Rara Temporum. El blog de Bernardo Pérez Andreo

Murcia, como España, is different.

23.02.17 | 11:23. Archivado en Crisis política

Cada día que pasa se hace más evidente la presencia de la corrupción en la vida pública española. Podemos pensar que la corrupción ha permeado todos los estratos sociales y se ha instalado con profundas raíces en nuestra sociedad, especialmente en la sociedad murciana, a la que pertenezco y de la que me siento cada vez más abochornado, especialmente por el escaso acento que ponemos en limpiar nuestra sociedad de corrupción. Acabamos de contemplar, impávidos, cómo al fiscal jefe se le metía una cabeza de caballo en su cama, casi literalmente, tras imputar a un político, y el resultado ha sido, no la persecución de los delincuentes, sino la destitución del fiscal. Pero no pasa nada, nunca pasa nada en esta tierra murciana, y eso nos hace cómplices a todos de lo que está sucediendo. Esa es la peor de las corrupciones: que aceptemos que es normal que la corrupción campe a sus anchas. Llegados a este punto, la corrupción social es completa y su sanación extremadamente difícil. Habría que extirpar el mal social de raíz, lo que supone una catarsis colectiva. Para que esta catarsis llegue, deberá acontecer una crisis social descomunal que mueva los sólidos cimientos de una sociedad corrompida. Pero, como cada marrano tiene su San Martín, todo se andará y veremos que a la fuerza ahorcan.

Como dijo San Ambrosio "es la avaricia usurpadora la que ha establecido los derechos privados" (De Officiis, I. 28. 132), la avaricia lleva a la apropiación de los bienes comunes y esto es la corrupción. Así ha sucedido en estos últimos treinta años de neoliberalismo usurpador. Los bienes comunes han sido, sistemáticamente, privatizados para beneficio de unos pocos y sus allegados, familiares o amigos. El resultado es una sociedad putrefacta donde no es el mérito el que determina la posición, sino las relaciones personales y de amistad. Se ha creado una amplia red clientelar, de eso sabemos mucho en Murcia, que tiene apesebrados a una amplia capa social con prebendas y distintos beneficios especiales. Con el dinero público se pagan servicios privados que no aportan nada nuevo al bien común. Se destina mucho dinero a sostener sectores económicos que en una verdadera sociedad de libre mercado serían insostenibles, pero se hace bajo la égida de la libertad, en un claro exponente de lo que ahora llaman postverdad. Como explico en La corrupción no se perdona, la corrupción es un mal que atenaza a España desde, al menos, el franquismo, pero ha llegado a su punto álgido con la aplicación de las típicas políticas neoliberales desde los años noventa.

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Murcia, como España, is different.

23.02.17 | 11:23. Archivado en Crisis política

Cada día que pasa se hace más evidente la presencia de la corrupción en la vida pública española. Podemos pensar que la corrupción ha permeado todos los estratos sociales y se ha instalado con profundas raíces en nuestra sociedad, especialmente en la sociedad murciana, a la que pertenezco y de la que me siento cada vez más abochornado, especialmente por el escaso acento que ponemos en limpiar nuestra sociedad de corrupción. Acabamos de contemplar, impávidos, cómo al fiscal jefe se le metía una cabeza de caballo en su cama, casi literalmente, tras imputar a un político, y el resultado ha sido, no la persecución de los delincuentes, sino la destitución del fiscal. Pero no pasa nada, nunca pasa nada en esta tierra murciana, y eso nos hace cómplices a todos de lo que está sucediendo. Esa es la peor de las corrupciones: que aceptemos que es normal que la corrupción campe a sus anchas. Llegados a este punto, la corrupción social es completa y su sanación extremadamente difícil. Habría que extirpar el mal social de raíz, lo que supone una catarsis colectiva. Para que esta catarsis llegue, deberá acontecer una crisis social descomunal que mueva los sólidos cimientos de una sociedad corrompida. Pero, como cada marrano tiene su San Martín, todo se andará y veremos que a la fuerza ahorcan.

