance científico y la aplicación tecnológica, pero es la más trascendental, la que implica más transformaciones en el pensamiento humano y especialmente en la Teología. Se trata de el descentramiento definitivo fruto de la ciencia y la técnica modernas: el desplazamiento de la animalidad a la artificialidad. Mediante la capacidad de intervención, planificación y control del curso evolutivo, la tecnociencia es capaz de guiar la evolución allá donde pretenda.

Tres desplazamientos, al fin, hemos vivido en los últimos cuatro siglos: desplazamiento de la Tierra del lugar central en el Universo; desplazamiento del hombre del lugar central de la vida creada; y el desplazamiento de la animalidad misma hacia la artificialidad. Si lo analizamos filosóficamente, esto supone un ulterior desplazamiento de gran calado para la humanidad: el desplazamiento de la naturaleza misma hacia lo artificial. Qué es ser hombre ya no será más una pregunta que se responda desde los parámetros griego occidentales del ser y la esencia, desde la ontología, sino que ahora tendrá que responderse únicamente desde la ética y la política (y cuidado con no hacerlo y dejarlo a la técnica y los que la controlen). Seremos lo que decidamos ser, hemos puesto en nuestras manos nuestro propio futuro, pero también nuestro presente y nuestro pasado. No solo la humanidad del hombre queda a merced del control artificial de la tecnociencia, por primera vez en la historia de la humanidad, el hombre es capaz de controlar la Vida en el Planeta Tierra y, cada vez más, el proceso evolutivo de nuestro sistema solar.

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Francisco contra el consumo esclavo

11.12.14 | 12:11. Archivado en Teología

'En estas entrañables fechas', así comienzan muchos de los hueros discursos que vamos a escuchar para alentar el consumo desaforado de productos de todo tipo. Los medios de comunicación se hacen eco de los resultados positivos de las compras de Navidad. Tanta gente se va de puente, tanto otra llena las calles, la euforia consumista no para y todo para rendir merecida pleitesía al ídolo sagrado del sistema económico imperante: el dios Consumo. Sí, no es el dinero, medio al fin, sino el Consumo, la deidad que puebla los rincones más recónditos del planeta. Consumir es lo que hace que la rueda del productivismo siga funcionando, tragando a su paso bosques, océanos, selvas y seres humanos. Consumir para consumar el acto mismo de consumir, en un ciclo infernal que nos lleva hasta la nihilización plena y pura del ser humano. Esta nihilización tiene, cual Jano posmoderno, dos caras: una, la feliz, llena de luz y guirnaldas; la otra, la mugrienta y callada, la de aquellos que pasan jornadas interminables amarrados al potro de tortura más vil jamás creado por el hombre: la necesidad de sobrevivir. Para sobrevivir, muchos debe trabajar 12 y 14 horas diarias los siete días de la semana, como no les alcanza para subsistir, deben dar o vender a sus hijos para que entren en el 'molino de sangre' del capitalismo, que dijera Polanyi. Aquéllos, felices, encerrados en la caverna de las luces y los plasmas; éstos, miserables, encerrados en la averno del sufrimiento y la muerte; todos, anclados a una falacia vital que se les impone sin más remedio.

Sin embargo, hay salida, puede hacerse algo para evitarlo. Nada impide que tú, hoy, decidas decir no, un santo decir no nietzscheano, para que la rueda de la vida comience de nuevo a girar y el molino satánico deje de moler cuerpos y almas, vidas y anhelos. Una vez más, ha sido el papa Francisco el que ha puesto el dedo en la llaga. Como viene siendo habitual en él, sabe acertar con los problemas centrales de la sociedad global sin perder de vista la realidad concreta de los que sufren cada día. Francisco demuestra no sólo conocimiento de los hechos, sino también cómo se debe actuar para transformarlos. Piensa global y actúa local, este ha sido el lema de todos los movimientos sociales de transformación que en los últimos cuarenta años han surgido por doquier en el planeta y Francisco demuestra haber aprendido perfectamente el procedimiento. Primero se analiza el funcionamiento del sistema global para conocer las causas que producen el sufrimiento, pero acto seguido se dan propuestas que podamos llevar a cabo en el ámbito local, cercano, personal. Esto es lo que ha hecho Francisco con la cuestión de la esclavitud. Primero lo analizó con sus colaboradores y propuso que las religiones se comprometieran con esta lacra tan actual. Sin embargo, eso no es suficiente, ahora nos pide “no compren productos hechos por los esclavos modernos”. Sabe perfectamente que a nivel individual nadie tiene el poder de acabar con la esclavitud, pero la esclavitud existe y se extiende gracias a que es rentable para quienes se lucran de ella, por eso mismo hay que cortar el flujo lucrativo, hay que dejar de consumir productos que proceden de trabajo esclavo o forzado.

