Rara Temporum. El blog de Bernardo Pérez Andreo

La corrupción y la postverdad. Con Xabier Pikaza y Fresneda.

15.03.17 | 09:43. Archivado en Acerca del autor

Este jueves 16 de marzo, a las 19:30 horas, en el Salón de Actos del Instituto Teológico de Murcia, presentamos La corrupción no se perdona, con Xabier Pikaza y Francisco Martínez Fresneda. Dejo aquí una definición de corrupción y cómo, en los tiempos de postverdad, quiere ser diluida entre un nominalismo fatuo.

El término corrupción puede ser definido según a quien acudamos para la definición aunque tienen sentidos comunes. Según la RAE, corrupción es la acción de corromper o corromperse, especialmente en los gestores públicos que usan los bienes públicos en beneficio propio o de otros[1]. Transparencia Internacional nos da una definición similar de corrupción: “el abuso de poder otorgado para obtener un beneficio privado”. Como vemos, el principal significado que tenemos de corrupción es la utilización de lo común para beneficio privado en detrimento del bien común. Pues bien, esta es la etimología precisamente del término corrupción. Del latín corruptio-onis, que proviene de la unión del prefijo Con-, por asimilación Cor-, que proviene de junto, globalmente, común (en griego Koiné), y la raíz rumpere, quebrar, partir, hacer estallar, romper. Se añade el sufijo –tio, acción de o efecto de, y tenemos el significado original de corrupción: acción de romper lo común, ruptura del bien común, quebranto en las cosas comunes en función de bienes privados o particulares[2].

Es importante que tengamos una correcta definición del término, pues de lo contrario nos podremos ver en la tesitura de no saber exactamente qué decimos cuando la usamos. Un corrupto es aquella persona que rompe el bien común para usarlo en beneficio privado, sea para ella o para otros, sean beneficios materiales, económicos o de otra índole, o bien sean beneficios sociales, como el estatus o la posición social. En todo caso, la corrupción implica una ruptura de lo que nos constituye como sociedad, de los vínculos que nos permiten ser personas en relación con otros seres humanos y hasta con el resto de seres vivos. La corrupción afecta a todo lo que destruya los bienes comunes que nos permiten ser sociedades estables, también los bienes naturales que son, por definición, comunes a todos. El bien común, elemento fundamental y fundante de toda sociedad, es el que se ve afectado por la acción corrupta. Todo acto, por tanto, de apropiación privada de bienes comunes, toda privatización de lo común, es un acto de corrupción, pues rompe lo común y lo convierte en privativo de una persona o un grupo. De ahí que la corrupción afecte estructuralmente a la sociedad y tenga efectos perniciosos sobre el conjunto social.

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Murcia, como España, is different.

23.02.17 | 11:23. Archivado en Crisis política

Cada día que pasa se hace más evidente la presencia de la corrupción en la vida pública española. Podemos pensar que la corrupción ha permeado todos los estratos sociales y se ha instalado con profundas raíces en nuestra sociedad, especialmente en la sociedad murciana, a la que pertenezco y de la que me siento cada vez más abochornado, especialmente por el escaso acento que ponemos en limpiar nuestra sociedad de corrupción. Acabamos de contemplar, impávidos, cómo al fiscal jefe se le metía una cabeza de caballo en su cama, casi literalmente, tras imputar a un político, y el resultado ha sido, no la persecución de los delincuentes, sino la destitución del fiscal. Pero no pasa nada, nunca pasa nada en esta tierra murciana, y eso nos hace cómplices a todos de lo que está sucediendo. Esa es la peor de las corrupciones: que aceptemos que es normal que la corrupción campe a sus anchas. Llegados a este punto, la corrupción social es completa y su sanación extremadamente difícil. Habría que extirpar el mal social de raíz, lo que supone una catarsis colectiva. Para que esta catarsis llegue, deberá acontecer una crisis social descomunal que mueva los sólidos cimientos de una sociedad corrompida. Pero, como cada marrano tiene su San Martín, todo se andará y veremos que a la fuerza ahorcan.

