¡Silencio!
20.05.07 @ 12:23:11. Archivado en Contemplación

El silencio no es sólo ausencia de ruido, el silencio es un estado del alma que se alcanza cuando conseguimos aquietar todo nuestro ser. Podemos estar en la cima de una montaña, con las nubes por compañía, y escuchar mil voces interiores gritándonos, acusándonos… podemos estar en la más rigurosa soledad y tener nuestros deseos a flor de pie, exigiéndonos compañía, comunicación, conversación… ¡esto no es silencio! Por otra parte, podemos estar en medio del bullicio, del estruendo, en un autobús abarrotado de gente dirigiéndose cada uno a su destino y sentir nuestro cuerpo y nuestro espíritu pacificados, en paz… en calma… sosegados… tranquilos… ¡esto es silencio!
No es fácil alcanzar este estado del alma en la sociedad actual, donde nos bombardean constantemente con miles de voces ofreciéndonos felicidad a corto plazo.
Muchas personas necesitan, -necesitamos- buscar esos espacios donde la quietud se apodera del entorno, donde nuestra respiración se hace perceptible y somos conscientes de cada una de las sensaciones que nos envuelven. La armonía entre cuerpo y mente se hacen necesarias para que nuestra actividad diaria disfrute de esa paz que hace que las dificultades sean “menores”, y los problemas los afrontemos con valor.
“Cuerpo sano, mente sana"! ¿Por qué las consultas de psicólogos y psiquiatras tienen tanta demanda? ¿tanto se está degenerando nuestra naturaleza? o ¿es que hemos abandonado al Dios de la vida, que es quien nos da la estabilidad emocional? Reconozco que el sector médico que estudia la mente, es algo positivo que nos ayuda a todos/as, en ciertos momentos de nuestra vida, a aclarar conceptos erróneos o enderezar actitudes equivocadas, pero creer que esa es la única solución a nuestros problemas, pienso que es una equivocación.
¡DIOS! El Dios que nos habita, que nos envuelve, que nos recrea constantemente, que nos espera; ese Dios que está deseoso de ayudarnos, de que seamos felices. El Dios Trinitario que con su experiencia comunitaria quiere que todos participemos de su unión y experimentemos personalmente lo que significa vivir la soledad acompañada, es decir, sentir que no estamos solos/as nunca.
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Y pido disculpas sinceras a esos útiles y serviciales animales: los asnos.
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Precisamente la unidimensionalidad de una existencia humana se muestra en su a-trascendentalidad. El hombre materializado, sin vida trascendente, sin desalienación de su propia materialidad (a la que hoy muchos pretenden reducirlo) es unidimensional, sin relieve. Así San Josemaría Escrivá de Balaguer puede afirmar: "¿Por qué vuelas como un ave de corral, si puedes volar como las águilas?". Por ello la vida contemplativa es más teocéntrica (más auténtica) que la no contemplativa. Y dado que el fin del hombre es Dios (suma felicidad, en contra del loquero que antes habló) hay que decir que la felicidad que el hombre ha de procurar no es la del 'animal sano' -esa no tiene demasiada importancia-, sino la espiritual, que es la que le conduce a la Bienaventuranza. ¿De qué me sirve entr...
Y respecto de Vox, sólo puedo decir que mi amistad se ciñe a lo que le leo. Ahora bien, todo el mundo dice aquí «amigo», y que yo recuerde «vox» es sustantivo latino de género femenino. Y sí en efecto, veo sus intervenciones algo duras.
Por lo demás, una pequeña confidencia para la blogger, ahora que nadie nos lee: trabajé yo con quien fue un ilustre trinitario, ya fallecido, creador y director del Secretariado Trinitario de Salamanca, en este caso con labores de traducción. Grande fue y grandes son los recuerdos que llevo de él.
