Cuando oréis, decid: Padre NUESTRO
05.07.08 @ 10:17:42. Archivado en Reflexiones

Existen muchas técnicas de oración, muchas maneras para dirigirse o ponernos en contacto con Dios; a veces creemos que contra más sofisticadas sean, más efectivas son. Las técnicas orientales –tan de moda- pueden ayudarnos si tenemos siempre como referencia que el fin último es “encontrarnos” con las Divinas Personas, que para los cristianos son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Nosotro/as no nos relajamos para alcanzar simplemente el “vacío” de nosotro/as mismo/as, sino que nos vaciamos para el encuentro con Alguien que nos supera y que excede nuestro yo.
Hay orantes que necesitan encontrarse con Dios Padre-Madre: relación filial (padre-madre; hijo-hija), saben que tienen a Alguien que les protege, los mima cariñosamente con un amor tierno y materno, con una dedicación paternal protectora. Otros en cambio se sienten felices sintiendo a su lado a Dios-Hijo como acompañante en el camino de la vida, como compañero en quien apoyarse, como amigo a quien contarle sus intimidades. Y los hay también que en su oración prefieren o necesitan al Dios-Espíritu Santo como fuerza, aliento, estímulo, como Aquel que les empuja para las grandes acciones y anima los buenos propósitos. Pero independientemente de nuestras preferencias, tenemos que tener claro que nunca oramos solo/as, que nuestra relación yo-tú, debemos irla transformando en un “nosotro/as” para que nuestra oración no se convierta en una oración narcisista e interesada.
Cuando oréis, decid Padre NUESTRO: ese “nuestro” es lo que debe identificar la oración cristiana: orad con la Iglesia, orad por la Iglesia, pero orad EN la Iglesia; pertenecemos al pueblo de Dios y como tal hemos de orar. Si Dios es “nuestro”, nosotro/as somos parte de un “mucho/as”: hijo/as del mismo Padre, hermano/as del mismo Hijo, renacido/as a la vida nueva por el mismo Espíritu Santo.
Si tomamos en serio en nuestra oración la palabra “nuestro” evitaremos muchos enfrentamientos inútiles y muchas actitudes egoístas porque no podemos o no debemos hacernos daño a nosotro/as mismo/as. Todo/as formamos parte de un TODO y como dice S. Pablo: “cuando un miembro sufre, todos sufren con él”.
Nuestro ser orantes debe llevarnos a unificar nuestros sentimientos y nuestros corazones. Un solo corazón y una sola alma a imitación de las primeras comunidades cristianas; en ellas tenemos un modelo en el cual fijarnos, sabiendo que si ellos pudieron, nosotro/as también podemos.
Todos ellos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles y en la unión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones. Todos estaban impresionados, porque eran muchos los prodigios y señales realizados por los apóstoles: Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos, según las necesidades de cada uno. Unánimes y constantes, acudían diariamente al templo, partían el pan en las casas y compartían los alimentos con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y se ganaban el favor de todo el pueblo. Por su parte, el Señor agregaba cada día los que se iban salvando al grupo de los creyentes. (Hech. 2, 42-47)
Comentarios:
El pensamiento de hermandad, no requiere otros atributos adicionales, para ser tenido como alguien importante.
Pertenecer a la misma familia, cuyo padre es nada menos que Dios, nos debería llevar a una paz continuada, a un amor completo, lejos de cualquier clase de egoísmo y de personalismo.
Y "que estás en los cielos", para recordarnos nuestra esperanza, cuando abandonemos este mundo.
Abrazos.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Máriam Mudarra
autor
Contacto


