Fraternidad comunitaria
21.05.08 @ 22:31:20. Archivado en Comunidad

Hace tan sólo tres días celebrábamos la Fiesta del Amor, la Santísima Trinidad, y en mi comunidad todavía resuenan esos ecos celebrativos que nos hicieron vibrar de alegría y gozar con los amigo/as de nuestra casa que compartieron con nosotras un día fraterno y comunitario. Y hablando de fraternidad, traigo al blog un párrafo de un hermano de mi Orden, Pedro Aliaga, Consejero General de la Orden Trinitaria. Leyendo una entrevista que le han hecho, me llamó la atención el optimismo y positivismo a la hora de hablar de la situación vocacional de la Orden Trinitaria. Dice así:
“Estoy convencido de que el principal atractivo de la vida religiosa para los jóvenes puede ser y deber ser la vida fraterna auténtica y alegre. En primer lugar porque sí, porque ser trinitario pasa obligatoriamente por la fraternidad y la alegría de la vida común. Este testimonio de vida, en una sociedad cuyo cáncer consiste en la soledad y la desesperanza, constituye una buena noticia, un reclamo vocacional poderoso, sin necesidad de gastarse dinero en hacer calendarios de bolsillo para hacer propaganda de los trinitarios. Si hay comunidades abiertas que con sencillez están dispuestas a ofrecer su vida común, estaremos ofreciendo algo que alguien puede estar esperando: una familia. Creo que nadie debería recordarnos esto precisamente a nosotros, que contamos con un patrimonio especialísimo de ocho siglos de vivir en fraternidad, en familia, en la Casa de la Santa Trinidad. Esta Casa tiene cada vez más futuro en un mundo como el nuestro. Estoy convencido de que, en la Iglesia, hay trinitarios para rato”.
Me uno a su alegría, más cuando la fraternidad en nuestras casas es piedra angular; y ciertamente lo/as jóvenes de hoy buscan eso: camaradería, compañerismo, amistad.
En las Casas de la Trinidad la vida comunitaria tiene su origen en la vida misma de la Trinidad, -nos lo recuerdan nuestras Constituciones- el Mandamiento nuevo de Jesús: el amor, fuente a la vez de comunión con Dios, cuyas hijas somos. Como monjas trinitarias, nos esforzamos con un título especial, en encarnar, en lo posible, en nuestras comunidades la perfecta comunión que existe entre las divinas personas, expresando la unidad en la pluralidad y la pluralidad en la unidad.
La vida comunitaria es toda una aventura que exige fortaleza y valentía, pero los frutos son tan bellos que merece la pena intentar vivir unido/as por un mismo ideal y un mismo amor.
Comentarios:
La diferencia entre antes y ahora, es que hoy tienen recursos para no pensar, y distraerse por doquier.
Pero Dios no se distrae, no tengáis la menor duda.
Él sabe lo que necesitamos, y a quien elegir, para que le acompañe en su misión de propagar el amor, el perdón y la paz.
Mi agradecimiento a vosotras, y a cuantos hayan dicho "sí" a la llamada divina.
Abrazos.
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Máriam Mudarra
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