Rara Temporum. El blog de Bernardo Pérez Andreo

Jesús, ¿el bastardo?

14.12.18 | 11:55. Archivado en Acerca del autor

No hace mucho que llegó a mi escritorio una obra que va a dar mucho qué hablar: La invención de Jesús, de Fernando Bermejo Rubio, probablemente el historiador sobre Jesús más incisivo en el panorama mundial. En Carthaginensia, revista del Instituto Teológico de Murcia, saldrá una recensión amplia con mi crítica a la obra, pero ahora me interesa recoger un aspecto de su propuesta que es del máximo interés para la investigación. Con gran tino, Bermejo desmonta la valía de los famosos y caducos "criterios de historicidad" que hasta no hace mucho han servido para determinar qué era histórico en los relatos evangélicos. Son criterios como el de atestación múltiple, el de dificultad, el de rastro del arameo, etc., que surgieron con la intención de rastrear los hechos históricos verídicos que se ocultan tras los escritos evangélicos, que bien sabemos que responden a un momento histórico distinto al de Jesús, cincuenta años posterior al menos, y a las preocupaciones de las comunidades que los crearon y para los que fueron escritos. Bermejo sustituye estos criterios por lo que denomina como paradigma indiciario. Se trata de un método más apropiado para intentar rasgar el velo que oculta la historia tras los textos. Dos elementos hay en este paradigma. El primero es el patrón de recurrencia, que una idea se repita en un mismo evangelio o en varios de ellos. Si esta idea se repite tiene visos de verosimilitud histórica. Ahora bien, esta idea debe ser coherente con el contexto histórico que conocemos de la Palestina del siglo I. El segundo es el material embarazoso que a pesar de serlo está manifiesto en el texto, como pudo ser la crucifixión o el bautismo de Jesús en el Jordán para el perdón de los pecados.

Acabo de citar los dos ejemplos más claros de indicios que nos hablan de hechos históricos con toda seguridad. Son dos hechos recurrentes en los evangelios, en los cuatro, y son hechos embarazosos, problemáticos. Una vez separado el cristianismo del judaísmo tras la destrucción del Templo por los romanos, no tenían ningún incentivo para presentar a Jesús como lo que fue, un subversivo ajusticiado por Roma en la cruz. Además, iniciado el proceso de divinización en las comunidades se hacía difícil comprender porqué Jesús fue bautizado por Juan en un bautismo para el perdón de los pecados. Luego, estos dos hechos son absolutamente históricos. A partir de estos hechos seguros, podemos ir reconstruyendo otros que, si además cumplen con la recurrencia, con el contexto y con la problematicidad, nos permiten crear una imagen real del Jesús histórico. Hay bastantes indicios de este tipo, pero quiero centrarme ahora en uno que a mi modo de ver arroja mucha luz sobre el proyecto de Jesús, el Reino de Dios. Se trata del nacimiento de Jesús como hijo ilegítimo.

>> Sigue...


Jesús, ¿el bastardo?

14.12.18 | 11:54. Archivado en Acerca del autor

No hace mucho que llegó a mi escritorio una obra que va a dar mucho qué hablar: La invención de Jesús, de Fernando Bermejo Rubio, probablemente el historiador sobre Jesús más incisivo en el panorama mundial. En Carthaginensia, revista del Instituto Teológico de Murcia, saldrá una recensión amplia con mi crítica a la obra, pero ahora me interesa recoger un aspecto de su propuesta que es del máximo interés para la investigación. Con gran tino, Bermejo desmonta la valía de los famosos y caducos "criterios de historicidad" que hasta no hace mucho han servido para determinar qué era histórico en los relatos evangélicos. Son criterios como el de atestación múltiple, el de dificultad, el de rastro del arameo, etc., que surgieron con la intención de rastrear los hechos históricos verídicos que se ocultan tras los escritos evangélicos, que bien sabemos que responden a un momento histórico distinto al de Jesús, cincuenta años posterior al menos, y a las preocupaciones de las comunidades que los crearon y para los que fueron escritos. Bermejo sustituye estos criterios por lo que denomina como paradigma indiciario. Se trata de un método más apropiado para intentar rasgar el velo que oculta la historia tras los textos. Dos elementos hay en este paradigma. El primero es el patrón de recurrencia, que una idea se repita en un mismo evangelio o en varios de ellos. Si esta idea se repite tiene visos de verosimilitud histórica. Ahora bien, esta idea debe ser coherente con el contexto histórico que conocemos de la Palestina del siglo I. El segundo es el material embarazoso que a pesar de serlo está manifiesto en el texto, como pudo ser la crucifixión o el bautismo de Jesús en el Jordán para el perdón de los pecados.

Acabo de citar los dos ejemplos más claros de indicios que nos hablan de hechos históricos con toda seguridad. Son dos hechos recurrentes en los evangelios, en los cuatro, y son hechos embarazosos, problemáticos. Una vez separado el cristianismo del judaísmo tras la destrucción del Templo por los romanos, no tenían ningún incentivo para presentar a Jesús como lo que fue, un subversivo ajusticiado por Roma en la cruz. Además, iniciado el proceso de divinización en las comunidades se hacía difícil comprender porqué Jesús fue bautizado por Juan en un bautismo para el perdón de los pecados. Luego, estos dos hechos son absolutamente históricos. A partir de estos hechos seguros, podemos ir reconstruyendo otros que, si además cumplen con la recurrencia, con el contexto y con la problematicidad, nos permiten crear una imagen real del Jesús histórico. Hay bastantes indicios de este tipo, pero quiero centrarme ahora en uno que a mi modo de ver arroja mucha luz sobre el proyecto de Jesús, el Reino de Dios. Se trata del nacimiento de Jesús como hijo ilegítimo.

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