05.08.07 @ 23:48:03. Archivado en En qué creemos

“Vivimos mucho tiempo con las respuestas de otro, hasta que esas respuestas se vuelven estériles”
He leído esta frase y me ha llevado a reflexionar en ella; he pasado un tiempo escudriñándola e intentado entenderla, hasta que he conseguido interiorizarla y averiguar si en mi vida, esta afirmación era cierta, si verdaderamente se había dado a lo largo de mi trayectoria como monja.
Cuando iniciamos nuestro camino de fe, cuando todavía no tenemos argumentos ni respuestas, nos conformamos con todo lo que nos dicen o está escrito; basamos nuestra experiencia en la experiencia de “otros”, con el subsiguiente peligro de pasarnos toda la vida así, es decir, sin cuestionarnos, ni preguntarnos si estamos de acuerdo o nuestra forma de ser se adapta a un “estilo establecido por otras personas.
Lo que en un principio creíamos válido, puede llegar a ser algo cuestionable con el paso de los años, y si no buscamos “nuevas respuestas” se nos pueden volver estériles o incluso sentir cierto “rechazo” o “hastío” a lo que en un principio asumimos sin ningún problema.
El camino de fe es algo personal y no se suele dar la circunstancia de que una espiritualidad se pueda “clonar” en otra persona. Hay un momento en nuestra vida, en la que nos encontramos en una encrucijada espiritual y es cuando surgen las preguntas; ¿merece la pena seguir? ¿por qué tengo que creer? ¿por qué tiene que ser así? Es en este preciso momento cuando hacemos revisión de nuestra vida, y examinamos todas las respuestas que hasta ahora eran incuestionables para nosotra/os.
Puede ser que hayamos vivido años y años con unos ritos y unas normas, sin cuestionar. “¡Así es, y así lo debemos cumplir! A muchos creyentes tal vez le sea válido este planteamiento, pero yo veo y comparto con otras personas que si apoyamos nuestra vida en una religión fría y normativa, nunca llegaremos a una verdadera espiritualidad convencida y profunda. Lo importante para mí es saber qué tipo de relación tengo con Dios, qué me une a El, independientemente de lo que digan o piensen otro/as. Es importante que nos veamos a nosotro/as mismos en el centro de nuestras almas y buscar las respuestas adecuadas que nos acerquen más a Dios. La vida espiritual es una búsqueda de sentido y de vida.
Dice Joan Chittister, OSB:
“La vida espiritual comienza cuando descubrimos que sólo nos hacemos adultos espiritualmente hablando, cuando, más allá de las respuestas, más allá del miedo a la incertidumbre, vamos hacia ese gran y omniabarcante misterio de vida que es Dios”.
Un discípulo recién llegado preguntó
a otro con mayor experiencia:
“Por qué tengo la sensación de que
el vivir con el Maestro no me sirve de
mucho?”
“Puede que sea porque has venido a
aprender su espiritualidad…”
“Y a qué demonios viniste tú, si
puede saberse?”
“A ver cómo se ataba las correas
de sus sandalias”.
(Anthony de Mello)