Dios nos sale al encuentro
03.09.07 @ 10:02:01. Archivado en Contemplación

Durante estos últimos diez días todas las hermanas de mi comunidad hemos estado haciendo Ejercicios Espirituales; días de gozo, silencio y oración más profunda, pero también días en los que hemos tenido que bucear en nuestro interior descubriendo hasta qué punto Dios es el “Señor de nuestras vidas”; si es El quien tiene prioridad en todo lo hacemos y pensamos, y si está en el primer lugar en nuestra escala de valores.
Días de reflexión y de diálogo con Dios y con nosotras mismas, donde hemos tenido además que descubrir si nuestra filiación como bautizadas está basada simplemente en dogmas y leyes o es una relación personal con Dios apoyada en el amor y experimentada y reconocida en la intimidad de un corazón orante que vive la filiación y el compromiso de una vida fraterna en relación con las Personas Divinas; si nuestra vocación es una verdadera comunicación con el Amor que es Dios; si vivimos a Dios y en Dios.
Durante estos días hemos estado debatiéndonos con nuestro propio yo, descubriendo esas posibles lagunas y egoísmos que hacen que muchas veces nos olvidemos de lo que nos rodea y de quién nos rodea.
Si verdaderamente experimentamos la caridad como filiación divina y orada en “espíritu y verdad”, tenderemos a la caridad en la comunidad humana, porque el amor debe tender al otro para que pueda ser caridad, si no, lo que llamamos caridad, quedará en una simple palabra vacía de contenido.
Hemos ido profundizando en la riqueza de la pluralidad de personas; que ser hijas de Dios supone vivir en plenitud la bondad, el amor que sabe entregarse, porque si el amor no se “entrega” no significa absolutamente nada.
Hemos orado también desde nuestra conciencia de ser y sentirnos auténticas “hijas de Dios” descubriendo que nuestra fraternidad-sororidad debe dirigirse a todo lo creado por Dios, que tenemos que vivir filialmente aferradas a la vida, valorando los dones que “no se ven” y que generan gozo en el corazón y ansias de trascendencia en el espíritu.
Que el encuentro de amistad filial con Dios no llega por el mucho saber intelectual, sino por la sabiduría del amor; la filiación no se alcanza por vivir simplemente en una comunidad de creyentes, sino por vivir con Dios la misma relación de intimidad que Jesús vivió; encontrándonos con las hermanas de la misma manera que El se encontró y se entregó.
Doy gracias a la Trinidad por estos días de gozo espiritual, y deseo que muchos de los lectores de “ReligionDigital” sepan encontrar esos momentos fuertes dentro de sus tareas cotidianas para que descubran que a través de los Ejercicios Espirituales, Dios nos sale al encuentro, Dios se manifiesta de una forma especial y nos sacia esas ansias de eternidad que todo bautizado/a lleva en su interior.
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Máriam Mudarra
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