Corazones heridos
04.12.08 @ 22:48:41. Archivado en Reflexiones

En ocasiones –poco frecuentes gracias a Dios- me encuentro con personas resentidas, ya sea con otras personas, bien con la propia vida; esto lo demuestran a través de ataques verbales hacia los que no son como ellos, los que tienen otro credo, otra religión, o simplemente piensan distinto. También se manifiestan por escrito usando palabras hirientes, sarcásticas, atacando con teorías poco sólidas y con argumentos que caen por sí solos.
Hoy he pensado especialmente en todas estas personas. Estaba en adoración ante el Santísimo y me vinieron a la mente todos los corazones heridos; sentí por ellos una ternura especial porque con o sin culpa, estas personas son víctimas de sí mismas, no pueden disfrutar de una vida en plenitud, del regalo de vivir, de la amistad con toda la creación: seres animados e inanimados, sabiendo estar delante de la “vida” con la dignidad de ser personas integradas y en armonía con todo lo que las rodea.
Elevé mi oración para que sintieran todas ellas la sanación que Dios ofrece, no necesariamente a través de la vía “religiosa” –ya que algunos sienten verdadero rechazo- pero sí a través de mediaciones humanas que les hagan sentir el calor de la concordia y la amistad verdadera.
Sentí por otra parte un gran deseo de dar gracias al Señor porque me ha ayudado a lo largo de mi vida a distinguir lo importante de lo relativo y efímero, a restar importancia a lo que me pueda deshumanizar, como puede ser la ira, la intolerancia, la incomprensión, sabiendo comprender las situaciones concretas de cada persona. Esto es un aprendizaje que se va perfeccionando a lo largo de toda la vida, -y en ello estoy-; nuestro paso por la vida ha de ser un constante crecimiento en humanidad. He llegado a comprender que para ser espirituales no hemos de ser necesariamente religiosos (entendiendo por religiosos, aquellos que practican una religión concreta), que una persona buena, ignorante tal vez, sin estudios, sin haber recibido formación religiosa, puede ser un/a gran místico/a, porque su alma transparente y limpia hace de ella un ser “divino”, con quien da gusto tratar y convivir.
¡Ojalá aumenten estas personas sencillas, “espirituales” capaces de cambiar y humanizar la vida!
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Máriam Mudarra
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