El silencio de los cipreses
20.05.08 @ 17:17:00. Archivado en Reflexiones

Estamos acostumbrados a ver cipreses en los cementerios; son los lugares más típicos donde hallarlos en todo su esplendor. Dicen de ellos que están más cerca de Dios, porque su copa se eleva por encima de otros árboles, no desvían su rumbo, son compactos, esbeltos y miran siempre hacia arriba.
Hoy además he descubierto otra características de los cipreses: dicen que tres cipreses son símbolo de la hospitalidad entre los antiguos romanos, quienes los hacían arraigar a la puerta de sus casas para que fueran los primeros en recibir a sus visitantes, invitados y amigos.
Hace un par de años, unos amigos de la comunidad nos animaron a bordear un camino del jardín con cipreses, por su elegancia y belleza. Al principio no nos gustó mucho por el recuerdo de los difuntos, pero lo pensamos mejor y nos decidimos a plantarlos. Fueron 40 los cipreses plantados y ahí están creciendo poco a poco, y sin perder su dirección, siempre mirando al cielo, como queriendo tocar a Dios, que lo imaginamos cuando elevamos los ojos hacia lo alto.
Los cipreses de nuestro jardín son testigos mudos de infinidad de sentimientos: acogen silenciosos, tanto alabanzas que brotan del corazón de las monjas, como los cansancios que inevitablemente se dejan transparentar cuando alguna pena nos acompaña. Asisten impávidos a las correrías y risas de las hermanas más jóvenes, como a los tranquilos paseos de las monjas entradas ya en años. ¡Cuánto saben nuestros cipreses de oraciones y lamentos!¡de silencios y ausencias! ¡de amores y temores!
Su crecimiento –dicen que lento- crece al par que nuestros anhelos.
En ellos confiamos la belleza de nuestro jardín y con ellos alabamos al Hacedor de todo bien.
Cuando son agitados por el viento se balancean como queriendo interrumpir su misión de ser testigos silenciosos de los secretos de nuestras almas, y es entonces cuando las monjas acudimos en ayuda de se “debilidad” auxiliándolos para que sigan ostentado ese lugar privilegiado de ser los primeros admiradores de una comunidad que ora, trabaja y crece; que lucha por mantener su lugar en el corazón de Dios, y encontrar su lugar en el corazón de los hombres que andan un poco despistados o desorientados.
Creo que el vacío de muchos corazones, debido al desamor o a la apatía, encontrarían su sanación si se encontraran con almas adoradoras del Dios Amor.
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(No cabía en el otro)
Quería, digo, construir una casa con paredes de piedra Romana también, eso lo están consiguiendo mis hermanos.
Así que hoy me ha dado Vd. la fuerza necesaria para proseguir su obra.
Yo tenía la impresión que los cipreses nos acercaban a la imagen de 'cementerio', pero leyéndola hoy se me a abierto una puerta diferente.
Ya veo en varios sitios , calles y jardines municipales que éste arbolito está cobrando fuerza.
Así que nada, nada, manos a la obra.
Reciba Vd. un gran abrazo y un beso en la mejilla.
Que Dios le de mucha salud y sabiduría.
wengar@wanadoo.es
Yo no le entendí, nunca, por eso que nos comenta Vd. del recuerdo a imagen de'cementerio'.
Pero he estado años dándole vueltas y hoy le veo una explicación y también un día que leí algo parecido en la hojita del 'taco' del S. corazón de J. que seguimos comprando s/g la Santa tradición. me ha vuelto Vd. a dar una luz y a lo mejor él está esperando a culminar su obra.
Tenía ese sueño que no acabó, tenía el de aparcelar la 'tierrecita' con una pared al estilo romano, que sí la acabó él solito y tenía el sueño de construir allí una casa con paredes del mismo estilo de piedra r...
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Máriam Mudarra
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