No te pido que me cures
17.01.08 @ 23:09:45. Archivado en Reflexiones

No te pido que me cures:
sería ofensiva la demanda
que no puedes escuchar.
Lo que pido es que me salves,
que no me dejes para siempre
sometido a esta
muerte cotidiana.
Pido que la Nada no venza
y no vuelva yo a necesitar
encenderme de deseos,
y viva infeliz allí,
como ahora aquí
solo y alejado.
Tú sabes lo que me cuestas en remordimientos
y lo que te cuesto a ti por gracia:
que no se interrumpa la competición.
Yo, arrepintiéndome,
y tú, teniendo piedad de mí,
pues es necesidad para mí fallar
y para ti continuar perdiendo.
Así te pienso: un Dios
siempre expuesto a locuras,
a contentarse por cómo somos,
a perder siempre:
oh Luz incandescente
y piadosa.
(D.M. Turoldo, Canti ultimi)
Hay textos que entran en el interior del alma, que provocan sensaciones y deseos que nos dejan como volando en el infinito. Hay estados del alma que coinciden con los de otra/os personas y nos identifican como si de almas gemelas se tratara.
Hablando con la gente de sus "cosas" de sus problemas, me doy cuenta de la cantidad de personas infelices, insatisfechas, desconcertadas con la vida, desengañadas y "enfadadas" por lo que les toca vivir. A estas personas conocidas y desconocidas mi apoyo moral y mi oración. Dios nos ama intensa y locamente, y siempre está dispuesto a "perder" por tal de vernos contentos. Intentad sed felices, por favor.
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Máriam Mudarra
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