La vida contemplativa y María
23.05.07 @ 15:34:21. Archivado en Contemplación

No es que mayo sea el único mes en el que tenemos que honrar a María, pero sí el dedicado expresamente a ella; por eso no quiero que acabe este mes sin un recuerdo personal a esta gran mujer.
María fue una mujer feliz; su felicidad provenía de saberse amada por Dios y de haber cumplido su voluntad.
La dimensión contemplativa de la vida religiosa debe expresarse hoy por nuestro testimonio de ser personas felices, -como María-, personas que saben cantar a la vida en el gozo del amor y de la entrega.
Uno de los servicios más urgentes hoy en la Iglesia, es el de ser y aparecer felices. La razón del gozo y de la felicidad es Dios mismo, es Cristo, es estar llenas del Espíritu Santo. Para ello, no hace falta un clima interior especialmente exaltado, sino que hace falta la humildad mariana de descubrir y de acoger en la vulgaridad de cada día la presencia de Dios.
Nuestra tarea, es cantar el Magníficat con nuestra vida, ser felices en medio de las tribulaciones, y para ello hace falta una mirada constante, amorosa, incesante de nuestro interior hacia el Señor y hacia María.
El cantar la vida es ser felices en la fe. Escuchar la Palabra, cantarla, significa también permanecer en ella, sufrir con ella y por ella; y esta permanencia en la Palabra es nuestra paz interior, la fuente de toda paz.
Nuestro testimonio de felicidad en la fidelidad puede ser una aportación importante en la búsqueda de la paz. Si somos personas felices seremos personas de paz; si sabemos cantar el Magníficat seremos personas que construyen la paz en su propio corazón y en su alrededor.
La felicidad que nos enseña la Virgen María es fruto de la contemplación, es actitud de silencio y escucha de la Palabra, es sensibilidad por su presencia misteriosa, es acción de gracias por lo que Dios hace con nosotros/as. Nuestras vidas deberían tener algo de poéticas, deberían ser un poema escrito por Dios en nuestros corazones para que lo lea todo el que tenga sed de Dios, de su belleza, de su armonía. Deberían transmitir en medio de las actividades más diversas y más agobiantes -a veces-, un hálito de la belleza de Dios.
María, la verdadera contemplativa, nos enseña para nuestra hora actual. Tengamos los mismos sentimientos que tuvo ella.
(Me gustan mucho los escritos de Cristina Kaufman, por ello he sacado algunos apuntes de sus escritos, y los he querido plasmar aquí para honrar también a esta gran mujer que supo vivir en plenitud su vida contemplativa y mariana).
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Máriam Mudarra
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