¿Es alegre la vida religiosa?
01.07.09 @ 23:00:03. Archivado en Vida Religiosa

No despreciéis el natural deseo de felicidad del hombre y tomad parte, si es posible, en su fiesta. ¿Quién ha dicho que nosotros, los consagrados, podemos aceptar solamente las invitaciones a los funerales? (Cuadernillo: La consagración: desafío de los jóvenes de hoy. Amadeo Cencini).
¿Damos la vida consagrada una imagen triste a la sociedad actual? Me temo que en muchas ocasiones sí; bien porque no estamos totalmente convencidos de nuestra opción por Dios, bien porque creemos que la alegría es incompatible con los consejos evangélicos que dan cuerpo y definen nuestra vida religiosa, o tal vez porque la excesiva formalidad o seriedad que ponemos en el cumplimiento de las normas no dejan espacio a la alegría.
No es inusual encontrarnos con consagrado/as, alegres de puertas afuera y excesivamente serios en su entorno ordinario.
La vida religiosa pasa por momentos difíciles: falta juventud en nuestras casas, y las edades superan los setenta en la mayoría de sus miembros. Corremos el riesgo de hacer notar hacia afuera el cansancio, el desánimo, la poca o nula perspectiva de futuro, la desesperanza, etc. Actitudes que están ahí, son evidentes, pero que tenemos que intentar superar. Tal vez nos falte empeño para dar una imagen viva, alegre, acogedora… y no sólo de cara a la galería, sino desde lo más profundo de nuestro ser, creíble, sincera, real.
Los consagrado/as no debemos permitir que nuestra vida “agonice”; a pesar de ser pocos y mayores, el recuerdo y la experiencia de ese Amor que nos enamoró y nos llamó a su seguimiento tiene que prevalecer por encima de todo.
Por otra parte creo que también deberíamos adaptarnos al lenguaje actual, a los nuevos signos, a las nuevas demandas, y eso no significa dejar de ser lo que somos, dejar de ser radicales, anular nuestras Constituciones, pero sí deberíamos pararnos a escuchar a lo/as jóvenes: qué quieren, qué buscan, qué anhelan, y si no lo saben, ofertarles nuestro estilo de vida, pero anteponiendo la propia alegría de la opción religiosa, nuestra ilusión siempre nueva y renovada.
No podemos empeñarnos en mantener algunas costumbres desfasadas, añejas, rancias; el “siempre se ha hecho así” no es válido para estos tiempos que corren. ¡Escuchemos! es la palabra clave para saber qué dice la gente de nuestra vida, y seguramente oiremos de todo, pero un análisis serio de otras opiniones, aunque sean contrarias, nos podrán dar pistas para mejorar, no para cambiar radicalmente, pero sí para enriquecer nuestra vida religiosa e ir asimilando otras formas, otros métodos también válidos, ¿por qué no? y actualizados a la sociedad actual.
Es nuestra asignatura pendiente, una tarea que tenemos que iniciar ya.
Comentarios:
Y si. Creo, que desde fuera se os ve así. Siempre he pensado que vuestra vida esta impregnada de cierto olor de melancolía ó nostalgia y que no tenéis ilusión por la vida ó que al menos os cuesta mucho transmitirla.
Me llama la atención que se haga esta reflexión desde dentro de los “muros” y que se lance al exterior. Y lo que más me sorprende es que en ella haya una postura abierta al cambio. Me parece acertado.
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Máriam Mudarra
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