Como dijo San Ambrosio "es la avaricia usurpadora la que ha establecido los derechos privados" (De Officiis, I. 28. 132), la avaricia lleva a la apropiación de los bienes comunes y esto es la corrupción. Así ha sucedido en estos últimos treinta años de neoliberalismo usurpador. Los bienes comunes han sido, sistemáticamente, privatizados para beneficio de unos pocos y sus allegados, familiares o amigos. El resultado es una sociedad putrefacta donde no es el mérito el que determina la posición, sino las relaciones personales y de amistad. Se ha creado una amplia red clientelar, de eso sabemos mucho en Murcia, que tiene apesebrados a una amplia capa social con prebendas y distintos beneficios especiales. Con el dinero público se pagan servicios privados que no aportan nada nuevo al bien común. Se destina mucho dinero a sostener sectores económicos que en una verdadera sociedad de libre mercado serían insostenibles, pero se hace bajo la égida de la libertad, en un claro exponente de lo que ahora llaman postverdad. Como explico en La corrupción no se perdona, la corrupción es un mal que atenaza a España desde, al menos, el franquismo, pero ha llegado a su punto álgido con la aplicación de las típicas políticas neoliberales desde los años noventa.

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Murcia, como España, is different.

23.02.17 | 11:22. Archivado en Crisis política

Cada día que pasa se hace más evidente la presencia de la corrupción en la vida pública española. Podemos pensar que la corrupción ha permeado todos los estratos sociales y se ha instalado con profundas raíces en nuestra sociedad, especialmente en la sociedad murciana, a la que pertenezco y de la que me siento cada vez más abochornado, especialmente por el escaso acento que ponemos en limpiar nuestra sociedad de corrupción. Acabamos de contemplar, impávidos, cómo al fiscal jefe se le metía una cabeza de caballo en su cama, casi literalmente, tras imputar a un político, y el resultado ha sido, no la persecución de los delincuentes, sino la destitución del fiscal. Pero no pasa nada, nunca pasa nada en esta tierra murciana, y eso nos hace cómplices a todos de lo que está sucediendo. Esa es la peor de las corrupciones: que aceptemos que es normal que la corrupción campe a sus anchas. Llegados a este punto, la corrupción social es completa y su sanación extremadamente difícil. Habría que extirpar el mal social de raíz, lo que supone una catarsis colectiva. Para que esta catarsis llegue, deberá acontecer una crisis social descomunal que mueva los sólidos cimientos de una sociedad corrompida. Pero, como cada marrano tiene su San Martín, todo se andará y veremos que a la fuerza ahorcan.

Como dijo San Ambrosio "es la avaricia usurpadora la que ha establecido los derechos privados" (De Officiis, I. 28. 132), la avaricia lleva a la apropiación de los bienes comunes y esto es la corrupción. Así ha sucedido en estos últimos treinta años de neoliberalismo usurpador. Los bienes comunes han sido, sistemáticamente, privatizados para beneficio de unos pocos y sus allegados, familiares o amigos. El resultado es una sociedad putrefacta donde no es el mérito el que determina la posición, sino las relaciones personales y de amistad. Se ha creado una amplia red clientelar, de eso sabemos mucho en Murcia, que tiene apesebrados a una amplia capa social con prebendas y distintos beneficios especiales. Con el dinero público se pagan servicios privados que no aportan nada nuevo al bien común. Se destina mucho dinero a sostener sectores económicos que en una verdadera sociedad de libre mercado serían insostenibles, pero se hace bajo la égida de la libertad, en un claro exponente de lo que ahora llaman postverdad. Como explico en La corrupción no se perdona, la corrupción es un mal que atenaza a España desde, al menos, el franquismo, pero ha llegado a su punto álgido con la aplicación de las típicas políticas neoliberales desde los años noventa.

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Spain is different? La corrupción como pecado sistémico de España.

14.01.16 | 15:27. Archivado en Crisis política

Spain is different fue una frase acuñada durante la dictadura para que los turistas se acostumbraran a que existía un país que era en esencia igual al resto de Europa, pero con una leve diferencia, el jefe del Estado era un dictador. Esto en sí mismo ya es un acto de corrupción, pues aceptar como normal una dictadura, que es la corrupción de la política en estado puro, es transigir con un mal en sí mismo. Como todos los regímenes dictatoriales, España vivió una época en que el clientelismo, el amiguismo, el nepotismo, el abuso de discrecionalidad estaban a la orden del día. Las leyes existían, pero su aplicación se restringía a lo que la autoridad considerara. Fruto de aquello se produjo una concentración de la riqueza en una clase social gozante, como diría Miguel Espinosa[1], que había crecido al calor de la dictadura y amasado enormes fortunas. Toda la economía patria se puso al servicio del enriquecimiento de esta clase social afecta al régimen.

