Una vida entregada a Dios y a los pobres
21.05.09 @ 23:39:41. Archivado en Testigos

UNA VIDA ENTREGADA A DIOS Y A LOS POBRES.
La hermana muerte, -como la llamaría S. Francisco- nos ha visitado, y lo ha hecho cuando menos lo esperábamos.
La hermana muerte, que es causa de desesperación y de tristeza para los que “quedamos” –no para los que inician la nueva vida- nos sorprende cuando menos pensamos en ella y la vemos todavía lejana.
He vivido durante estos últimos días una especia de “frustración” por alguien que se ha ido y que ni siquiera conocía personalmente. Se trata de un misionero trinitario, cuyo campo de trabajo se ubicaba en la Isla de Madagascar: P. Basilio Vallejo, 49 años, leonés de cuna y malgache de corazón. Su muerte rápida e inesperada ha dejado a toda la Orden Trinitaria consternada y sin palabras para asumir este triste acontecimiento.
No lo conocía, pero el solo hecho de ser hermano de religión y tener referencias de su labor misionera eran suficientes para quererlo y admirarlo.
Ha dejado un gran vacío, su misión en esta tierra acabó de forma inesperada, pero en ningún momento dudé de que el proyecto que Dios tenía sobre él lo completara con creces. Estaba preparado y el Señor lo llamó a participar de su banquete eterno. Ha vuelto al regazo de la Trinidad, regazo que lo engendró y regazo que ahora abre sus brazos para acogerlo y darle el premio merecido.
En mi oración recuerdo al P. Basilio, pero no tanto para rezarle a Dios por él, sino para que él interceda por todo/as los que nos hemos quedado y sufrimos su ausencia, sobre todo recuerdo a su madre, creo que ninguna madre debería ver la muerte de un hijo, me parece antinatural, es otra de las cosas que nunca llegaré a comprender del todo, entra dentro del misterio de la vida y de la muerte.
Al P. Basilio encomiendo la misión que ha dejado para que otras manos generosas como las suyas continúen la labor que él inició.
No lo conocí, pero era mi familia, no eran lazos de sangre lo que nos unía, sino los lazos del espíritu, esos que no se rompen ni con el tiempo, ni con la distancia ni con la ausencia.
Goza ya P. Basilio. Completaste tu carrera y tu ejemplo de abnegación y generosidad quedará para los que continúen con tu misión allá en tierras malgaches.
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Un abrazo
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Máriam Mudarra
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