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Juan y Francisco

23.11.14 | 18:22. Archivado en Teología

En los tiempos de Juan XXIII, del que el próximo 25 de noviembre se cumple el aniversario de su nacimiento en 1881, la minoría ultraconservadora que había intentado impedir el Concilio, primero, sabotearlo después y por fin anularlo, no se escondía para afirmar su deseo de la desaparición del papa. Sólo vivió 5 años, pero fue un lustro de pura revolución del evangelio en la Iglesia. Su elección como papa, nos cuentan algunos expertos, se debió a la división en el colegio cardenalicio. Unos querían una apertura de la Iglesia, otros mantener la línea de los papas Píos. Al no llegar a un acuerdo se llegó a un compromiso: elegir un papa de consenso que fuera mayor para dar tiempo a buscar otro. Pero Roncalli supo recoger los signos de los tiempos e inició un ambicioso programa de reformas en la Iglesia: convocó un Concilio y un Sínodo de Roma con el fin de transformar las viejas y caducas estructuras. El Concilio se llevó todas las fuerzas del papa y el Sínodo hubo de esperar. Ahí fue donde se hizo fuerte la curia para oponerse a los cambios que trajo el Concilio. Esa curia y la vieja estructura eclesial romana se encargaron de frenar el Concilio y dar marcha atrás, hasta que pasados dos papas, uno de ellos efímero, pudo volver a "poner las cosas en su sitio".

Las instituciones tienden a defenderse de los cambios, son enemigas por definición del cambio y tras 20 años ya habían conseguido congelar la primera eclesial impulsada por Juan XXIII y que ni Pablo VI ni, por supuesto, Juan Pablo I pudieron llevar a cabo. La fuerza de oposición era sobrehumana. Es imposible hacer un cambio institucional con los mismos miembros que han forjado una forma de ser Iglesia clerical, jerarquizada, dogmática y a la defensiva. Para poder llevar a cabo un cambio efectivo en la Iglesia hay que eliminar todas las trabas de los que se oponen al cambio y transformar las estructuras cerradas y clericales en lugares de intercambio de ideas y toma de decisiones compartidas. Si Juan XXIII, con la autoridad que le da la infalibilidad que los ultraconservadores otorgaron a la figura del papa, hubiera cambiado de un plumazo a todos los miembros de la curia, sin pretender llegar a ningún tipo de acuerdo con ellos, otro gallo cantaría a la Iglesia. Pero los de siempre, aferrados al poder, rezaban cada día a Dios para que se llevara al papa a su lado; "el papa pasa, la curia queda", era su lema. Por eso, cualquier reforma en la Iglesia debe empezar por barrer esa curia y esas viejas estructuras tan acostumbradas a gobernar sin rendir cuentas a nadie.

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"Haga patria, mate un cura".

17.11.14 | 12:12. Archivado en Teología

"Haga patria, mate un cura", era el slogan extendido en El Salvador, y en buena parte de América Latina, en los años más duros de la aplicación de la Política de Seguridad Americana, implementada por las administraciones estadounidenses de los años 70, 80 y 90, principalmente. Eran los años del mayor compromiso que la Iglesia hay tenido jamás con los compromisos de los pobres y contra las causas de las injusticias y la barbarie. La burguesía autóctona, ayudada por la inteligencia estadounidense y por la formación de la Escuela de las Américas, llevaron a cabo un plan de exterminio de los pueblos y sus líderes en toda América Latina con la excusa de la lucha contra la insurgencia y el comunismo. Aquellos pueblos, de profunda raigambre cristiana y fe tradicional, habían llegado a la conclusión de que sus situación no se debía a ninguna fatalidad histórica, mucho menos a un deseo divino. Antes bien, el Dios en que creían les prometía una felicidad aquí y ahora que ponía en cuestión las circunstancias en que vivían. La Iglesia, acompañando a estos pueblos, les dio las herramientas para entender su situación y se comprometió por completo. Por eso, la Iglesia católica dejó de representar el orden burgués y empezó a ser vista como peligrosa para los intereses del capitalismo internacional. El Informe Rockefeller así lo expresaba con absoluta claridad: "la Iglesia católica ya no es aliada de Estados Unidos" y por tanto hay que considerarla como un enemigo. Y así fue.