Como dijo San Ambrosio "es la avaricia usurpadora la que ha establecido los derechos privados" (De Officiis, I. 28. 132), la avaricia lleva a la apropiación de los bienes comunes y esto es la corrupción. Así ha sucedido en estos últimos treinta años de neoliberalismo usurpador. Los bienes comunes han sido, sistemáticamente, privatizados para beneficio de unos pocos y sus allegados, familiares o amigos. El resultado es una sociedad putrefacta donde no es el mérito el que determina la posición, sino las relaciones personales y de amistad. Se ha creado una amplia red clientelar, de eso sabemos mucho en Murcia, que tiene apesebrados a una amplia capa social con prebendas y distintos beneficios especiales. Con el dinero público se pagan servicios privados que no aportan nada nuevo al bien común. Se destina mucho dinero a sostener sectores económicos que en una verdadera sociedad de libre mercado serían insostenibles, pero se hace bajo la égida de la libertad, en un claro exponente de lo que ahora llaman postverdad. Como explico en La corrupción no se perdona, la corrupción es un mal que atenaza a España desde, al menos, el franquismo, pero ha llegado a su punto álgido con la aplicación de las típicas políticas neoliberales desde los años noventa.

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Murcia, como España, is different.

23.02.17 | 11:23. Archivado en Crisis política

Cada día que pasa se hace más evidente la presencia de la corrupción en la vida pública española. Podemos pensar que la corrupción ha permeado todos los estratos sociales y se ha instalado con profundas raíces en nuestra sociedad, especialmente en la sociedad murciana, a la que pertenezco y de la que me siento cada vez más abochornado, especialmente por el escaso acento que ponemos en limpiar nuestra sociedad de corrupción. Acabamos de contemplar, impávidos, cómo al fiscal jefe se le metía una cabeza de caballo en su cama, casi literalmente, tras imputar a un político, y el resultado ha sido, no la persecución de los delincuentes, sino la destitución del fiscal. Pero no pasa nada, nunca pasa nada en esta tierra murciana, y eso nos hace cómplices a todos de lo que está sucediendo. Esa es la peor de las corrupciones: que aceptemos que es normal que la corrupción campe a sus anchas. Llegados a este punto, la corrupción social es completa y su sanación extremadamente difícil. Habría que extirpar el mal social de raíz, lo que supone una catarsis colectiva. Para que esta catarsis llegue, deberá acontecer una crisis social descomunal que mueva los sólidos cimientos de una sociedad corrompida. Pero, como cada marrano tiene su San Martín, todo se andará y veremos que a la fuerza ahorcan.

Como dijo San Ambrosio "es la avaricia usurpadora la que ha establecido los derechos privados" (De Officiis, I. 28. 132), la avaricia lleva a la apropiación de los bienes comunes y esto es la corrupción. Así ha sucedido en estos últimos treinta años de neoliberalismo usurpador. Los bienes comunes han sido, sistemáticamente, privatizados para beneficio de unos pocos y sus allegados, familiares o amigos. El resultado es una sociedad putrefacta donde no es el mérito el que determina la posición, sino las relaciones personales y de amistad. Se ha creado una amplia red clientelar, de eso sabemos mucho en Murcia, que tiene apesebrados a una amplia capa social con prebendas y distintos beneficios especiales. Con el dinero público se pagan servicios privados que no aportan nada nuevo al bien común. Se destina mucho dinero a sostener sectores económicos que en una verdadera sociedad de libre mercado serían insostenibles, pero se hace bajo la égida de la libertad, en un claro exponente de lo que ahora llaman postverdad. Como explico en La corrupción no se perdona, la corrupción es un mal que atenaza a España desde, al menos, el franquismo, pero ha llegado a su punto álgido con la aplicación de las típicas políticas neoliberales desde los años noventa.

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Murcia, como España, is different.

23.02.17 | 11:22. Archivado en Crisis política

Cada día que pasa se hace más evidente la presencia de la corrupción en la vida pública española. Podemos pensar que la corrupción ha permeado todos los estratos sociales y se ha instalado con profundas raíces en nuestra sociedad, especialmente en la sociedad murciana, a la que pertenezco y de la que me siento cada vez más abochornado, especialmente por el escaso acento que ponemos en limpiar nuestra sociedad de corrupción. Acabamos de contemplar, impávidos, cómo al fiscal jefe se le metía una cabeza de caballo en su cama, casi literalmente, tras imputar a un político, y el resultado ha sido, no la persecución de los delincuentes, sino la destitución del fiscal. Pero no pasa nada, nunca pasa nada en esta tierra murciana, y eso nos hace cómplices a todos de lo que está sucediendo. Esa es la peor de las corrupciones: que aceptemos que es normal que la corrupción campe a sus anchas. Llegados a este punto, la corrupción social es completa y su sanación extremadamente difícil. Habría que extirpar el mal social de raíz, lo que supone una catarsis colectiva. Para que esta catarsis llegue, deberá acontecer una crisis social descomunal que mueva los sólidos cimientos de una sociedad corrompida. Pero, como cada marrano tiene su San Martín, todo se andará y veremos que a la fuerza ahorcan.

