San Juan de Mata -17 de diciembre-
17.12.07 @ 20:10:45. Archivado en Testigos

Narración anónima del siglo XIII sobre la fundación de la Orden de la Santísima Trinidad
Éste fue el comienzo y la causa por la que esta Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos fue fundada por milagro y revelación singular. Vivía en París un buen clérigo, catedrático de teología, llamado Prevostino, que tenía fama de filósofo; bajo su dirección se inició y enseñó teología en París otro maestro, llamado Juan de Provenza. Éste era un hombre temeroso de Dios, a quien servía día y noche; ya desde su infancia abrigó el firme propósito de ingresar en alguna religión, pero sin saber claramente cuál escoger. Y, como era asiduo en el servicio de Dios, frecuentemente sufría no pocas burlas de sus compañeros. Pensando, pues, sobre la manera de estar a bien con sus compañeros y de poder servir a Dios, determinó ordenarse sacerdote, como efectivamente lo hizo, para tener una causa razonable de recitar las Horas y dedicarse a la oración. Con toda su alma y sin cesar pedía que el Señor le mostrara alguna religión. Cuando llegó el momento en que debía celebrar la primera misa, invitó al señor obispo de París, al abad de San Víctor y a su maestro Prevostino para que asistiesen.
Llegado el día señalado, celebró la misa a la que asistieron todos los magnates de París. Mas cuando llegó el canon de la misa, pidió a Dios que, si así era su voluntad, le manifestara la religión que debía abrazar para su salvación. Al levantar los ojos al cielo, vio la majestad de Dios y a Dios que sostenía con sus manos a dos hombres encadenados por los tobillos, uno de los cuales apareció como negro y deforme, y el otro, delgado y pálido. Como se demorara demasiado en la consagración, los circunstantes, es decir, el obispo, el abad, su maestro Prevostino y los demás estaban maravillados de lo que podría ser aquello. 
El mismo obispo, el abad y el maestro Prevostino, dirigiendo sus ojos a lo alto, vieron lo mismo y glorificaban al Señor, y luego lo espabilaron y, volviendo en sí, continuó la misa. Concluida la misa, le preguntaron qué había visto. Reveló lo que vio, y alabó al Señor. Y ellos confesaron asimismo lo que habían visto. Después de comentar lo que habían visto, entre él, el obispo de París y el abad de San Víctor redactaron esta Regla, a la cual deben ajustar su vida, y las demás cosas que se contienen en la misma.
Después, deseando el obispo y los demás que dicha Regla fuese confirmada por el señor Papa, escribió el señor obispo al señor Papa diciéndole que con seguridad podía dar entera fe al portador de dichas letras, pues era verdad lo que había visto. Y entregó la carta al maestro Juan de Provenza.
Éste, en cuanto pudo, se puso en camino para dirigirse a Roma. En su viaje pasó por un lugar que se llama Ciervofrío, donde moraban cuatro ermitaños, que le preguntaron con insistencia a dónde se dirigía y por qué iba a Roma. Él les indicó el motivo. Se alegraron de tal noticia y le prometieron que si llevaba a buen término el asunto de la Orden, pondrían a disposición de Dios y de la Orden sus personas y sus bienes.
El maestro, llegando a la sede apostólica, habló con el señor Papa, y presentándole las credenciales, le contó todo lo que había visto. Mas, no dándole crédito, trató de ilusos a él y al obispo que tales cosas testificaba. Concluido el asunto, volvió a París. No mucho después, mientras celebraba el señor Papa, se le apareció la misma visión que había tenido el maestro Juan. Arrepentido de no haber accedido a su petición, envió mensajeros que lo buscasen y lo hicieran volver cuanto antes a su presencia. Y no lo encontraron. Entonces dijo el Papa: «-Que el Señor me lo remita».
Después, aquel santo varón, dirigiéndose a Roma, habló con el Señor Papa y obtuvo lo que deseaba. Demos gracias a Dios.
El año 1198 comenzó la Orden de la Santísima Trinidad.
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Redención de cautivos.
A pesar de que ahora no hay cautivos cristianos en tierras musulmanas, hay muchos cristianos ( y de otras confesiones ) que son cautivos.....Cautivos de su ignorancia, cautivos del dinero,cautivos de la desidia y falta de esperanza.........
Bravo por los redentores de cautivos.
Nos olvidamos demasiado frecuentemente que la redención de cautivos es una obra de misericordia.
Abrazos a los /las trinitarios.
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Máriam Mudarra
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