Mientras Reagan ponía en marcha su plan para enviar más de 8.000 misioneros de sectas evangélicas americanas cargados con dólares para robar feligresía a la Ilgesia, los escuadrones de la muerte secuestraban, torturaban y mataban a los catequistas, responsables de pastoral y sacerdotes católicos. La persecución fue muy dura y no se salvó ningún estamento eclesial, ni los religiosos, ni los obispos, nadie estuvo exento. En las comunidades rurales católicas se consideraba subversivo poseer y leer la Biblia. Para no ser asesinados, la Biblia la enterraban en el suelo de las casas. Pero aquella lectura en un contexto de persecución dio a la Biblia la fuerza que había perdido en siglos de lectura pueril y descomprometida. La Palabra de Dios se hizo, de nuevo, pueblo, y acampó entre nosotros. Muchos fuimos los que abrazamos la fe gracias a aquellos mártires, la mayoría de ellos anónimos, capaces de morir por su fe, aunque desde algunos sectores de la Iglesia les acusaran de comunistas y traidores y casi justificaran los asesinatos cometidos contra ellos.

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Francisco, el papa de los pobres.

03.11.14 | 10:50. Archivado en Teología

Los Movimientos Populares de todo el mundo, encabezados por tantos cristianos y católicos que se dejan en ellos sus anhelos, han sido, por fin, recibidos en el Vaticano. El Vaticano ha abierto sus puertas a todos los que trabajan por la justicia en las luchas concretas de los pobres. No se trata de organizaciones caritativas que trabajan para los pobres, son los pobres mismos organizados para luchar contra la injusticia que los mantiene postrados, pero que han tomado conciencia de su situación y como cristianos, muchos de ellos, han visto que el Padre de Nuestro Señor Jesucristo no quiere esta situación, la repudia y toma partido por ellos y contra la injusticia. Lo importante de este encuentro de Movimientos Populares en el Vaticano es que por primera vez los pobres organizados son recibidos por un papa. Siempre fueron recibidos los que trabajaban para ellos, hoy lo son ellos mismos. Las palabras de Francisco no dejan lugar a dudas: "este encuentro de Movimientos Populares es un signo, es un gran signo: vinieron a poner en presencia de Dios, de la Iglesia, de los pueblos, una realidad muchas veces silenciada. ¡Los pobres no sólo padecen la injusticia sino que también luchan contra ella!". A partir de ahora, la Iglesia, no solo una parte de ella, la Iglesia, en cuanto sacramento universal de salvación, es la Iglesia de los pobres, no solo la Iglesia para los pobres. Con Francisco los pobres han tomado el Vaticano y ya nunca más la Iglesia será cómplice de los poderosos para silenciar a los pobres en sus legítimas luchas, luchas que son la continuación de los sufrimientos de Cristo, luchas que pretenden bajar de la cruz a los pueblos crucificados en la historia.

El discurso de Francisco no tiene desperdicio y es el indicio de ese cambio que el Espíritu está provocando en el mundo, especialmente en la Iglesia. Francisco se alegra, como Isabel ante María, al ver que los pueblos se ponen en movimiento para alcanzar su felicidad, porque aquello que hace feliz a las gentes, tierra, techo y trabajo, está en cuestión para las inmensas mayorías populares de este planeta. Es de notar que el papa no habla de dar pan, vivienda y medios de vida a los pobres, eso mismo es lo que pretende el altruismo de los poderosos con el fin de dejar incólume el sistema por el que ellos se enriquecen a costa del empobrecimiento lacerante de los pueblos. No, el papa habla de tierra, techo y trabajo, los tres elementos esenciales que permiten a un ser humano considerarse tal en nuestra sociedad. Dicho en otros términos, el papa habla de los medios de producción y reproducción de lo humano. Estos medios deben estar al servicio de las personas y no al servicio del lucro de unos pocos. Por esto, dice Francisco "me van a llamar comunista", sin embargo, afirma el papa, "es la Doctrina Social de la Iglesia", y, afirmo, el corazón del Evangelio y el pensamiento central de los Santos Padres en lo social.

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