La Palabra en el silencio -escuchar a Dios en la vida contemplativa-
15.05.08 @ 09:30:22. Archivado en Contemplación

Se podría decir que las monjas no hacemos otra cosa que escuchar a Dios en la vida contemplativa, siendo así que el silencio es uno de los elementos más importantes de nuestra vida, a la vez que un medio extraordinario de perfección.
Las Constituciones de las Monjas de la Orden de la Santísima Trinidad, -mis Constituciones- dicen que seamos conscientes de que todo el monasterio, pero muy especialmente nuestras almas, son templos de la Adorable Trinidad, por ello daremos sentido trinitario a la práctica del silencio. Ser conscientes de la inhabitación trinitaria en nosotras es de suma importancia para llenar todos nuestros “huecos” de esa Presencia viviente, que no deja de manifestarse en todas nuestras palabras y obras.
Uno de los medios a nuestro alcance para alimentar esta Presencia es la Palabra; esta Palabra la encontramos de un modo especial en la Liturgia. La jornada de la monja contemplativa está enlazada con momentos fuertes litúrgicos donde en nombre de toda la Iglesia, asociadas a Cristo y bajo la actuación del Espíritu Santo glorificamos al Padre.
Ser capaces de vivir esta continua presencia de Dios, supone para nosotras un enriquecimiento espiritual, afectivo y efectivo; es la soledad acompañada de la que hablan muchos maestros espirituales.
Los enamorado/as de Dios son –somos- tachados de “locos”, porque hablamos solos; puede que en parte tengan razón, pero esa afirmación no nos duele, tan sólo hace que sonríamos con cierta complicidad porque conocemos la verdad de nuestra locura. Los que no tienen experiencia de oración-diálogo con el Señor que habita en nosotro/as dicen que es como gritar en el desierto, donde sólo escuchamos nuestro propio eco. Pero ¿cuántas voces podrían levantarse desmintiéndolo, diciendo que los locos son ellos por no saber escuchar, por no saber adentrarse en su interior y descubrir a ese Dios vivo, que se reveló en Jesucristo, por no saber o no atreverse a coger una Biblia donde la Palabra está viva y “es” vida y siempre tiene algo que decirnos, y donde hallamos respuesta a todas nuestras incógnitas, donde descubrimos el AMOR?
Es posible que para los excesivamente racionales esto les suene a “chino”, y tengo que reconocer que estas afirmaciones nos desbordan racionalmente, y sólo se comprenden desde la fe. Pero qué hermoso –son palabras del mensaje que con motivo de la Fiesta de la Santísima Trinidad nos dirige nuestra Presidenta Federal, sor Teresita Vega- es saber que Dios en lo más profundo de su Ser, es comunidad, es Trinidad, es misterio de amor, de donación y de entrega. Y qué gran responsabilidad para nosotras, saber que somos imagen de ese Dios Trinidad, que estamos habitadas por el Amor y llamadas a Amar, y que sólo nos realizamos en plenitud cuando vivimos el misterio de este Amor.
Os invito a ser valientes en el Amor, a buscarlo en la Palabra, en la Eucaristía, en nuestro prójimo, en la alegría y en el dolor.
Y feliz Fiesta de la Santísima Trinidad, Misterio de Amor y de Comunión.
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Máriam Mudarra
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