Como dijo San Ambrosio "es la avaricia usurpadora la que ha establecido los derechos privados" (De Officiis, I. 28. 132), la avaricia lleva a la apropiación de los bienes comunes y esto es la corrupción. Así ha sucedido en estos últimos treinta años de neoliberalismo usurpador. Los bienes comunes han sido, sistemáticamente, privatizados para beneficio de unos pocos y sus allegados, familiares o amigos. El resultado es una sociedad putrefacta donde no es el mérito el que determina la posición, sino las relaciones personales y de amistad. Se ha creado una amplia red clientelar, de eso sabemos mucho en Murcia, que tiene apesebrados a una amplia capa social con prebendas y distintos beneficios especiales. Con el dinero público se pagan servicios privados que no aportan nada nuevo al bien común. Se destina mucho dinero a sostener sectores económicos que en una verdadera sociedad de libre mercado serían insostenibles, pero se hace bajo la égida de la libertad, en un claro exponente de lo que ahora llaman postverdad. Como explico en La corrupción no se perdona, la corrupción es un mal que atenaza a España desde, al menos, el franquismo, pero ha llegado a su punto álgido con la aplicación de las típicas políticas neoliberales desde los años noventa.

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El escándalo de la corrupción

16.02.17 | 11:28. Archivado en Acerca del autor

Según leemos en la prensa hoy, el actual ministro de justicia, nada más y nada menos que el encargado por el presidente del gobierno para administrar la justicia de España, ha dicho que la prevaricación no es corrupción. Con estas palabras ha pretendido legitimar la decisión del gobierno de indultar a seis funcionarios del ayuntamiento de Rota que han sido condenados por la justicia por prevaricación. Según el ministro de justicia, prevaricar no es corrupción. Es evidente que este señor no puede ocupar ese cargo ni un minuto más, pues lo siguiente será que dar contratos a familiares sin concurso no es corrupción, o que aceptar un "incentivo" por tomar decisiones administrativas tampoco será corrupción. La prevaricación, señor ministro, es el "delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario". Cuando se realiza "a sabiendas", siendo consciente, eso ya es corrupción. Se ha corrompido una realidad que debería ser prístina, inmaculada. Esa es la corrupción. La corrupción no es solo sacar beneficio económico o de otra índole, es, en primer lugar, destruir un bien y convertirlo en un mal. Solo se puede corromper lo que es bueno, de ahí que la prevaricación sea, en sí misma, una corrupción en su más alto grado. Quizás, si el señor ministro leyera La corrupción no se perdona. El pecado estructural en la Iglesia y en el mundo, PPC, Madrid 2017, se daría cuenta de la supina ignorancia que suponen sus palabras. O, y es lo que creo que en realidad hay detrás de esto, el acto corrupto de un gobierno que indulta a corruptos. Pues el gobierno es consciente, y por tanto indulta "a sabiendas", de que la prevaricación es corrupción.

El gran problema de la corrupción, y es lo que he intentado poner de manifiesto en el libro, es que la corrupción no es un problema personal, no es una cuestión de manzanas podridas, ni tan siquiera de que el cesto de las manzanas esté podrido. No, el problema de la corrupción es que es un mal estructural y sistémico. Es el sistema entero el que está corrompido, de ahí que las personas que están en él sean corruptas, a veces sin quererlo. En sentido general, y según la definición de Transparencia internacional, la corrupción es el uso de un bien común o social en beneficio privado o individual y en detrimento de la sociedad. Por ejemplo, es un caso claro de corrupción cuando desde las administraciones públicas se gestiona lo común para lucro privado de los partidos o de las personas que están en la administración. Este es el caso típico de corrupción pública. También hay corrupción en el sector privado cuando se escatiman los impuestos, que es lo más conocido, pero especialmente cuando desde el sector privado se corrompe a las administradores públicos para que permitan la gestión de lo común a cambio de prebendas. Sin embargo, la corrupción en estado puro no es la que hemos indicado. La raíz de la corrupción está en el uso privativo de los bienes comunes, por eso hablo de un mal estructural.

