Rara Temporum. El blog de Bernardo Pérez Andreo

El voto católico y la utopía capitalista

29.01.19 | 13:13. Archivado en Acerca del autor

Hace unos días publicaba un magnífico artículo Juan Manuel de Prada en su columna en El Semanal titulada Sirviendo al mismo amo. En la línea de la argumentación de Chesterton en La utopía capitalista, pretende avisar a los católicos contra los cantos de sirena del capitalismo y el liberalismo (hoy neoliberalismo) a través de la estratagema de mostrar con una mano los temas que preocupan a un votante católico conservador: aborto, familia, tradición, etc., mientras que en realidad aplican un programa ultraliberal que destruye esos mismos valores que dice defender. Las políticas del neoliberalismo, capitalistas por tanto, son las causantes de la destrucción antropológica, no las de corte marxista. Así lo dice de Prada: "El triunfo del capitalismo, de hecho, se funda en esa «perpetua adaptación» de los hombres al divorcio, al aborto, al desprestigio de las virtudes domésticas, a la lucha de sexos, a las políticas de género. El triunfo del capitalismo no sería, en fin, ni siquiera concebible sin el sometimiento de los pueblos a sus destrozos antropológicos". Los pueblos han sido sometidos a los parámetros del modo de producción capitalista, que requiere individuos dóciles y para ello separados de la comunidad familiar y social y expuestos a los furibundos ataques de una sociedad individualista marcada por el consumismo y el productivismo. Solo el ser humano que ha perdido sus vínculos puede ser sometido, y eso es lo que ha conseguido el capitalismo neoliberal.

Creo que recojo el sentido del texto de Juan Manuel de Prada cuando afirmo que el problema de los votantes católicos en los próximos comicios va a ser que su voto, sin quererlo, servirá para destruir los valores que tanto aman. Los votantes conservadores católicos han venido llenando las urnas del PP con mayor o menor entusiasmo. En los últimos tiempos lo han hecho a desgana, como mal menor, "tapándose la nariz", decían algunos. Lo hacían con la honestidad de quien no ve otra opción. Eran los tiempos en los que la corrupción del PP avergonzaba al votante católico, pero no le quedaba más opción que apoyar a ese partido para que no avanzaran los enemigos de la familia: socialistas, comunistas o podemitas. Algunos, incluso, llegaron a plantearse votar a Ciudadanos, pero pronto vieron que ese partido es tan enemigo de la familia como los otros; sus posiciones sobre el aborto, los vientres de alquiler y las nuevas familias no dejan lugar a dudas. Incluso, ahora, tienen la opción de Vox como medio para tirar del PP hacia posiciones más tradicionales. Sin embargo, como bien ha alertado de Prada, este tripartito de facto que se está configurando en España es neoliberal, no conservador.

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Ojos nuevos para un mundo nuevo

24.01.19 | 12:24. Archivado en Acerca del autor

Ojos nuevos para un mundo nuevo es el título que Antonio López Baeza puso a un libro suyo reciente, publicado en Desclée. Con el especial tino que tenía para los títulos, este libro atisbaba una realidad que es imprescindible en la hora presente: sin una forma nueva de ver el mundo será imposible que ese nuevo mundo exista. Dicho de otra manera: necesitamos una capacidad de percepción renovada para poder construir un mundo donde todos los seres humanos podamos vivir en fraternidad. Como nos dice el Evangelio, hay que nacer de nuevo, porque el que vive atrapado en lo viejo está atascado en ello y no puede alzar la mirada para barruntar otro modo de vivir, de sentir, de estar en el mundo.

