¿Qué o por qué comulgamos?
27.07.07 @ 15:13:02. Archivado en Contemplación

No hace mucho tiempo mantuve una conversación con personas que se denominan cristianas y de vez en cuando practicantes, y me llamó la atención sus argumentos a la hora de explicar por qué iban a misa y por qué hacían cola para comulgar con el resto de los fieles. Su explicación era que no comulgaban creyendo que aquello fuera el Cuerpo de Cristo, sino más bien sintiéndose en comunión con la Iglesia, es decir, comulgar era un acto de cercanía y solidaridad con toda la Iglesia, más que creer que lo que introducían en sus bocas era realmente el Cuerpo de Cristo presente en un trozo de pan consagrado.
Todo esto me hizo pensar y reflexionar, e intentaba imaginar los pensamientos de tanta gente que comulga en las Eucaristías masivas o dominicales. ¿Qué piensan mientras esperan pacientemente que les llegue el turno de acercarse al sacerdote y recibir ese trozo de pan consagrado? Dicen que la gente comulga pero no confiesa, porque eso de la confesión está “pasado de moda”, o dicen que con Dios les basta, que no necesitan intermediarios para reconocer sus “pecados”. Independientemente de lo que piense la gente, yo creo que el Sacramento nos da fuerzas, e igual que necesitamos del alimento material para mantener nuestro cuerpo en forma, la energía que recibimos cuando recibimos un Sacramento, mantiene en forma nuestro espíritu. Reconozco que no siempre tenemos la misma disposición a la hora de acercarnos a los Sacramentos, pero la fe –don de Dios- suple esas negligencias que a veces tenemos. Y sigo pensando… ¿es suficiente estar en comunión con la Iglesia? ¿De qué sirvió la Institución de la Ultima Cena? ¿Un simple recuerdo o una actualización real de lo pasó aquella bendita tarde-noche?
Son preguntas que dejo para que cada una/o se las pregunte a sí mismo y se las responda, porque a lo mejor se encuentran con sorpresas. Yo como siempre me remito a mi propia experiencia; llevo muchos años comulgando diariamente, y digo con San Pablo: “la gracia no se ha frustrado en mí”.
Dios me atrae irresistiblemente y me llena de fuerza y valor. La experiencia religiosa de tantos años en comunión con El ha hecho de mí una persona totalmente atraída por su llamada y mensaje; y no es mérito mío, es su Amor infinito lleno de delicadezas. Jesucristo se comporta como un enamorado que a pesar de todos los “plantes” que podamos hacerle sus seguidores, El sigue fiel a su promesa de amarnos por encima y a pesar de todo.
El que presuma de ser cristiano y practicante que reavive con frecuencia el fuego de su corazón y se ponga en contacto frecuente con El, así podrá también ir a los otros, -menos creyentes- llevándoles el gran anuncio de la resurrección, que es victoria de la vida sobre la muerte, que es amor por encima del odio, que es amistad por encima de rivalidad, que es en fin, Jesucristo, por encima de nosotro/as mismos.
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Máriam Mudarra
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