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Matar a Pablo Iglesias

09.02.17 | 11:35. Archivado en Acerca del autor

Justo tras las elecciones del 26 de junio de 2016 (¡Madre de Dios, parece el siglo pasado!), escribí una entrada en mi blog haciendo balance de los resultados. Quien quiera puede leerlo entero, pero aquí dejo el resumen: "Por decirlo gráficamente, todas las apuestas de Podemos se han ido a la mierda con estos resultados. Ahora vendrán las vendetas, las divisiones y la ruptura del proyecto común. Las élites están frotándose las manos. Ha sido un resultado milagroso, como caído del cielo para ellas". Creo que no me equivoqué ni un milímetro. Tras esos resultados se ha destapado la caja de los truenos y la organización anda dividida en luchas intestinas por el control del poder. Los pablistas han conseguido el poder central y posicionarse en algunos territorios, mientras los errejonistas se han hecho fuertes en los medios de comunicación que les dan pábulo con el fin nada oculto de debilitar al líder del grupo. La realidad ha falsado todas y cada una de las apuestas de Podemos: ni son una nueva forma de hacer política, estamos ante la forma tradicional de luchas por el poder, ni traen una representación popular real, pues sus discusiones nada tienen que ver con la realidad del país. Podemos, como dije tras las elecciones de diciembre de 2015, está muerto como proyecto ilusionante y emancipador. Lo único que cabe es una reformulación del proyecto y para eso está Vistalegre II este próximo fin de semana.

Reformular el proyecto exige abandonar la posición de hiperliderazgo y hacer una propuesta de construcción de abajo a arriba de la organización. La máquina de guerra electoral debe ser abandonada si no se quiere caer en un caudillismo que acabe sometiendo la organización entera a los deseos de uno o de un pequeño grupo, una camarilla que posee la razón histórica y que la lleva a cabo mediante decisiones incuestionables e incuestionadas. Para esto, hay que poner en práctica lo que los movimientos latinoamericanos, desde el zapatismo, llevan implementando desde hace más de veinte años: "mandar obedeciendo". Esto es fundamental para transformar la realidad de España. No podemos pretender cambiar la estructura jerárquica y dictatorial de los partidos políticos emulando sus formas de actuar. Mandar obedeciendo es una forma de decir que el poder es un servicio, que todos estamos de paso y que es la comunidad, la sociedad entera quien, en debate serio y profundo, decide qué hacer; no un grupo de iluminados que han visto la luz de la verdad. Mandar obedeciendo es la única manera de gobierno verdaderamente democrático, donde el que está al frente acata lo que han decidido todos, incluido él mismo, como un instrumento de la voluntad popular, no como un peluche o un actor. La disyuntiva que plantea Iglesias es falsa: "yo solo puedo liderar con mis ideas". No, tú eres líder porque te eligen y solo por eso debes llevar a cabo el mandato del pueblo. El pueblo manda, los líderes obedecen.

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La corrupción no se perdona

07.02.17 | 12:32. Archivado en Acerca del autor

Son demasiados los casos de corrupción que se destapan a diario en los últimos años en España y no parece que la corrupción pueda atribuirse a simples prácticas individuales, por mucho que la calidad humana de las personas influya en los episodios de corrupción. Cuando una persona corrompe o se corrompe pueden influir muchos elementos en su decisión, entre los que no son menos importantes un cierto asentimiento social al hecho en sí, la educación recibida o la falta de controles legales o administrativos. En todos estos casos estamos hablando de una estructura que permite, avala, consiente o, hasta instiga, la corrupción. Es evidente que si una persona es íntegra, nada de eso le llevará a cometer la corrupción, pero cuando se ponen todos los medios para que la corrupción sea producida hablamos de un mal sistémico y estructural. Esto es lo que me propuse investigar en el libro que acabo de publicar en PPC: La corrupción no se perdona. El pecadoestructural en la Iglesia y en el mundo, Madrid 2017, 122 pp.

Para llevar a término el propósito del libro, divido la obra en cuatro capítulos. En el primero pretendo ver qué piensa la Biblia sobre la corrupción, diferenciando entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Me centro en los textos legislativos del Éxodo y Levítico, que pretenden legislar para evitar la injusticia, para pasar a profetas como Amós, Miqueas o Ezequiel que realizan una crítica a los gobernantes que conculcan el derecho y la justicia como elemento de corrupción, y terminar con la visión serena de Qohelet, quien asume la injusticia del mundo en que vive y constata la corrupción existente.

