La nieve y los pobres
01.12.08 @ 08:11:26. Archivado en Reflexiones

Esta mañana hemos amanecido con un paisaje blanco, inmaculado. El primer comentario al darnos los buenos días esta mañana era el de ¡qué preciosidad! ¡qué maravilla!. Es cierto, visto desde la ventana y sin planes para salir a la calle era para sorprenderse, pero visto desde la óptica del que tiene que ir a trabajar –aún en domingo- el que tiene que desplazarse por cualquier circunstancia, el que vive dentro de este “magnífico” paisaje, supongo que los comentarios serían distintos a los nuestros. Contemplaba a las hermanas asomadas a las ventanas viendo caer los copos de nieve, ellas bajo techo, más o menos calientes, -no es que tengamos una gran calefacción pero sí lo justo para no helarnos de frío-, y me venían a la mente todos los indigentes, inmigrantes, pobres, desahuciados… todos los que tienen que vivir a la intemperie, y el paisaje se me volvía un poco sombrío. Y volvemos a la carga: ¿dónde está Dios en estas gentes? ¿dónde están las promesas de cuidar de… proteger a…? Desde mi ventana todo se ve bonito, pero mientras contemplo el paisaje no puedo dejar de recordar en mi oración y presentar a Dios toda esta problemática real y dolorosa que nos rodea. Soy monja contemplativa, y desde esta condición tengo que aportar mi granito de arena, pero sobre todo tengo que confiar en un mundo mejor, tengo que seguir insistiendo en que Dios, Padre y Madre de la vida, siga moviendo los corazones de los poderosos, de los que tienen en sus manos el destino de los pueblos, a que busquen soluciones donde todas las personas vivan con dignidad, con igualdad, con respeto. Os invito a todos los creyentes y no creyentes a que tengáis un recuerdo por esta humanidad sufriente, cada cual desde su posición y estado: ya sea orando, compartiendo, o conmoviéndose y escuchando al que necesite ser oído.
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Máriam Mudarra
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