Carta abierta a una amiga
23.04.09 @ 22:35:52. Archivado en En qué creemos

Hola amiga:
Tengo pendiente una respuesta: me preguntaste qué es lo que sentía cuando estaba en oración.
Cuando hablo de fe, de Dios, no puedo hablar de sentimientos, la fe va por un lado y los sentimientos por otro. La fe es una certeza interior de que Dios existe aunque yo no le vea, ni lo sienta.
He invocado al Espíritu Santo y me he puesto en oración, he preferido bajar a la huerta en vez de quedarme en la capilla. Me está dando el sol de plano, y puedo decirte que esa caricia del sol, ese silencio a mi alrededor, ese constante caer del agua en la fuente, todo eso me habla de Dios; la paz que me produce este ambiente de sosiego, todo el verde de la naturaleza que me rodea penetra dentro de mí y me “dice” que yo formo parte de todo esto.
He querido aprovechar este momento en calma para escribirte, porque no se puede hablar de estas cosas con el espíritu revuelto.
Si en este preciso instante tuviera que definir mi fe en Dios, entre otras cosas te diría que es el conjunto de todas las bondades que veo reflejadas en el ser humano. Si los creyentes creemos que somos imagen de Dios, lógicamente el lado bueno de la gente refleja a Dios. ¿y dónde queda el lado menos bueno? eso entraría dentro de ese espacio de libertad que tenemos todos para hacer nuestra propia voluntad. Se supone que si fuésemos consecuentes con nuestra fe, solo reflejaríamos lo bueno, pero la carne es débil y en muchas ocasiones lo fácil es enfadarse y perder los nervios, lo difícil es dominarse y callar.
Me decías que en todas las Instituciones pasa lo mismo: debilidades humanas, celos, envidias… no nos salvamos ni las monjas; pero las monjas tenemos a lo largo del día estos ratos de oración para reconciliarnos con nosotras mismas y con los demás, sólo es necesario que los sepamos aprovechar, si perdemos el tiempo en pensamientos negativos de nada nos sirve la oración y el encuentro íntimo con el Señor.
Yo te admiro, entre otras muchas cosas por tu autocontrol, según me cuentas no sueles perder la compostura y me imagino que eso te lo has tenido que trabajar a lo largo de tu vida, puede que no hayas necesitado fe para llegar a ese estado, pero ¿nunca has pensado consciente o inconscientemente que hay alguien que te supera, alguien que está por encima de tí, que es quien te da la fuerza, la energía para superarte a ti misma y para afrontar positivamente las dificultades?
Yo a mí misma me veo débil, tan débil que cuando consigo algún logro tengo clarísimo que no lo he conseguido por mí misma, sino que es la presencia de Dios que me ayuda, y puede que no lo sienta, pero tengo la certeza de que está a mi lado.
Hay muchas personas que tienen la costumbre de hablar solas, nosotras las monjas hablamos con Dios; como lo sabemos cerca, es muy corriente dirigirnos a él, expresar sentimientos, darle gracias por tantas cosas, rezarle por otros, etc.
Esa sería a grandes rasgos mi respuesta de lo que “no siento”, porque a Dios se le vive y en algún momento puntual se le “siente” pero son los menos. La fe es un regalo que Dios nos da y que hemos de "alimentar" y cuidar. Pero no tenemos que agobiarnos por el "sentimiento", es saber que está en medio de nosotras y basta.
Hasta otro momento amiga, y que Dios te bendiga.
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Máriam Mudarra
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