En el Nuevo Testamento analizo tres casos únicamente. En primer lugar la crítica de Jesús, en línea con los profetas, del culto y la injusticia, especialmente en el Templo. Jesús identifica el Templo como el lugar de máxima corrupción pues se utiliza la casa de Dios para el mercadeo y el lucro, por eso su crítica va directamente contra los ricos y poderosos que no usan de misericordia y justicia. La corrupción está en la perversión del sistema social que no había sido querido así por Dios. En el Reino escatológico se solucionará. Así lo entiende también la Carta de Santiago, que avisa a los ricos de lo que se les viene encima por sus actos de corrupción. Sin embargo, la Carta a los Romanos de Pablo es distinta. Pablo identifica el problema de la corrupción como un problema universal. El Imperio romano es la corrupción institucionalizada. Si el mal, la corrupción como pecado estructural y sistémico ha llegado a todos, la salvación como estructura de gracia, también llega a todos por el evangelio de Jesucristo. La corrupción es una lógica que se impone, por tanto hace falta oponerle otra lógica: a la lógica del lucro, la avaricia y el egoísmo, la lógica de la gracia, de la entrega y la misericordia.

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Teología y compromiso sociopolítico

02.02.17 | 11:04. Archivado en Acerca del autor

El próximo martes 7 de febrero estaré en la Cátedra de Teología contemporánea de la Fundación Universitario Chaminade para impartir una conferencia dentro del curso "Teología desde las víctimas". Antes me han precedido gente como Pikaza o Mª Ángeles López Romero y después de mí habrá otros como Sebastián Mora o José Laguna. Se trata de un curso muy intenso sobre una realidad que no solo es de actualidad, las víctimas, sino que debe ser pensada por la Teología, que es de lo que se trata aquí. A mí se me encargó un título muy interesante "Teología y compromiso sociopolítico". Para quien quiera asistir, el acto tendrá lugar a las 19:30 y aquí dejo una pequeña introducción a mi conferencia.

Hablar de compromiso sociopolítico de la Teología puede llegar a sonar hoy como a algo del pasado. Después del Concilio Vaticano II, antes también, pero especialmente después, se abrió en la Teología la senda del compromiso con el mundo, como esa categoría que había sido denostada en la teología oficial que arrastrábamos desde mucho antes de Trento, desde Constantino si apuramos. Se trata de un conjunto de teologías que recuperan la experiencia humana, la carne, en medio del mundo social y natural. Hablo de las teologías de la historia que tienen en Cullmann y Pannenberg, dos protestantes, a sus más insignes representantes. Hablo de las teologías de la esperanza con Moltman a la cabeza. Y también hablo de las dos principales teologías comprometidas con la realidad social y política del momento: las teologías políticas y las teologías de la liberación.

Para estas teologías, la categoría de compromiso está bien asentada, pues la Teología no puede desentenderse de la realidad humana compleja que incluye tanto lo natural como lo social, especialmente esto último. En la sociedad se hacen los hombres tales, de ahí que el compromiso sociopolítico sea una parte fundamental del propio quehacer teológico. No es que el teólogo deba comprometerse como tal, eso también, sino que la misma Teología debe adoptar un compromiso sociopolítico. En el caso de las teologías políticas, por la emancipación de los hombres de las cadenas que lo atenazan en la sociedad moderna. En el caso de las teologías de la liberación se trata de liberar al hombre en tanto que pobre oprimido por una organización social específica. Por eso, la Teología debe comprometerse con las realidades concretas a fin de destapar, función crítica, las ataduras sociales del hombre y crear, función práxica, las condiciones para la liberación/emancipación de los hombres. Pues existe un «hilo invisible» que une todas las injusticias y exclusiones de este mundo, como dijo Francisco a los Movimientos Populares en Bolivia[1]. Este hilo es la injusticia estructural que compone un sistema que debe ser modificado de forma estructural, de ahí que la Teología tenga la labor de pensarlo y realizar las propuestas para su transformación.

Estas teologías han tenido muchas variantes, desde la teología de la negritud, pasando por la teología de la mujer o la teología del tercer mundo[2], pero hoy, después de los largos 35 años de era juanpablista, se ha conseguido volver a reducir a la Teología dentro del reducto académico oficial en el que siempre estuvo apresada. Desde ahí es más fácil tener controlada la Teología, sin que apenas pueda hacer daño alguno al orden establecido. Lejos queda la Teología comprometida que dio origen a los escritos evangélicos, sean los mismos evangelios, las cartas de Pablo o las de Juan. También estamos lejos de la literatura de compromiso de los apologetas y de los Santos Padres, que casi siempre se leen desde una perspectiva edificante sin tener presente el contexto de persecución que había en muchos casos, solo pensemos en Juan Crisóstomo y cómo sus escritos le costaron casi la vida.

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Posglobalización, Sociedad del escándalo y America first.

