Yo te amo, Tú eres mi fortaleza
04.06.08 @ 23:55:55. Archivado en Reflexiones

Yo te amo Señor, Tú eres mi fortaleza,
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador,
Dios mio, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza, y quedo libre de mis enemigos.
En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios,
desde su templo él escuchó mi voz, y mi grito llegó a sus oídos.
Desde el cielo alargó la mano y me agarró,
me sacó de las aguas caudalosas,
me libró del enemigo poderoso, de adversarios más fuertes que yo.
El Señor fue mi apoyo, me sacó a un lugar espacioso, me libró porque me amaba.
Señor, Tú eres mi lámpara, Dios mío, Tú alumbras mis tinieblas, fiado en ti me meto en la refriega, fiado en mi Dios asalto la muralla. (Salmo 17)
El salterio es la riqueza de la liturgia. Las monjas recitamos los salmos diariamente y nos encontramos con verdaderas bellezas poéticas: salmos con los que alabamos a Dios, le suplicamos, gozamos o revivimos experiencias de dolor, acontecidas al salmista. Hoy nos ha tocada el salmo 17, y he estado espigando, releyendo y orando, ya que la riqueza que presenta el salmo hace que brote de los labios la alabanza y la gratuidad por la cantidad de actitudes de bondad y misericordia que emanan de unas frases escritas con tanta unción.
No es difícil trasladarse a la época del salmo, basta con tener un mínimo conocimiento de la historia bíblica, del por qué y en qué circunstancia fue escrito. Este salmo concretamente está escrito con un tono épico y grandioso en el que desborda la vida y la acción de David; se ha hecho de este salmo una especie de himno nacional que, a través de las gestas de David, canta la epopeya del pueblo de Dios, desde las asombrosas intervenciones de Dios en el Sinaí, hasta la aparición final de la misericordia divina con el establecimiento del reino mesiánico.
Pero la riqueza de los salmos no está sólo en volver la mirada atrás, para conocer la situación que animó a escribirlo, sino que tiene la peculiaridad de ser siempre actual, pudiendo ser recitado como si hubiese sido escrito en nuestra época actual.
No hay nada nuevo bajo el sol, nos dice el Eclesiastés 1,9. Por ello, una y otra vez vuelven a repetirse los mismos sentimientos, las mismas motivaciones y las mismas plegarias dirigidas a Dios.
Cuando decimos que la Biblia es un libro “vivo”, es porque siempre que lo leemos encontramos la novedad reflejada en sus páginas, nos vemos identificado/as con la historia, porque es nuestra propia historia.
Cuando somos torpes de palabra y no sabemos dirigirnos a Dios, El mismo, pone en nuestros labios las palabras adecuadas, escritas por otros, si, pero escritas con el corazón y ungidas por el Espíritu Santo.
No todas las personas tienen la misma capacidad para hablar con Dios; ¡Cuántas veces nos dice la gente!¿cómo le hablo a Dios, cómo me dirijo a El? No es difícil, basta con la sencillez de espíritu y un simple balbuceo llega a Dios más que grandes discursos; pero no obstante, los medios que nos propone la Iglesia, como es la Biblia, el Salterio o la oración de los santos son tan eficientes como cualquier otro medio que nos ayude a ponernos en contacto directo con Dios.
Alabanza y acción de gracias es lo que brota del salmo 17, ¡Tenemos tantos motivos para dar gracias a Dios, que no nos podemos evadir los cristianos de elevar los ojos y el corazón con un GRACIAS bien dicho!
Comentarios:
¿Movimientos migratorios? ¿Represion legal? ¿Berlusconi? De los obispos ni me hablo contigo...
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Máriam Mudarra
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