A partir de la Transición, España se abre al capital internacional de forma plena, y entran en juego otros intereses. Durante cuarenta años se había creado una economía de semi-autarquía que permitió tener un sector industrial importante, pero la entrada en la escena económica internacional hizo reconvertir la industria, especialmente tras la entrada en la Comunidad Económica Europea en 1986. La reconversión fue brutal y España pasó a integrarse en la división internacional del trabajo; turismo y servicios serían de ahora en adelante los pilares de la economía española. Aquella clase gozante se adaptó a esta nueva circunstancia y empezó a gestionar la política de modo que sus intereses se vieran favorecidos. Aprovechando la gran crisis de principios de los noventa, se empezó a desmantelar el potente sector público: comenzaron las nacionalizaciones de la banca, los sectores energéticos y comunicaciones así como todo lo que pudiera ser rentable. Estas nacionalizaciones se concluyeron a finales de los noventa y, de forma sistemática, las empresas otrora públicas pasaron a manos de los amigos de los gestores políticos, en un acto claro de corrupción institucionalizada.

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Guerras de encargo no, gracias.

25.11.15 | 11:13. Archivado en Crisis política

Recuerdo perfectamente cuando cursaba quinto de EGB y llegaron a clase dos maestros en prácticas. Fue una experiencia magnífica para mí. El maestro de aquél curso, Don Paco (así lo llamábamos, aunque él se empeñara en que le llamáramos simplemente Paco), había organizado un curso en el que el aprendizaje era algo ameno y divertido. Trabajábamos por grupos, pero con objetivos también individuales. Tengo muy buen recuerdo, tanto del maestro como del curso, pero en especial de aquellos maestros en prácticas que nos trajeron las preocupaciones ecológicas con aquellos trabajos manuales: "Nucleares no, gracias". Creo que eso marca bastante y tiene que ver con cómo veo hoy el mundo. Por eso, ante cualquier acontecimiento social me planteo mi posición y no puedo no mezclarme en ello. Hoy nos vemos abocados de nuevo a la guerra, a una guerra que es de encargo. Basta con ver cómo sube la cotización de las empresas armamentísticas. La guerra en Siria no es otra cosa que una guerra de encargo. Por eso hemos de decir (también con el papa) no a la guerra.

Esta guerra empezó en el momento en el que los actores interesados en reconfigurar la geopolítica de la zona armaron y entrenaron a los grupos opositores al régimen de Al-Asad, un tirano genocida que lleva cometiendo sus crímenes muchos años. Primero se organizó una especie de comité de la oposición, pero aquello fracasó en seguida. Sin embargo, la zona ya estaba llena de armas: Estados Unidos, Francia y Reino Unido armaron hasta los dientes a distintas facciones. Arabia Saudí, Qatar y Turquía no se quedaron atrás. Esta situación fue aprovechada por Daesh para ocupar el espacio que los grupúsculos opositores no podían mantener y aunar las fuerzas de oposición. Poco a poco se fueron sumando fuerzas a Daesh y los intereses neocoloniales armaron hasta los dientes a este grupo terrorista. Bien sabemos que los 500 toyotas con los que entraron en Irak fueron artillados en Ucrania y pasaron por Bulgaria y Turquía en 2013. También hemos conocido que en septiembre, Qatar compró a Ucrania misiles tierra-aire americanos para el Daesh y que llegaron por el mismo conducto: Bulgaria y Turquía. Turquía no deja de defender a Daesh, aunque diga otra cosa. El caso del caza ruso derribado lo expone a las claras.

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Cui bono?