26.01.17 | 09:27. Archivado en Acerca del autor

La toma efectiva del poder por parte de Trump deberá ser considerada en un futuro cercano como el momento preciso de la transformación de la globalización en posglobalización. Este término viene a designar los tiempos en los que el proceso neoliberal desregulador ha llegado a un punto de inflexión, pues su máximo exponente, Estados Unidos, abandona el liderazgo del proyecto y China, por fin China, se aúpa al primer puesto mundial de los liberalizadores de la economía. Resulta paradójico que el mayor país que se llama a sí mismo oficialmente "comunista" sea el que lidere la aplicación de las políticas neoliberales capitalista globalizadoras, pero son las contradicciones de la historia que un Hegel explicaría a la perfección y como nosotros lo hemos contado en el epígrafe "Capicomunismo", de La Sociedad del escándalo. Riesgo y oportunidad para la civilización.

Veamos. China empezó a abrir su economía al capitalismo a finales de los setenta, pero sobre todo en la década de los noventa, cuando empezó a inundar de productos baratos el mundo entero. Las grandes empresas de manufacturas aprovecharon la liberalización global de la economía para deslocalizar su producción y llevarla al gigante asiático, con más de 600 millones de trabajadores listos para ser explotados. Y así lo hicieron, a conciencia. El gobierno chino aplicó la máxima de Mao: "las personas no importan, solo las máquinas y las armas" y consiguió, mediante la explotación de su población, que la tecnología y el conocimiento de Occidente entrara gratis al país, a cambio de unos salarios de miseria y unas condiciones legales absolutamente permisivas. Con esta fórmula, China ha ido ganando posiciones dentro de la economía global. Una clase capitalista compuesta por 100 millones de chinos se dedica al enriquecimiento a costa de sus conciudadanos, del medio natural y de las condiciones de la globalización neoliberal. Poco a poco han conseguido posicionarse en todos los ámbitos financieros y en el sistema productivo global, de modo que ya son primera potencia en telecomunicaciones y en producción industrial pesada. China tiene el segundo mayor PIB mundial, a muy poco de superar a USA y concentra la mayor mano de obra dócil y preparada del mundo: más de 200 millones de personas concentradas en el sureste chino para asaltar la era de la robótica y el conocimiento. China es, hoy, el país puntero del capitalismo neoliberal.

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Hineni, hineni. I'm ready my Lord.

24.01.17 | 11:05. Archivado en Acerca del autor

Estas navidades me ha acompañado el último disco de Leonard Cohen, un disco "testamento", pues nos dejaba poco después de su publicación. Es un disco intimista, duro, cargado de pesimismo, pero abierto a la esperanza. Es un disco netamente judío donde la voz del profeta asoma en letras oscuras que quieren romper el alba de la historia, pero contemplan la degradación del mundo en que vivimos. El tema más conocido You want it darker (Lo quieres más oscuro), es una oración del hombre ante su Dios con el que constata que la vida, la existencia, el mundo en el que desarrollamos nuestra experiencia es un mundo enloquecido. Si Dios nos ama, ¿por qué no interviene ya y nos salva de la miseria en que vivimos? La respuesta del orante es Lo quieres más oscuro. Apagamos la llama. Es la situación de quien se sabe inmerso en el pecado del mundo, porque yo también formo parte de los que aprietan el gatillo contra la fila de prisioneros, o de los que miran a otro lado ante el drama de los refugiados, o de los que no levantan la voz contra la barbarie controlada. Y Dios, Dios también es culpable. Nos dice la letra: si Tú repartes las cartas, déjame fuera del juego, si Tú eres el que cura, yo estoy roto y cojo, si Tuya es la gloria, mía es la deshonra. Dios también toma parte en este mundo de dolor y sufrimiento, nos dice. A Él también hay que culparlo de todo lo que sucede, pues Él es quien da las cartas. Sin embargo, el grito del orante resplandece ante tanto dolor. Cuando Dios llama, el siervo solo puede decir: Hineni, hineni (en hebreo, aquí estoy, aquí estoy, es la respuesta del profeta Samuel ante la llamada de Dios). I'm ready my Lord, Estoy preparado mi Señor.

There's a lover in the story Hay un amante en la historia,
But the story's still the same pero la historia sigue siendo la misma.
There's a lullaby for suffering Hay una nana para el sufrimiento,
And a paradox to blame y una paradoja a la que culpar.
But it's written in the Scriptures Pero está escrito en las Escrituras,
And it's not some idle claim y no es ninguna afirmación inútil.
You want it darker Quieres más oscuridad,
We kill the flame apagamos la llama.

