Tengo una amiga
29.01.09 @ 15:11:31. Archivado en amistad

Tengo una nueva amiga. La conocí por casualidad; antes sólo la conocía de oídas, pero ahora después de tratarla personalmente me he dado cuenta y he descubierto a una gran mujer, con unos valores que a la vista de los demás posiblemente queden ocultos, porque una cosa es que te hablen de alguien… y otra tratarla de tú a tú.
Todas tenemos amigas, cada una con su peculiaridad; normalmente las amigas tienen cosas en común, comparten gustos, comparten ideales, etc., pero con esta nueva amiga existe una diferencia: no “comulga completamente con mis ideas”, tiene otra visión distinta de la vida, es más activa, yo soy contemplativa, es más práctica y la religión la ve y la vive de manera distinta a como la vivo yo, además de un largo etcétera que la hace “diferente” a mí.
Pero ¿Dónde está el quid o la esencia de esta incipiente amistad? En las conversaciones que mantenemos llenas de respeto, de honestidad, de libertad para tratar diferentes temas sin que se rompa la armonía entre las dos. ¿Dónde está la belleza de esta relación? En la disposición interior de ambas en querer aprender la una de la otra, desde distintos puntos de vista, desde distintos esquemas. Nuestra vidas y nuestras tareas habituales son completamente opuestas, pero existe un respeto y admiración mutuas que hacen que mantengamos conversaciones fluidas y enriquecedoras para ambas.
En mis reflexiones personales con Dios, aparte de darle gracias por el don de la amistad, intento mirar a mi alrededor buscando y deseando que existan entre los seres humanos esta facilidad de diálogo y comprensión. Cuando constantemente nos bombardean noticias de malos tratos, peleas, asesinatos, discordias familiares… me pregunto y le pregunto a Dios el por qué nos hemos vuelto tan intolerantes unos con otros.
No cuesta tanto aceptar al prójimo con respeto y en su diversidad, sin intentar pisar su terreno, sabiendo escuchar, comprender, sin juzgar….
Mi amiga y yo hablamos de todos los temas habidos y por haber desde la madurez, sin imposiciones, con disponibilidad y abiertas a los posibles cambios que debamos hacer en nuestras vidas para mejorar y crecer humanamente.
Quien ha encontrado un amigo, ha encontrado un tesoro, dice la Sagrada Escritura.
¡Busquemos ser amigos unos de otros, deseando que la humanidad se convierta como en una “gran pandilla” donde los amigos no se traicionan, y velan juntos por los intereses del grupo, porque al fin y al cabo, todos tenemos un interés común: preservar la Casa de todos: nuestra dolorida tierra.
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Máriam Mudarra
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