18.11.15 | 10:51. Archivado en Crisis política

En latín existe una expresión que indica que cuando quieres establecer la responsabilidad o culpabilidad en un acontecimiento, te tienes que preguntar quien se beneficia del resultado. Cui bono? es la expresión y la pregunta que todo aquél que quiera encontrar respuestas tiene que hacerse, porque, por desgracia, los actos tiene detrás intereses, unos u otros, o muchos a la vez. Sin embargo, esta pregunta no se la hacen habitualmente el común de los mortales. En la sociedad del espectáculo, los medios de comunicación son quienes responden las preguntas aún antes de ser formuladas. Da la sensación de que las respuestas están preparadas antes de que se formulen las preguntas. O, más bien, que se lanzan respuestas para que la gente, después, se haga las preguntas que interesa. Esto mismo ha sucedido con los atentados terroristas del pasado 13 de noviembre en París. Aquella misma noche, aún antes de conocer nada con exactitud, ya teníamos las respuestas: fueron terroristas del Estado Islámico, fue un acto de guerra y hubo colaboración entre gentes de fuera y gentes de dentro de Francia. Tras estas respuestas, la gente podía hacerse libremente las preguntas. Y se las hizo: ¿por qué nos ataca el Estado Islámico, cómo han podido prepararlo y ejecutarlo, quiénes son los culpables en Francia?

Tras estas preguntas, la extrema derecha francesa no tardó en dar nuevas respuestas, que el gobierno francés vendría a corroborar con sus respuestas. Marine Le Pen lo dijo con claridad: el islamismo, se cuida de añadir radical al término, pero eso durará poco tiempo, es el culpable y los refugiados e inmigrantes, aquí añaden ilegales para curarse en salud, son los responsables. Y aquí se cierra el turno de preguntas. La población en estado de schock, atemorizada, acepta de buen grado las respuestas. Los medios de comunicación no cesan de aportar 'pruebas' que demuestran la tesis. Ahora se trata de saber qué hacer, pero esto ya fue respondido por el presidente de la república: estamos en guerra y atacaremos al Estado Islámico. Dicho y hecho, al día siguiente los cazas franceses bombardean Raqqa, una ciudad de 200 mil habitantes controlada por el ISIS. Así, sin distinción. Las informaciones confirman lo que temíamos, que la población civil de la ciudad también sufre las consecuencias y mueren inocentes que lo son en la misma medida en que lo eran los franceses asesinados en París. Con su 'acto de guerra', Francia se pone al mismo nivel que los terroristas, pues lleva el terror a una población que, en parte, sufre la opresión del ISIS y no los apoya.

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El hombre más riquiño del mundo

28.10.15 | 12:53. Archivado en Crisis política

Como en el pasaje del Evangelio en el que el rico acostado por la noche sólo piensa en cómo aumentar su riqueza durante el día, nuestro ínclito conciudadano Ortega, de nombre Amancio, no cesa de pensar cómo ser el mucho más rico de todos los ricos, pues ya es, oficialmente, el más rico del mundo según Forbes. 72.000 millones de euros lo avalan. Una cifra que supera por sí sola a la suma de la riqueza de más de la mitad de los países del mundo. Él solo, posee más riqueza que el 10% de la población mundial. Un ser humano, uno solo, tiene más medios de vida que 700 millones de seres humanos, cohabitantes del mismo mundo. Un mundo que en principio no está hecho para nadie en particular, sino que quiso Dios, así lo indica la Sagrada Escritura, que fuera para todos sus hijos. La tierra es mía, dice el Señor. Y, en otro lugar, ¡Ay de los que juntáis casa con casa y campos con campos sin dejar sitio para nadie! Pues, este rico, ya se sabe lo que dice el Evangelio sobre los ricos y el Reino de Dios, junto a sus correligionarios de fe en la riqueza, juntan casas con casas, campos con campos, empresas con empresas, leyes con leyes y dinero con dinero, hasta no dejar sitio para nadie en este mundo. Su desmesura, su hibris, les lleva a no reconocer límites a la codicia. El último reducto para su afán diario es la conciencia de la gente. Porque los poderosos de las naciones las oprimen y se hacen llamar benefactores, como dijo Jesús a sus discípulos. Necesitan que se les alabe por su riqueza, necesitan comprar voluntades.