La situación del mundo no es para tirar cohetes. Creo que en eso estamos todos de acuerdo. Se avecinan momentos muy duros para los que creemos que otro mundo es posible, especialmente para los que seguimos a un tal Jesús, crucificado por el Imperio romano hace casi dos mil años. A veces la melancolía se apodera del creyente: "qué fácil sería vivir en un mundo donde reine la paz, el amor y la misericordia". Es lo que hace el profeta cuando imagina el mundo idílico en el que pacen juntos el lobo y el cordero y un niño es capaz de meter su mano en la hura del áspid. Es un momento, pensado como futuro, pero posible, en el que la humanidad y la naturaleza están reconciliadas y los seres humanos pueden vivir en paz y armonía. Pero, esa melancolía debe pasar pronto y ser realistas, ver el mundo como es, no dejarnos llevar por ensoñaciones. La esperanza no se nutre de sueños, sino de realidades. La esperanza está puesta en la belleza del santo decir sí de la humanidad en cada niño que viene a este mundo, que ha de soportar el pecado estructural, pero que puede, en cada generación, hacer un mundo nuevo. La esperanza está puesta en la capacidad de entrega y sacrificio de tantos y tantas como cada día dan su vida por los que sufren las injusticias. La esperanza, al fin, está puesta en nuestro Dios, al que basta un justo para no condenar a toda la humanidad, y ese Justo ya lo tenemos, pero multiplicado por millones que cada día se comprometen con sus hermanos y hermanas: en los campos de concentración de refugiados en Grecia, en los innumerables muros que llenan este mundo donde se estrellan tantos seres humanos en busca de humanidad, en los movimientos populares que trabajan por la paz y la justicia, en todos aquellos que entregan algo de sí mismos por hacer este mundo un poco mejor.

Sí, gracias a Dios, la esperanza no nos falta. Por eso podemos soportar lo que bien sabemos que nos espera: la progresiva destrucción del medio ambiente por las políticas ecocidas de un capitalismo en vías de extinción, las guerras por los recursos que se anuncian en varios lugares del mundo, como Nigeria, y la desestructuración de los Estados de derecho en los países desarrollados, que se deslizan por la pendiente del neofascismo. A todo esto hay que sumar la indiferencia de millones de seres humanos ante el sufrimiento ajeno, que les lleva a perferir levantar muros antes que abrir sus corazones. Este año 2017 es un año de transición hacia un futuro cada vez más incierto. De lo que hagamos en él va a depender mucho de nuestro futuro. Debemos proponernos no perder la esperanza, afianzada en los puntos antes citados, pero ser cada vez más lúcidos en el análisis de cuáles deben ser nuestros compromisos. En todo caso, como el profeta: Hineni, hineni, I'm ready my Lord.
https://www.youtube.com/watch?v=v0nmHymgM7Y


Asignatura pendiente: amar la patria.

01.01.17 | 18:31. Archivado en Acerca del autor

Utilizando el símil escolar, el año que acaba nos deja las mismas asignaturas pendientes que el curso anterior, el 2015. Hemos perdido un año entero viendo si eran galgos o podencos. Y ha pasado lo que tenía que pasar, que seguimos en las mismas. Ninguno de los problemas acuciantes que tenemos se han resuelto e incluso se han agravado, ayudados por el calmante inyectado en vena por parte del Banco Central Europeo. Es necesario recordar que, allá por el año 2012, la economía española estaba en la UCI (utilizo a propósito la metáfora que tanto gusta a los economistas neoclásicos), a punto de perder las constantes vitales. Era cuestión de meses que España entrara en suspensión de pagos, con una deuda pública de más de 800 mil millones de euros y prima de riesgo por encima de 500 puntos básicos. Esa era una situación extenuante para las arcas públicas, pues por mucho que creciera la economía no habría manera de pagar tales tipos de interés. Pues bien, cuando Merkel se cercioró de que el nuevo gobierno seguiría la senda que le marcaba, cuando pidió el rescate de la banca española, solo entonces dio orden al Banco Central Europeo para que metiera en vena las transfusiones necesarias para sostener la economía española. Dicho de otro modo: solo cuando el gobierno aseguró que pagaría su deuda con el Deutsche bank, Alemania permitió que se aliviara la situación española, pues el rescate a la banca española es un rescate indirecto a la banca alemana, como sucedió con Grecia.

