Gianna Jessen, o el milagro de una vida truncada
14.12.08 @ 14:35:54. Archivado en Testigos

Artículo de María Vallejo-Nágera, publicado en la Revista "Hoja Trinitaria", nº 642 - Diciembre 2008.
Tengo el corazón desgarrado y, conociéndome, sé que tardaré unos días en lograr cicatrizarlo. La culpa la tiene un testimonio que he conocido sobre esa abominación que algunos llaman "derecho de la mujer" y que yo llamo claramente "asesinato". Porque, no nos engañemos: eso es lo que es el aborto provocado, y lo afirmo sin miramientos y con convicción verdadera.
El testimonio del que hablo es el de Gianna Jessen. Ella lo dice bien claro; ella que del aborto sabe mucho más que usted, que yo e incluso más que el abortista más experimentado. ¿Por qué? Pues porque ella fue un "bebé abortado" que logró sobrevivir a la tortura más cruel de la historia de la medicina. ¡Qué cosas!: el mismo abortista que la intentó matar en el tercer trimestre de su desarrollo intrauterino, tuvo que firmar un documento médico tras su nacimiento en el que hoy se lee: "nacida durante un aborto salino". Al menos esa vergüenza tuvo que tragar aquel médico que, a cambio de dinero, le inyectó un líquido letal siendo un bebé indefenso.
Gianna sufrió aquel envenenamiento fatídico durante 18 horas, tras las cuales nació con una parálisis cerebral que le ha dejado secuelas en varios músculos, entre ellos los de una pierna, a causa de la cual cojea. Sin embargo, esta mujer, llena del amor de Cristo, tras años de enorme determinación, camina y hasta corre maratones. ¡Toda una proeza para una niñita que intentaron matar en el vientre de una madre de 17 años, y de quien los médicos dijeron que jamás levantaría ni la cabeza!
Gianna Jessen fue un milagro desde todos los puntos de vista facultativos. Una de las enfermeras que atendieron al intento de aborto, se apiadó de su pequeño cuerpecito quemado y la envió en una UCI móvil a otro hospital, en donde los doctores lucharon por sacarla adelante. Su camino ha sido extraordinariamente difícil. No pudo andar hasta los tres años, edad en la que le instalaron unas prótesis metálicas en las piernas y le enseñaron a sujetarse en un andador. Pasó su niñez bajo los cuidados de diversas familias que el gobierno escogió, pero en todas la trataron mal. Eran lugares en donde más que amarla, la consideraban una carga. Por fin, Dios permitió que fuera acogida en el hogar de una mujer llamada Penny, quien siempre consideró la parálisis cerebral de Gianna como una bendición. La colmó de amor, de educación académica y de cuidados médicos. La hija biológica de esta buena mujer ha adoptado definitivamente ante la ley a Gianna, convirtiendo así a Penny en su abuela legal.
“Desde el momento de mi concepción he sido un ser humano odiado: por mis padres biológicos, por los doctores que intentaron matarme, por las personas a las que hoy grito que el aborto es un terrible asesinato y que soy un testigo singular de ello, dice en sus numerosísimas conferencias por el mundo entero. “He perdonado a mis padres, especialmente a mi madre biológica, porque soy cristiana, y un seguidor de Cristo tiene el deber de perdonar con todo el corazón”.
Hoy Gianna es una mujer joven, hermosa y valiente. Posee una preciosa voz que le ha permitido hasta grabar un disco; corre maratones a pesar de su cojera y va por el mundo compartiendo su extraordinaria experiencia de vida y muerte, proclamando sus ideas en universidades, hospitales, centros familiares y educativos, sedes políticas y comunidades religiosas. Emana de ella una poderosa fuerza con la que arrastra multitudes, a quienes dice que su timón es el amor que siente por Cristo, al que responsabiliza de ser el producto de un gran milagro de su amor. Su historia de supervivencia y su grito desesperado a favor de la vida debe ser escuchado, y usted, querido lector, no debe perdérselo.
Comentarios:
Lo que es cierto, que has nacido con la bendición de Dios, y que solo ha hecho probarte para que llegaras a convertirte en esa gran mujer.
Con toda mi admiracion, respeto y cariño
Los cristianos tenemos que decirlo en todas partes, salir a la calle, proclamarlo, debemos dar razones de nuestra fe. No nos podemos callar, seremos cómplices de estas barbaridades.
Anímo a todos a posicionarnos en contra de estos "supuestos derechos y libertades" que no tienen en cuenta al ser humano indefenso.
No tengamos miedo de ser y obrar como cristianos. Esa es nuestra verdadera libertad.
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Máriam Mudarra
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