Cada año, por las mismas fechas que se publica el aumento de su riqueza, el ciudadano Ortega hace coincidir una donación generosa a alguna entidad benéfica, con ello consigue atenuar el efecto que produce su posición de mega rico. Pero, este año se ha superado, su donación ha sido a la misma sanidad pública gallega, desmantelada por las políticas privatizadoras que hurtan el bien común para beneficio de unos pocos. Ha donado 17 millones de euros, el 0,04% de su riqueza. Cualquier asalariado católico medio, que done 3 euros a su parroquia está dando el doble que Amancio Ortega. Así es la desmesura de las cifras. Nos encandilan 17 millones porque lo comparamos con lo que tenemos nosotros (24000 euros de sueldo bruto medio), pero debemos compararlo con lo que tiene el donante. Entonces resulta una cantidad ridícula, es pura y simple calderilla para el ciudadano Ortega, pero una calderilla que le reporta enormes beneficios. Es decir, no es ningún sacrificio para él, al contrario, lo suma a los gastos de publicidad. Es más, lo puede deducir de su declaración de hacienda, pues es una donación benéfica que reduce el 25% de la cuota donada. El ciudadano Ortega sabe muy bien lo que hace. Pero, hay más.
La donación no es gratis. Son 17 millones para financiar el alquiler de equipos avanzados de radiología que la Xunta ha alquilado a dos empresas punteras del sector y que cuesta 11 millones el renting al año. El contrato ha sido firmado por 8 años, por lo que el coste para la sanidad pública será de 88 millones, de los que Ortega financia sólo 17. En último término, este dinero que dona sirve para que la Xunta pueda hacer frente a los primeros pagos del renting y avanza en el proceso de lo que llaman colaboración público privada, que no es otra cosa que una pura y simple privatización de la gestión sanitaria y de los servicios prestados.

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Recuperar la soberanía

22.06.15 | 10:09. Archivado en Crisis política

En el mundo financiero dedican más tiempo a idear nuevas nomenclaturas que ha crear nuevas formas de expoliar al planeta. Saben perfectamente que si llaman a las cosas por su nombre la gente no las va a aceptar, incluso ellos mismos sentirían vergüenza de lo que hacen. Un ejemplo es lo que idearon para enriquecerse con hipotecas cuando ya no había forma racional de hacerlo. Crearon unos instrumentos financieros que consistían en hacer paquetes con hipotecas de distinta calidad y las vendieron con la acreditación de máxima calidad. Cuando se encontraron con una cantidad enorme de hipotecas con alto riesgo de impago (lo cual no deja de ser un eufemismo, pues se dieron hipotecas con la conciencia de que no serían pagadas para desahuciar al hipoteca y revender la vivienda), lo que hicieron es inventarse un nombre rimbombante como vehículos de crédito garantizado para vender lo que no era sino pura basura financiera. En un mismo paquete había una hipoteca buena, una regular y una mala. Se vendía con la calificación de la buena, pero dentro estaba el gato muerto. Cuando llegó el momento, se destapó todo y el sistema colapsó. La verdad se impone a cualquier ejercicio de juego lingüístico.

Desde que colapsó el sistema financiero con sede en Wall Street, los tiburones de las finanzas se pasaron a la bolsa de Chicago, donde se juega con los valores de las commodities: materias primas, energía y alimentos. Desde 2008 se ha disparado una carrera para encontrar la manera de recuperar el dinero perdido en Wall Street y aumentar las ganancias. Lo han encontrado en los alimentos. Se dijeron entonces: "que hay seguro en el mundo, que la gente querrá comer. Los alimentos son el futuro", y se lanzaron a especular con alimentos. Pero eso tenía un límite: no puedes matar a la gente de hambre. Te puedes enriquecer hasta cierto punto, por eso han ideado otro modelo. Se trata de acaparar las tierras de cultivo de los países empobrecidos por siglos de colonialismo y políticas de dominación, pero enormemente ricos en recursos naturales y con mano de obra a precio de saldo. Nigeria, Etiopía, Sudán, República Centro Africana, Mozambique, Lesotho y un rosario de países de Asia y América. Es lo que conocemos como Land grabbing, acaparamiento de tierras.