Y aquí tenemos los males de la economía española, pero ahora multiplicados por diez. El nuevo gobierno de 2012 accedió con la promesa de recortar la deuda, porque argumentaban que no puede haber crecimiento económico con una enorme deuda, y tenía razón. Es necesario sanear las cuentas públicas. Pues bien, en cuanto vieron venir el río de millones transfundidos a las entidades financieras españolas y la compra de activos de deuda soberana del BCE, se acabó toda la preocupación por la deduda. En cinco años la deuda pública española se ha disparado. Todo el crecimiento económico que vemos en este tiempo es a deuda, por tanto falso. Ahora tenemos más deuda, el mismo déficit y menos capacidad propia para la generación de riqueza, pues se ha destruido capacidad industrial y los empleos que se crean son de escasa productividad. En resumen, estamos mucho peor de lo que estábamos antes de 2012. Pero lo peor es que creemos estar mejor. Los medios de comunicación no paran de lanzar las campanas al vuelo con la superación de la crisis. El discurso del Rey en Nochebuena fue la constatación de que el discurso oficial da por superada la crisis. Por tanto, volveremos a las andadas: fomento del gasto innecesario, inversión improductiva y, cómo no, otra vez la especulación. Los bancos ya están en ello. Apenas hemos pagado la ronda anterior entre todos y ya se está preparando la ronda siguiente. Por supuesto, que todos pagaremos a escote.

En fin, que los males siguen ahí, como constantemente le recuerda Roberto Centeno en su blog al que fuera su alumno, el ministro Montoro. Y no se ven visos de solución, antes bien se insiste en las causas de los males de nuestra economía. Los acuerdos a los que está llegando el tripartito de facto en el gobierno no dejan lugar a la esperanza. De seguir así España tendrá que conformarse con ser en el medio plazo una economía subsidiaria de Alemania en todos los nivles. Una economía de servicios de bajo valor añadido y de escasa productividad. Una economía de sueldos bajos y nula innovación. Así nos necesita Alemania, porque España sería una gran amenaza para su posición de dominio de Europa. Un verdadero gobierno patriota no permitiría que su país quedara relegado a una comparsa cuando tenemos la capacidad humana y la potencia estructural suficiente para convertirnos en una potencia económica de primer orden europeo, a la par que Alemania. El problema está en que hemos aceptado las políticas coloniales diseñadas en Alemania para nuestra patria y hay que desacoplarse de esas políticas para poder ser un país autónomo.

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El Escándalo de la Navidad

20.12.16 | 11:49. Archivado en Acerca del autor

Corría el año 1993, si no recuerdo mal, y yo acompañaba un numeroso grupo de confirmación en mi pueblo. Como parte del programa había planteado pensar la Navidad, pensar su sentido cristiano verdadero y el sentido que habitualmente se le da a la festividad. Llegamos a la conclusión que había un desfase entre lo que significaba y lo que la gente vivía y decidimos hacer una campaña de sensibilización junto con la campaña habitual de recogida de alimentos para una entidad eclesial de ayuda a los indigentes. Preparamos unos grandes carteles que colgamos, a modo de bienvenida, a la entrada y salida del pueblo. En ellos se podía leer, no el que hubiera sido de esperar ¡Feliz Navidad!, sino ¿Feliz Navidad? Esto lo hicimos dos semanas antes de Nochebuena y provocó cierto impacto entre los jóvenes del pueblo, especialmente. Junto a esto preparamos información y un acto de recogida puerta a puerta de alimentos y donativos para los indigentes. La campaña surtió efecto y conseguimos que muchos se plantearan el significado de la Navidad y el sentido que tenía en sus vidas.

Aquello ha seguido dando vueltas en mí durante muchos años, porque siempre me hago la misma pregunta por el significado navideño. Más de veinte años después, con toda la experiencia acumulada y los libros leídos y escritos, mi respuesta es que sí, que hay que felicitar la Navidad, a pesar de ser una fiesta que se solapa con la del sol victorioso del Imperio romano; a pesar de ser una fiesta corrompida por la sociedad de consumo; a pesar de ser una fiesta muy mal explicada en muchas ocasiones. Sí, a pesar de todo, ¡Feliz Navidad!, porque celebramos que nuestro Dios no es un Dios de poderosos y soberbios, enriquecidos y opresores, sino que es un Dios pequeño y humilde, tan humilde que lo vemos como un recién nacido, el ser más necesitado de todo en este mundo: necesitado de calor, necesitado de cuidado, necesitado de protección y necesitado de amor. El Dios al que celebramos en Navidad no es el Dios de las elucubraciones teológicas, sino el misterio de amor que está en el origen de todo. Celebramos un Dios que se hace humano, humilde, pobre, oprimido, sufriente. Es un Dios absolutamente contraintuitivo, ese es nuestro Dios. Aunque lo festejemos como un acto de poder, Dios se hace hombre, es un acto de debilidad extrema: Dios se deja hacer, se deja ser, se deja. Este dejarse de Dios es lo que celebramos en la Navidad.

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Martes, 28 de marzo

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