El amor vence el temor
08.06.07 @ 14:45:53. Archivado en Ojos para ver

Hay ocasiones en la vida, en las que una se queda como flotando en el infinito, con una sensación de paz, de eternidad, de amor... Es lo que me ha sucedido después de ver -dos veces seguidas- la película "Diálogo de Carmelitas". Aparte de no poder contener las lágrimas y de experimentar una silenciosa emoción, que traduzco en esa unión de corazones que quiere identificarse con la entrega generosa y con la radicalidad de vida, me quedó como un ensimismamiento que duró toda la jornada y se hizo patente en las tareas cotidianas del día.
Pues bien, después de ver la película quedé transportada a la época en la que se sucedieron los hechos (1789). Me imaginé en el interior de cada una de las hermanas que formaban la comunidad del Carmelo. Allí me encontré con toda clase de sentimientos y reacciones ante el sufrimiento inminente: valor, y hasta cierta arrogancia frente al enemigo; resignación a la voluntad de Dios; aceptación ante los acontecimientos que amenazaban la vida; entrega en las manos de Dios con firme voluntad de sufrir por El; buen humor y cierta ironía al contemplar la muerte como un simple trámite para llegar a la vida eterna, etc, etc...
Toda una serie de actitudes ante las cuales yo me pregunté: ¿dónde encajo yo?; difícil respuesta y más cuando estaba bajo la influencia de un hecho visible, sensible y real que había removido todas las entretelas del corazón. Hoy en día y después de mucho meditar sigo sin poder contestar a la pregunta. Creo que tendría que verme en una situación parecida, y aún así, no sabría decir cómo iba a ser mi reacción. El espíritu está pronto, pero la carne es débil nos dice Jesús, y ciertamente ¿quiéne es capaz de adelantar su propia reacción ante el dolor, el sufrimiento, la muerte?
Volviendo a la película, admiro y contemplo cómo el miedo puede ser vencido por el amor; cómo una persona cuando es "tocada" por Dios, vence toda clase de miedos, oscuridades, temores... y se lanza en manos en Dios, donde ya no ve horror ni muerte, sólo ve Amor, Amor. ¡Qué maravilla!
Otra de las cosas que me quedó grabada de la película es que si Dios acepta con agrado la muerte de los mártires, no con menos agrado acepta la vida de los que se quedan; los que se quedan para seguir luchando y mantener encendida la llama de la fe, los que se quedan para seguir testimoniando la presencia de Dios en nuestro mundo; éstos también son dignos de alabanza, porque su sacrificio es mayor cuando deseando morir por Cristo, deben seguir luchando en esta vida; también su recompensa será grande en el cielo.
Una de la últimas frases que en la película dirá la monja carmelita que ha de seguir viviendo para que no desaparezca el Carmelo es: ¡qué exigente es Dios! Sí, que exigente es Dios cuando tenemos que cumplir su planes que no coinciden con nuestros planes; qué exigente es Dios cuando nos pide amor en vez de odio; cuando nos pide perdonar en vez de condenar. Pero y ¿qué? ¿es que Jesucrito no fue exigente consigo mismo cuando no le importó morir por nuestra salvación?
Asumamos pues, todos los que nos llamamos cristianos -seguidores de Cristo- las exigencias de una vida repleta de amor. Si traducimos la palabra Dios por la palabra Amor, -que es lo mismo-, tal vez nos resulte más fácil vivir cristianamente.
Comentarios:
Poseo la obra original de teatro y añoro no encontrarme de nuevo con la película pues seguro que me seguirá impactando igual que hace casi cincuenta años.
Que Dios la bendiga.
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Máriam Mudarra
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