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El voto oculto de las encuestas

26.05.15 | 12:00. Archivado en Crisis política

Si algo nos han dejado claro estas elecciones municipales y autonómicas es que las cocinas de las empresas encuestadoras no han sabido sazonar correctamente sus platos. Mientras los datos brutos, la intención directa de voto, decían una cosa, ellas se empeñaban en la contraria. No sabemos si eso se produjo por una mala praxis o por una desviación ideológica. Poco antes de las elecciones, el diario La Razón daba una encuesta en la que el PP salía reforzado en todas sus lides. De haber acertado, hoy no estaríamos hablando de una estruendosa derrota del partido hegemónico aún en el gobierno. ABC hizo tres cuartos de lo mismo, aunque matizando la apuesta y suavizando la cocina de sus encuestas. Al final va a ser cierto que las encuestas las gana quien las paga. A día de hoy, los responsables de esas encuestas deberían hacer propósito de enmienda y corregir los aliños con los que cocinan sus resultados. De lo contrario, no podremos creernos más sus vaticinios y nos quedaremos con los datos puros y simples. Visto lo visto, cualquiera puede cocinar las encuestas, sólo necesitamos que no nos escondan los datos brutos. Por eso, la mejor encuesta es la del CIS, al menos en ella tenemos los datos y nosotros mismos podemos cocinarlos.

Según la intención directa de voto, la opción mayoritaria en la mayoría de encuestas era la que estaba relacionada con el cambio que propone Podemos y las distintas realidades que se le asemejan en las comunidades autónomas y municipios. Sin embargo, las encuestas se publicaban con victoria para las opciones de continuidad, como fue el caso de Barcelona, Madrid, Andalucía, Castilla La Mancha, incluso Valencia. El error garrafal de tales empresas fue confundir la realidad con sus deseos. Se escudan en que debe existir un gran voto oculto al PP, pues la gente tiene un recuerdo de voto inferior y eso indicaría que está ocultando que votará efectivamente al PP. No ha habido tal. Yo creo que el cambio en el voto es algo casi traumático y la gente prefiere olvidar antes que ser verdaderamente consciente, no quiere reconocerlo. Aquí en Murcia el PP ha perdido el 40% de sus votos, 150.000, una barbaridad, pero seguirá gobernando en minoría. Para algunos es un desastre que todavía gane las elecciones, pero hay que pensar en lo que le ha costado a toda esa gente no votarle. Creo que el proceso es irreversible y que los que ya han cambiado su opción de voto a Ciudadanos y los que se han quedado en casa no volverán, pues no tienen motivos para ello. En noviembre es probable que el PP sea derrotado en Murcia por primera vez en 20 años.

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Cáritas y la recuperación de la política

14.05.15 | 10:47. Archivado en Crisis política

Desde hace 30 años, desde que se impusieron las medidas neoliberales en todo el planeta, vivimos un desprestigio de la política auspiciado desde las mismas instancias políticas. Es lo que se conoce como pospolítica, una situación en la que las decisiones que gobiernan los Estados no son tomadas por las instancias legítimas según el orden social nacido de las revoluciones burguesas, sino que se aplican al modo de gestión de las empresas. Especialmente sucede esto en el ámbito económico, donde existe un consenso muy extendido por el que la economía sería una ciencia seperada del orden social, autónoma; sólo un pequeño grupo de expertos puede tomar medidas que se ajustan a esa ciencia, presentada casi como si se tratara de una simple deducción axiomática. Hay paro y crisis, pues aplíquense reformas estructurales que abaraten el despido y desregulen el mercado laboral. Desde esa perspectiva, los eventos económicos son casi acontecimientos meteorológicos; hay que aceptarlos tal como vienen y sufrir las consecuencias. La política nada tiene que decir en estos casos. Es más, cuando los políticos meten sus manos en los asuntos económicos es para peor, el ejemplo que nos ponen es el de las Cajas de ahorro. Sin embargo, resulta curioso que hablen así los mismos responsables políticos de su destrucción. Ha sido desde una ideología muy concreta y en lugares muy específicos, Madrid, el Levante español, desde donde se ha saqueado a espuertas los público y luego se ha utilizado ese saqueo para justificar su privatización. Así ha sucedido en las Cajas de ahorro, pero también en la Sanidad y ahora en la Educación.

