Rara Temporum. El blog de Bernardo Pérez Andreo

A weak Secularization

01.02.18 | 10:32. Archivado en Acerca del autor

El debate sobre la secularización ha llegado a un punto de equilibrio. Tras dos décadas de fuertes choques entre posiciones diferentes, y de sonados cambios de parecer en algunos pensadores (véase la postura de Berger 2016), parece que podemos hacer un pequeño balance y afirmar que la secularización es un proceso histórico vinculado a la Ilustración, pero no tanto a la modernidad, pues existen varias modernidades y no todas ellas incluyen un proceso de secularización en sentido estricto, aunque sí algunos de los aspectos que José Casanova (2006:7; 2012:23) diferencia.[1] Por este motivo, la secularización está vinculada al proceso de diferenciación de esferas en la modernidad, de tal modo que la religión pierde la influencia omnímoda de que gozaba en el mundo premoderno y deja de ser el dosel sagrado (Berger) que da sentido a toda la existencia. Los hombres satisfacen su búsqueda de sentido, si la hay, mediante el recurso a criterios no puramente religiosos. Estamos hablando de una secularización en sentido débil. Dicho a modo de título: a weak Secularization.

Esta secularización débil sí sería aplicable a prácticamente todos los países o realidades, aunque siempre habría excepciones, como es el caso de algunos países musulmanes donde la religión aún conserva influencia en las decisiones públicas y en las conciencias de las personas, o en Estados Unidos, un país que ya no puede ser considerado la excepción que era en otros tiempos, pero que sigue conservando zonas de amplia influencia de la religión en las conciencias y en la vida pública. Como explican Voas y Chaves (2016), menos influencia cuanto más al norte y más cerca de la costa; más influencia en zonas rurales y menos en zonas urbanas, constatándose así el mismo proceso que en Europa hemos vivido en el último siglo. Estados Unidos no sería, por tanto, una excepción absoluta, a lo sumo, una particularidad dentro de un proceso de secularización débil que tendría momentos y lugares de una secularización fuerte, como es en Europa Occidental.

Con esta terminología conseguimos, a la vez, explicar el proceso constante de reducción de la influencia de la religión desde el siglo XVIII y la persistencia de la religión, con episodios de revival que vendrían a confirmar el proceso general. Así lo confirma indirectamente Casanova (2012: 29) cuando expone que las religiones que han aceptado la diferenciación de esferas, lo que hemos denominado como secularización débil, han sostenido su presencia pública, haciendo, de paso, superflua la crítica ilustrada radical. Mientras, las religiones que se han resistido a la diferenciación de esferas han experimentado un declive a la larga. El proceso de declive puede ser más rápido, como en España (Davie 2011: 73), o más lento, como Estados Unidos, pero es inexorable en las sociedades modernas. Por tanto, la secularización es un proceso vinculado a la modernidad si tenemos presente que es una secularización débil que connota la diferenciación de esferas, pero no la privatización de la religión o el declive de las prácticas religiosas. Estas dos últimas notas de la secularización se darían en procesos de secularización fuerte, como es el caso europeo, donde sí se ha constatado.

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