A una semana de la muerte de Antonio, vienen muchos recuerdos a mí de conversaciones mantenidas durante los últimos años especialmente, seguramente es parte del duelo, de la asunción de la pérdida, recordar a cada paso esta o aquella expresión que creíamos olvidada. La antropología cultural nos enseña que los procesos de duelo son un momento catártico que permite asumir la muerte como estructura de la vida sin que nos rompamos interiormente. Esa asunción me hace revivir momentos concretos en los que hablábamos sobre la deriva de un mundo al que yo he llamado en quiebra en un libro de 2011 y sobre el que Antonio tenía algunas reservas. Lo discutimos bastante, porque él entendía que lo nuevo se abre camino siempre desde lo viejo. Mi percepción entonces, agudizada ahora, es mucho más pesimista. Creo que el mundo lleva una derrota, en sentido marinero, que apunta hacia una destrucción de las estructuras que hasta ahora han permitido la existencia de lo humano. Los acontecimientos de los años que nos separan de 2011, cuando escribí aquello, no hacen sino confirmar tanto el diagnóstico como el resultado previsible. Sin embargo, Antonio, con su mirada esperanzada y confiada en el Dios que ama este mundo y a cuantos lo habitamos, era capaz de ver señales de humanidad que pueden salvarnos. Como gran lector de Hölderlin, decía que donde está el peligro anida la salvación.

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Gracias por Antonio López Baeza

10.01.19 | 11:47. Archivado en Acerca del autor

HAY en mi tierra un milagro

que hace enmudecer al cielo...

¡El almendro florecido

en el corazón de enero...!

De A la sombra de los almendros en flor (Inédito)

Antonio López Baeza ha completado su vida en plenitud este 10 de enero de 2019, como le gustaba a él, bien temprano, a las seis de la mañana, de una mañana de enero en las que solía ir a contemplar la floración del almendro, el milagro renovado cada año que nos habla de una realidad más profunda que penetra la vida y la muerte: la resurrección. No ha querido perderse la floración este año tampoco, pero ha preferido asistir a su propia floración. Su cuerpo, ya desvencijado por la edad y los dolores, cual tosco tronco de almendro, ha dado la más bella flor que pudiéramos contemplar: acostado en su cama, con los brazos apoyados tras la nuca, con la sonrisa clara, como si contemplara ya definitivamente los glaucos campos florecidos de la casa del Padre. Con el gozo de quien sabe que todo está cumplido, nos ha dejado para abrazar la belleza sin término en el abrazo que no acaba.

1. Nos ha legado una obra, pero antes que todo una vida; vida y obra son una sola cosa en Antonio, para él escribir es vivir y vivir es escribir. No hay hiato posible. La escritura hace patente lo que en la vida está en estado de latencia; mediante las palabras emborronadas, el ser va siendo, se hace consciente de sí y cobra, recobra, la plenitud marcada en el origen por la voluntad amorosa de Dios, que nunca quiso crearnos sin contar con que nosotros tomáramos parte en nuestra propia recreación constante y diaria de nuestra vida como proyecto de sentido y más allá del sentido. La escritura, como epílogo de la lectura y prólogo de la propia vida, se convierte en un palimpsesto inacabado. Otros escribieron antes y otros escribirán después, borrando lo escrito y escribiendo sobre lo anterior, en un constante tejer y destejer a la espera de la vuelta del Amado.

Escribir, arar los surcos del sentido, es, en Antonio, tejer la propia vida en el telar de la humanidad con los hilos sueltos del pasado lanzados al futuro para que las generaciones venideras mantengan la llama de la esperanza del ser más profundo: la fraternidad universal. Escribir, restañar las heridas de la propia existencia, es saldar la deuda universal con los que fueron y pasar el testigo a los que nos esperan, confiando en Dios como garante último de la existencia, y trabajando como si todo dependiera de nosotros. Escribir, hollar el tiempo dejando la estela de lo sido es dejar el rumbo a otros náufragos sin esperar permanecer más allá de la propia experiencia, sabiendo que en todo hombre se vive, en cada experiencia humana con anhelos de universalidad, que en cada abrazo está presente el amante eterno en el que nos fundimos entrelazados.

