50 años de entrega generosa
23.06.08 @ 08:51:18. Archivado en Celebraciones

En la época en la que vivimos, donde todo cambia rápido, donde todo se hace a corto plazo, y la inestabilidad hace acto de presencia en todos los acontecimientos, es significativo que una mujer consagrada celebre 50 años de vida religiosa y lo haga con el mismo entusiasmo que cuando entró por primera vez. Ayer, día 22 nuestra hermana Sor Mª Purificación celebró sus Bodas de Oro en una sencilla ceremonia, dando gracias a Dios por todo lo vivido.
Acción de gracias:
Quiero dar gracias a la Santísima Trinidad por este gran beneficio, de haber perseverado durante 50 años en la vida religiosa en su santo servicio.
Doy las gracias también al P. Alejandro, conocido desde el Perú por haber sido hermano de nuestra Orden, por eso he considerado el más llamado a compartir conmigo este gran evento. ¡Gracias Padre por este detalle!; a vosotras hermanas de mi Comunidad, que con tanta solicitud me ayudáis con vuestro trabajo y animación, os uno a mi acción de gracias quedando muy agradecida a todas; a vosotros hermanos y hermanas, por vuestra presencia y compañía en este día tan especial para mí.
Quiero cantar las misericordias de Dios, porque es bueno, porque es eterno su amor, porque me eligió sin merecimiento alguno y porque vivo en mi alma las palabras del Señor: “tú no me has elegido, soy yo quien te he elegido a ti”.
Yo he sido un alma perseguida por el Señor, y que no me dejó en paz hasta conquistarme.
Mi primer paso o contacto con la vida religiosa fue en la congregación de las Teresianas, que me enseñaron a conocer al Señor, más adelante en unos Ejercicios Espirituales empezó a nacer la vocación religiosa. Mi deseo de ser monja se vio atajado un poco por un sacerdote que me dijo que era demasiado joven para entrar en un convento, que lo pensara bien, no fuera una simple ilusión. Este deseo se lo comuniqué a una teresiana con la que yo solía hablar, la cual se alegró mucho y me dijo que ella misma me buscaría el monasterio donde poder entrar. Pero pasaban los meses y no me decían nada del tema. Interiormente yo sentía que mi llamada crecía y que el Señor me urgía, así que yo misma me puse a buscar. Conocí a las hermanitas de los ancianos Desamparados y casi entro en esa congregación, pero una teresiana me dijo: “Norma, (mi nombre de pila) tu vocación es para la vida contemplativa y es allí donde debes ir.
Así que un día por mi cumpleaños me dijo la directora de las teresianas: Te voy a dar una sorpresa: ya he hablado con las monjas trinitarias; me dio mucha alegría y me fui a visitarlas. La fecha de entrada se fijó para el 15 de agosto.
Qué ilusión, mi actitud era como de una novia que se iba a casar, cada día que pasaba lo marcaba con una cruz en el calendario hasta que llegó el deseado día 15. Antes de esta fecha tuve que vencer algunas dificultades, el enemigo no estaba de acuerdo con mi decisión y tuve que enfrentarme a algunas luchas, pero que con la gracia de Dios pude superar.
Mucho recuerdo ese día 15. Se juntaron todas las teresianas y me llevaron al convento en el autobús de los niños del colegio; iba como una reina, ellas iban cantando durante el trayecto y me dijeron que cantara yo; entonces yo les canté una canción que aprendí donde hice los Ejercicios Espirituales y cuya estrofa decía: “Adiós, mundo engañoso, ya me voy lejos de ti, porque antes que tú me engañes, prefiero engañarte a ti”. Con esta canción hice llorar al conductor del autobús. Bueno, llegamos al convento y se abrió una gran puerta, que a mí me pareció la antesala del cielo. Dentro del monasterio estaban todas las monjas haciendo semicírculo en espera de darme el abrazo de bienvenida; ya podéis imaginar qué emoción tan inmensa con mis 19 años y ante una venerable comunidad. Aunque mi Padre consejero me instó a que esperara a cumplir los 21 años para entrar, me dí cuenta que también Dios es exigente y que cuando algo quiere no hay que hacerle esperar.
Mi noviciado fue una luna de miel, me sentía más feliz que una reina; mi confesor me decía que eso eran caramelitos que Dios me daba para que no me arrepintiera y me marchara a mi casa, que ya vendría la época del pan duro, y ¡vaya que después lo comí! Aunque siempre me ví asistida por ese Dios que es todo Amor y misericordia.
Fueron pasando los años, y después de 15 años me vine a España junto con sor Manuela y sor Mercedes para apoyar a esta comunidad que estaba falta de vocaciones. A los 9 años de estar en España tuve otra llamada del Señor: ir a la isla de Madagascar junto a otras hermanas para abrir un convento de monjas trinitarias contemplativas. En esta misión he pasado 17 años, teniendo que volver a España por mi delicado estado de salud, y por la lengua nativa que siempre fue mi problema por no llegar a aprender del todo.
Volví a la comunidad de la que salí para la fundación, es decir esta de Alcalá; aquí llevo desde el 2005, aunque con mi pensamiento en Madagascar pues siendo sincera conmigo misma tengo que reconocer que me ha costado mucho más dejar Madagascar que mi misma patria Perú, pues aunque mi comunidad de Lima ha sido mi madre, Madagascar ha sido y es mi hija.
En este día tengo el corazón lleno de agradecimiento al Señor y esto me hace estarlo con todas las personas que me ayudaron y me llevaron a El.
Así es Señor, Tú que eres el mejor pagador, te pido por el eterno descanso de mis padres que me engendraron por tu infinita misericordia, tenlos en tu presencia. Bendice a la Institución Teresiana. Lo mismo te pido por los sacerdotes vivos y difuntos que me ayudaron y me ayudan en mi vida religiosa. También te pido por las familias de España que me ayudaron cuando estuve en Madagascar. Para todos y todas una bendición especial.
Y esta es la historia de mi vida, una historia de amor, de respuesta incondicional a una llamada hecha de lo alto. Una historia que volvería a repetir si volviera a nacer, pues he sido y sigo siendo plenamente feliz con mi vocación trinitaria.
Gracias por vuestra paciencia y que Dios os bendiga.
Comentarios:
La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
al borde de la vereda.
Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil…
yo vi,en las hojas temblando
las gotas frescas de abril.
Bajo ese almendro florido,
todo cargado de flor
- recordé -, yo he bendecido
mi juventud con amor.
Hoy, terciada ya la vida,
me he parado a meditar…
¡ juventud dulce vivida,
quién te volviera a encontrar ¡.
* * *
Enhorabuena por esas bodas de oro en la familia trinitaria. Pido lo mismo que Rosa, una oración para esta blogger.
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Máriam Mudarra
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