Necesidad de la sabiduría
17.05.08 @ 18:36:45. Archivado en Reflexiones

Las monjas trinitarias nos preparamos para la Fiesta de la Santísima Trinidad con unos días de retiro antes de celebrar esta gran Solemnidad.
Estaba en adoración ante el Santísimo Sacramento y me sentí impulsada a abrir la Biblia, y como dice el libro de los Hechos de los Apóstoles: “El Espíritu dijo a Felipe….”, el Espíritu me llevó a la carta de Santiago; en ella leí: “Sabéis, mis queridos hermanos, que todo hombre ha de ser diligente para escuchar, parco para hablar y lento a la cólera, pues el hombre encolerizado no hace lo que Dios quiere. Por eso, abandonad toda inmundicia, todo exceso vicioso, y acoged con mansedumbre la palabra que, injertada en vosotros, tiene poder para salvaros. Poned pues en práctica la palabra y no os contentéis con oírla, engañándoos a vosotros mismos” (Sant. 1,19-22).
En este año de la Palabra, y reflexionando sobre ella, este texto me vino como anillo al dedo.
Diligentes para escuchar y parcos para hablar: tengo una amiga que ha decidido no “cacarear” tanto cuando algo la saca de quicio, porque se ha dado cuenta que el cacareo no la lleva a ningún sitio, dice que ahora prefiere escuchar, reflexionar, y opinar sin perder las formas. Yo le alabo esa nueva decisión porque es más eficaz a la hora de que tomen en cuentas sus opiniones. No es lo mismo hablar después de una tranquila reflexión, que perder los nervios levantando la voz para ser escuchada por encima de las demás voces. Lo que se dice desde la paz y la armonía interior tiene mucha más acogida, y es más veraz en los oídos de los oyentes.
Acoged con mansedumbre la Palabra, y ponedla en práctica. Para que la palabra penetre en los corazones, tiene que pasar primero por la cabeza, acogerla, asimilarla, hacerla vida y por último guardarla en el corazón. Vivimos rodeados de palabras, unas llenas de sentido y otras vacías; unas nos llenan de gozo y otras nos dejan malestar y sinsabor de boca. Para acoger con mansedumbre –como dice Santiago- las palabras adecuadas, necesitamos la sabiduría, y para adquirirla no tenemos más que pedírsela a Dios. Un poco más arriba, la misma carta de Santiago nos dice: “Si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídasela a Dios, y Dios que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, se la concederá”. ¿Hay cosa más fácil que pedir a Dios este don? Si El, nos da la clave para adquirir sabiduría, no desaprovechemos la oportunidad, ¡pidámosla!
MINUTO DE SABIDURIA
No confundas cultura con sabiduría. La cultura va de afuera hacia dentro, entra por los ojos y los oídos y se puede quedar o no quedar en el cerebro. La sabiduría, al contrario, nace en nuestro interior y se exterioriza. Brota del corazón y sólo se conquista con la meditación.
Hasta los analfabetos pueden llegar a la sabiduría, si aprenden a meditar en sus corazones las grandes verdades.
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Máriam Mudarra
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