Escribir, vivir, pero nunca morir, porque la muerte es la existencia inauténtica de los que no han sabido vivir como hermanos en medio de un mundo que es, siempre y solo, don absoluto, y, por tanto, deuda por saldar, que no amortizar. Por eso mismo, vivir es abrazar cuanto ha sido puesto ante mí para conferirle mi propia impronta y convertirlo en oblación; hacer de la propia existencia una acción de gracias que responde a la invitación a la vida que se hizo al venir a este mundo. Dar gracias, vivir y escribir son, en Antonio, momentos distintos de un mismo movimiento interior de respuesta al amor primero.

2. Vivir en el abrazo es borrar la grieta que en el ser se hizo al venir al mundo, es restañar la herida del origen por la que la pequeñez del ser recién nacido se ha hecho un hueco en la inmensidad del Universo. Vivir en el abrazo es superar la separación y encontrar la unidad en lo que nos divide y separa, mas nunca nos deshace en la indiferencia. En el abrazo, cada ser sigue siendo único, sigue existiendo como lo que es, pero en plenitud. La poesía de Antonio es la expresión temporal indeleble del abrazo como categoría existencial. Todos sus versos, cada una de sus palabras, destilan la unidad que su ser emana con naturalidad y empujan al lector a hacerse uno con él, uno con la humanidad, uno con Dios.

3. El abrazo es sacramento porque expresa eficazmente lo que Dios mismo ha mostrado de su ser: la comunión amorosa, la entrega incondicionada, el don gratuito, la fruición del abandono en el otro. Ahí es como Dios puede ser experimentado por el hombre en todas las dimensiones que lo constituyen como hijo de Dios y por eso el abrazo es la imagen más perfecta y a la vez la profecía de la amistad más incondicional que el hombre pueda esperar.

El ser sacramental del abrazo viene también expresado en su misma materialidad. En el origen, sacramento identificaba las dos partes separadas de un pacto firmado. Al reunirse ambas partes se reconstituía el pacto; al reunirse varios hombres en el abrazo se reconstituye el pacto originario, se cierra la herida primitiva, se clausura la soledad inmensa del ser venido a este mundo y necesitado de comunión. El abrazo, sacramento de la unidad divina, expresa la necesidad antropológica de unión con lo que nos rodea. Por ello, también, el abrazo es el pago de la deuda con la vida, con el mundo, con la naturaleza, con la historia, con los hombres, con Dios.

Si algo debe ser considerado el núcleo fundante de la vida y obra de Antonio López Baeza es Jesús de Nazaret. Él es la inspiración constante de su vida y de su obra escrita. En él ha encontrado el fondo sereno do mana la fuente pura de su existencia. Jesús es su modelo único, aquel que desde niño se convirtió en líder de su alma infantil, ídolo del adolescente que buscaba, modelo de vida en la madurez, modelo único de toda la existencia, repite una y otra vez. Porque Jesús es la sencillez más pura, la naturalidad sin doblez, la transparencia máxima de Dios en la Humanidad Peregrina. Volver a Jesús, volver a Nazaret, este es el lema de la experiencia vital y creyente de Antonio, esta es su forma de saldar la deuda, de abrazar a la humanidad y en ella a Dios mismo que se hace hombre en el corazón de cada ser humano que se abre al misterio del otro y se entrega en cada gesto, en cada acto, en cada obra. Volver a Nazaret será el camino seguro para la Iglesia, a la que tanto ama Antonio y por la que tanto llora Antonio, porque en la Iglesia, prefiguración de la humanidad unida en la fraternidad universal, los hombres tienen su plenitud de hijos.

Dejo aquí los que son con toda probabilidad los últimos versos escritos por Antonio y que resultan un epitafio de su existencia:

Saber que he de morir,

sin duda, en breve.

Y esperar que, en lo eterno

que nuestra fe promete

-en el abrazo universal con Dios-,

¡tú y yo seamos presentes!

De Una amistad verdadera (Inédito)


Viernes, 22 de febrero

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