Todo esto es causa de la ideología neoliberal que propugna la pospolítica. Nos ha convencido de que dejar a los criterios del mercado privado lo público es la única opción. Si hay errores, siempre serán menores que los que cometan los políticos. Curiosamente, los peores de los políticos pertenecen a esa misma ideología neoliberal, sea en su facción liberal-conservadora o social-liberal. De una u otra forma, los principales partidos de este país han adoptado esa ideología y la han aplicado sistemáticamente desde hace 22 años; de aquellos polvos... Sí, son esas mismas políticas que no creen en lo público las que han asaltado las administraciones para llevarse a manos llenas cuanto han podido, sea con mordidas, con contratos amañados, con externalizaciones o con privatizaciones. Tras el saqueo venía la justificación de la ineptitud de lo público y la consiguiente deslegitimación de los bienes comunes, que son los únicos que pueden construir una sociedad. Resulta lacerante que se destruya lo social en nombre de un supuesto bien común que no es más que el latrocinio sistemático de una élite social y sus subalternos. Sin embargo, ha sido la Iglesia católica la que ha mantenido en alto el pabellón de lo público, de los bienes comunes, de la política.

Quizás no haya sido la Iglesia oficial e institucional, pero sí lo ha sido por medio de gentes y grupos que la representan. La Doctrina Social de la Iglesia propugna el Bien común como el garante de lo social y atribuye a los poderes públicos su protección y promoción, estableciendo unos servicios sociales suficientes para garantizar los derechos humanos. Durante los años peores de la crisis ha sido Cáritas, con sus Informes Foessa, la que ha sostenido la política en España. Cuando tantos la han denigrado, incluso en medios de comunicación que pertenecen a la Iglesia, Cáritas propone, como fondo de sus análisis, una recuperación profunda de la política como medio de reconstruir una verdadera sociedad humana. Han sido las políticas neoliberales las causantes del destrozo social padecido y no es posible cambiar esto si no se modifican esas políticas. Para ello es imprescindible transformar la perversión moral inducida en la ciudadanía por la que los ciudadanos acabamos aceptando la inmoralidad de basar nuestra vida en la promoción económica como única realidad posible de construir lo común. Lo común sería algo así como un espacio de lucha por el enriquecimiento a costa de lo que fuere, sea el medio natural o los otros conciudadanos.

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Votemos por el decrecimiento

06.05.15 | 10:51. Archivado en Crisis política

A estas alturas de la película no debería quedar ninguna duda de que es imposible seguir como hasta ahora. El modelo de sociedad basado en el productivismo extractivista y despilfarrador de recursos se ha agotado, tanto a nivel moral como a nivel económico. Hay una sencilla ley económica que nadie puede evitar, es algo así como la ley de la gravedad. Se llama ley de rendimientos decrecientes, por la cual, el rendimiento obtenido en la producción es cada vez menor. Aumentando las unidades de trabajo invertidas no se obtiene mayor rendimiento, sino menor. Esta ley económica, en el fondo, tiene su base en una ley física, la segunda ley de la termodinámica, por la cual, todo sistema termodinámico, y la economía lo es, maximiza la entropía, es decir, la parte de energía que no puede usarse para generar trabajo. He aquí la unidad entre ambas leyes, la física y la económica. Todo sistema tiende a generar entropía y ésta mide la pérdida de la posibilidad de generar trabajo, por tanto, con el paso del tiempo la economía tiende a ser menos productiva, hagamos lo que hagamos, es una ley física que no puede ser violada.

