El silencio de María, siempre atenta a la Palabra
16.05.08 @ 09:20:11. Archivado en María

Estaba escuchando hoy una reflexión sobre la Virgen María, (en este mes de mayo es bueno intensificar nuestra veneración por la Madre de Jesús y Madre nuestra), y me ha llamado la atención especialmente una frase, decía: ¡María, siempre sumisa, pero nunca sometida! Mujer entregada y luchadora, en la oscuridad y en la amanecida.
Sumisa, sumisión= Acatamiento, subordinación manifiesta con palabras y acciones.
Someter, sometimiento= Conquistar, subyugar, humillar a una persona.
Cuando en nuestras conversaciones cotidianas oímos frases parecidas a “esta persona es muy sumisa”, rápidamente pensamos en alguien sin personalidad, sin voluntad propia o sin capacidad de decisión, pero no pensamos que tal vez para llegar a esa actitud ha necesitado pasar un proceso de purificación interior que la ha llevado a aceptar voluntariamente y sin “rabietas” decisiones que toman terceras personas con la certeza de que son mediaciones de la propia voluntad de Dios sobre ella. De una persona así no se puede hablar como de alguien débil, pusilánime, asustadizo, etc. sino como de un alma grande que ha sabido vencerse a sí misma y ha antepuesto el bien ajeno al bien personal.
La sumisión, aparentemente negativa, puede aparecer como una meta a alcanzar cuando la miramos desde esta perspectiva.
Sumisión y sometimiento no son sinónimos aunque en algunos diccionarios se encuentren como tales.
Nos sometemos a la fuerza, cuando no nos queda más remedio y hay una fuerza más poderosa que nos deja inhábiles para ejercer nuestra libertad. No vale la frase: “me someto voluntariamente”, es una contradicción, va en contra de nuestro ideal de libertad, -don precioso que Dios nos concedió cuando abrimos nuestros ojos a la vida-.
María, que fue sumisa, pero que no se dejó someter a los poderosos de su tiempo nos abre el camino para vivir desde nuestra libertad, sabiendo optar por aquellas decisiones que son importantes e inalienables en nuestra vida. No podemos dejar en manos de nadie –sólo en las manos de Dios- las riendas de nuestros proyectos, de nuestro futuro.
María, atenta a la Palabra, a la escucha del mensaje divino, siempre en silencio pero activa en la acción, que desde su silencio engendró a la Palabra, nos transmita su sabiduría para poder decir como ella: ¡hágase en mí, según tu Palabra!.
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Máriam Mudarra
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