Sobrellevaos con amor
09.12.08 @ 23:50:23. Archivado en Reflexiones

Sobrellevaos mutuamente con amor, esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Típica frase que nunca pasa de moda; por más que la leamos, por más que la escuchemos siempre es actual.
Nos negamos a penetrar en su mensaje y no debería ser normal que constantemente nos estén repitiendo que nos sobrellevemos con amor, ¿será porque el desamor aparece con bastante frecuencia? y no debería ser normal que nos repitan que mantengamos la unidad con la paz. ¿será porque la guerra es una amenaza constante y las divisiones tanto a nivel personal como social una realidad?
Hasta que no depongamos las “armas” contra los que consideramos enemigos o menos amigos, no construiremos una convivencia pacífica.
Los que creemos en un Dios-Amor, que viene hasta nosotros envuelto en debilidad, en un “bebe” necesitado de protección y cariño, deberíamos reconsiderar nuestras posturas poco cristianas, y a veces demoledoras; los que ponen su fe en el hombre por el hombre, en la dignidad de la persona, también deberían reaccionar ante las desigualdades y abusos contra el género humano. Y todos juntos hermanados con la bandera de la paz y la unidad avanzar hacia la nueva civilización del amor.
¡Hace frío! Estamos en la estación más fría del año, pero gracias a Dios la mayoría –no todos- tenemos con qué abrigarnos. Hasta ahora el frío externo no es uno de los grandes problemas sociales, pero sí lo es el frío del corazón, y el problema llega cuando no contamos con recursos suficientes para calentarlo; cuando penetra el frío gélido en nuestras almas, y somos incapaces de buscar los medios necesarios para entrar en calor quedamos aislamos. ¡Qué bonito sería darnos calor unos a otros. Un corazón ardiente produce más calor que la calefacción más sofisticada, un corazón ardiente es capaz de derretir las capas de hielo que se hayan podido formar con el paso del tiempo en el corazón humano.
Pero para los que no lo sepan, hay una fuente de calor que sobrepasa todas nuestras capacidades y no la aprovechamos suficientemente. ¡El Corazón de Jesús! Ese Corazón que arde de amor mientras espera que nos acerquemos a El. Podríamos probar a ver cómo nos va, y tal vez encontremos la fuerza y el calor suficientes para calentar nuestro mundo y a sus habitantes.
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Máriam Mudarra
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