Hasta el siglo XXI se ha aumentado la productividad del trabajo mediante la mecanización, en primer lugar, y la informatización después. Una vez llegado el sistema económico a la globalización plena, como sucede hoy día, es imposible seguir aumentando la productividad total. Los aumentos de productividad parciales se deben a los detrimentos de productividad en otros sectores o lugares. Se trata de un juego de suma 0, lo que unos ganan otros lo pierden. Ya no es posible extraer nuevos recursos que aumenten la producción a costes mínimos; tampoco lo es incrementar la productividad laboral de los trabajadores si no es aumentando la jornada laboral. Al final, lo que tenemos es que el modelo social capitalista, basado en el productivismo extractivista y el despilfarro de recursos, ha llegado a los límites físicos del Planeta Tierra. No puede ir más allá, por eso ha entrado en crisis sistémica, porque no puede seguir con la reproducción ampliada del capital. Por eso era imprescindible para el capitalismo acabar con el Estado Social que protege a sus ciudadanos. Ese lucro cesante que era el dinero destinado a cubrir las necesidades de los ciudadanos, hay que dedicarlo a cubrir las pérdidas en la Tasa de Ganancia del Capital. El límite estriba en qué nivel de miseria es capaz de soportar la ciudadanía, pues la Tasa de Ganancia sigue hacia abajo empujada por los rendimientos decrecientes y los límites fijos de reproducción del capital.

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Iglesia, ¿servidora de los pobres?

30.04.15 | 10:48. Archivado en Crisis política

Con un cierto retraso, la Conferencia Episcopal Española pone su reloj en hora con Francisco. Han sido casi tres años de evitar tomar las indicaciones que el nuevo pontificado estaba dando con toda claridad sobre la dimensión social de la Iglesia. Hemos podido ver, con dolor, cómo 'la Iglesia que peregrina en España' daba la espalda al sufrimiento de tantos millones de hombres y mujeres que han sufrido las consecuencias de la mal llamada crisis económica. La era Rouco, que tan mal epílogo ha tenido, no dejaba de emponzoñar la visión de la jerarquía patria sobre la situación social, económica y política, manteniendo las amarras con las políticas y los políticos responsables de esta catastrófica situación, que tiene tanto de inmoral como de injusta.

El documento que firma la Conferencia Episcopal, "Iglesia, servidora de los pobres", tiene la virtud de recoger los análisis sobre la crisis económica de Evagelii Gaudium y entonar un mea culpa, como vemos en el número 56 del documento:

“He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas”, dijo el Señor a Moisés (Ex 3,7). También nosotros Pastores del Pueblo de Dios hemos contemplado cómo el sufrimiento se ha cebado en los más débiles de nuestra sociedad. Pedimos perdón por los momentos en que no hemos sabido responder con prontitud a los clamores de los más frágiles y necesitados.

Efectivamente, la jearquía de la Iglesia, que no la Iglesia, no ha sabido responder al clamor de los excluidos. La Iglesia, por medio de Cáritas y sus Informes, sí ha sabido mantener con firmeza la crítica profética que mana del Evangelio, pero la jerarquía no ha estado donde debía, haciendo, quizás, real politik o encerrándose en una perspectiva individualista y reduccionista de la fe, lo cual no hace sino matar la fe y acabar con la posibilidad de llevar a cabo la tarea fundamental de la Iglesia, que no es otra que el Reino de Dios.

Muchos, al oír esta expresión, Reino de Dios, tuercen el gesto, recelando que quien lo expresa está marcado por el reduccionismo sociologista, como tantas veces se ha insinuado desde cierta perspectiva magisterial. Pero, si la Iglesia renuncia a construir el Reino de Dios aquí y ahora, ¿qué papel debe jugar la Iglesia? ¿Acaso la Iglesia debe limitarse al anuncio de un supuesto Reino ultramundano o meramente moral, espiritual en el sentido de la antigua fuga mundi? No. El Reino de Dios debe ser liberado de las concepciones gnósticas, docéticas y puritanas que durante muchos siglos se le han adherido en la Iglesia. Con las investigaciones sobre el Jesús histórico, especialmente con la Third Quest, podemos y debemos liberar la concepción original que leemos en los Evangelios. Como bien lo expresa Warren Carter, en el contexto del Imperio romano, el Imperio de Dios (traducción más exacta que Reino de Dios), se opone al Imperio romano, a cualquier Imperio. Por tanto, se trata de una realidad social, económica, política y, por supuesto, religiosa, irreductible a dimensiones meramente espiritualistas o a categorías morales. Se trata de un todo que no puede ser escindido sin destruirlo; es una realidad global que busca crear las condiciones de fraternidad, solidaridad y justicia social. Así lo entiende Francisco en el número 180 de Evangelii Gaudium:

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