La oración es un vuelo a Dios
23.08.07 @ 16:52:10. Archivado en Orantes de todos los tiempos

En esta ocasión para hablar de la oración vamos a retroceder unos cuantos años y nos vamos a situar en el año 1552. La oración no tiene "edad", todas las definiciones son válidas, cada uno/a la define según el tiempo que vivió y la expresa dependiendo de la relación que tiene o tuvo con Dios.
San Simón de Rojas(trinitario), llamado también el "Bernardo español" por su devoción mariana, es uno de los grandes orantes de su tiempo. Cogidos de su mano nos adentramos en las profundidades de su espíritu para que nos explique qué es para él la oración.
Presupuesta la precisa necesidad que el hombre tiene de esta virtud de la oración y de acudir por su medio a tratar cosas con Dios, será justo tratar, qué cosa sea la oración. Porque San Juan Crisóstomo dijo que era baluarte del alma, sucediéndole al que no se ampara con la oración, lo que a la ciudad que no está con baluartes guarnecida, que fácilmente es asaltada del enemigo; y que eso era para un alma la oración, lo que para el pez, el agua. Y Juan Gersón dijo, que la oración era unión del alma con Dios, seguro puente del Cielo y muro que resistía a las tribulaciones. Y no faltó quien la llamase: ABC de principiantes, espuela de proficientes y firmeza de perfectos.
Un gran orante conocí yo, que no sabía declarar, qué cosa fuese oración, sino diciendo: Es ponerse un alma ante su Dios, y Dios ante ella, mirando Dios con ojos de misericordia al alma, y ella, con ojos de humildad a Dios, y estar como polluelo clamando, y con clamores enterneciendo el pecho de su Padre para que lo remedie.
Y una gran sierva de Dios, nacida en España, con gloria del Cielo y de la tierra y para aprovechamiento de muchas almas, dijo que, oración era todo esto: verse un alma con Dios, a solas, sentada a sus pies, oyendo las lecciones que le lee, y recibiendo la doctrina que le da: y un pedir y llamar, no a las puertas de los hombres, sino a las del riquísimo Dios, y una puerta real que hace paso al alma hasta el Corazón de Dios, con unas primicias de la Gloria advenidera. Con este soberano lenguaje y rodeo describieron el espíritu de esta virtud de la oración, las dichas y otras personas espirituales.
Pero mi intento es diferente: dejando puesto en el camino a quien quisiere seguir esas sendas que son santas, en declarar aquí, el ser de esta ínclita virtud, seguiré a San Dionisio Areopagita (tan ejercitado en ella), y a otros santos que son de su parecer, el cual dice que: oración es una elevación o vuelo de la mente a Dios.
Pocas palabras son, y breves, pero tan llenas de misterio, que será bien discurrir por cada una de ellas, descubriendo y declarando la doctrina que encierra, para que así sean del que las leyere, más estimadas. La oración es: Elevatio mentis in Deum.
Elevatio... La primera palabra de esta definición de la oración nos dice que es una elevación o vuelo o subida que el alma da a lo alto, sacudiéndose y desapiolándose de las cosas de la tierra; y pues la oración es un vuelo, acerca de él quiero advertir cuatro cosas que piden y merecen consideración:
1. Que, pues, la oración es volar a Dios, conviene volar con tiento, con recato y madurez, porque, de otra manera será el volar peligroso. Y así es necesario no entrar luego, a los principios, por lo más secreto de esos Cielos y de los misterios de Dios, porque de otra manera, acontecerle ha al tal, lo que fingen los poetas haberle acontecido al presuntuoso Icaro que, deseoso de subir al cielo con alas, las hizo de cera y, saliendo el sol, se las derritió y cayó miserablemente. Caerá, cierto, el que en la oración quisiere volar más alto de lo que pide la gracia que se le da; y al curioso escudriñador oprimirá la gloria de Dios (Prov 25, 2). No querer saber más de lo que conviene saber, doctrina es de San Pablo (Rom 12,3). Muchas aves hay que vuelan y suben más que la paloma, pero contentóse el humilde rey David con las plumas y con los encuentros de ella, porque es llana, sencilla, casta, humilde y gemidora. ¡Oh, el alma que con esas partes ataviada entra a tratar con Dios, cuántos tesoros de misericordia recibe!
2. Que pues la oración es vuelo, y reposado, quedan condenados aquellos que piensan que la oración se ha de tener con suspiros y con apretamiento de sienes, o con encogimiento de hombros, como el que se dispone a levantar un gran peso, porque con esos presumidos y soberbios esfuerzos se alborota el corazón y se inquieta el alma y fatígase la persona hasta venir a echar sangre y a reventar del pecho y de la cabeza las venas y a perder la oración, y aún el juicio...
3. Que pues la oración es vuelo, se puede en todo tiempo usar. San Buenaventura tiene por tiempo más a propósito el de la media noche, cuando faltan otros testigos que los purísimos ojos de Dios y de mi ángel que presente está.
4. Que pues la oración es vuelo, se puede en todo lugar hacer; de suerte que la sala y el corredor, la calle y la plaza, el campo y el coro, todos son lugares de oración, si nuestra soltura y libertad no los hubiese profanado. Lo cual enseñó el Salvador a la Samaritana: "Altercáis entre vosotros si la adoración al Padre ha de ser en ese monte o en Jerusalén; pero llegada es la hora cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre donde quiera que se hallaren ... " Sea verdad que, para el no muy ejercitado en esta virtud, será necesario lugar deputado y conveniente, más por parte de su distracción, que no de la oración ... El templo es lugar muy a propósito, por estar en él imágenes, reliquias y el Santísimo Sacramento ... Un oratorio en vuestra casa o aposento retirado sería cómodo lugar, pues hay en él menos ocasiones de vaguear y recoge el alma: "Cuando orares, entra en tu aposento, echa sobre ti la puerta, y ora en secreto a tu Padre Celestial..."
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Máriam Mudarra
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