Quien sabe, si algo de suspicia, de recelo, de prevención, de sopesar muy cuidadosamente cuántas creencias de los demás han sido mal digeridas por mí, lleva a ese camino «silencioso» que permite dejar equipajes innecesarios. Yo me considero un contemplativo, de un modo u otro, y si la amiga Máriam me permite decirlo, por eso mismo llevo siempre un cuchillo en el cinto de mi inteligencia: con él corto de raíz cualquier entusiasmo, emoción o idea religiosa, o de cualquier otra índole, que me hace creer lo que es bastante incierto.
Quien sabe, si algo de suspicia, de recelo, de prevención, de sopesar muy cuidadosamente cuántas creencias de los demás han sido mal digeridas por mí, lleva a ese camino «silencioso» que permite dejar equipajes innecesarios. Yo me considero un contemplativo, de un modo u otro, y si la amiga Máriam me permite decirlo, por eso mismo llevo siempre un cuchillo en el cinto de mi inteligencia: con él corto de raíz cualquier entusiasmo, emoción o idea religiosa, o de cualquier otra índole, que me hace creer lo que es bastante incierto.
Silencios y ruidos hay muchos, y modos de contemplación, sea lo que fuere ésta, infinitos. Todos somos peregrinos, todos buscamos compañía o «experiencias comunitarias», como dice la blogger, aunque el término puede no ser tan saludable.
Entonces, ¿qué pensaría el contemplativo/a si yo dijera, como hombre de a pie, con heridas, ruidos y luchas, como todos, que sorteamos e incluso sobrellevamos para construir un medio laboral y social, de libertad emancipada (en los que otros pueden vivir en silencio contemplativo), que este silencio es ensimismamiento, autoafirmación religiosa, consumismo de ejercicios espirituales y onanismo lleno de oficios, liturgia de las horas, retiros, oraciones, etc., en suma, todo lo que entraña una existencia unidimensional?
¡Gracias Máriam!
Por lo demás, amiga Mariam, la soledad tiene muchas caras. Y la suya, o la que usted conoce, o la que se le predica como religiosa, está “llena” de palabras, gestos, textos, espiritualidades, compañía, casa, mesa y cama. No le puedo sugerir que haga un corte con todo ello para gustar de la quietud y soledad del “no-pasar-nada”, pero creo que muchas veces confundimos “presencia de Dios” con la multitud de palabras y emociones que a ella atribuimos.
Ya sé hermana que usted también lo cree así, pero, como usted sabrá, ante la solución psicofílica no es la respuesta mejor acudir al descubrimiento sanador de Dios en el interior. Esta es una vaguedad peligrosa, además de injusta, pues en la hipótesis de la inhabitación de Dios en nuestro interior, de ella no se deriva necesariamente estabilidad emocional alguna.
Con los respetos debidos, le diré, al margen de la bondad que se le quiera otorgar a los silencios y las quietudes, pues muchos hay que no son tan saludables como se dicen, no veo la relación entre consulta psicólogo & psiquiatra versus única solución de los dramas interiores: DIOS. Lo siento, amiga Mariam -así la quiero considerar, si me lo permite-, tal disyuntiva creo que adolece de un punto de partida equivocado, por no decir interesado y un tanto manipulador. Que se abusa del psicólogo & psiquiatra, cierto, como antaño se abusaba del confesor, como usted sabrá bien por la historia religiosa y su polifacético universo de escrúpulos religiosos y morales, y nadie decía aquello de “confesor vs. Dios”, Pero, en buena lid, ¿no es la psicología y la psiquiatría, y me refiero a su buen uso, un marco curativo semejante al del médico con sus pacientes?
Sigue con tu predicación silenciosa. sigue con tu silencio, con tu contemplación de ese Dios que es Amor...
Hoy en día parece que hay como un afan de evitarlo a todas costa. Los ruidos se suceden uno detrás de otro, atropellando al silencio.
Pero Dios siempre esta con nosotros, acompañándonos, "con Su brazo en nuestro hombro". Siempre podemos sentir Su presencia y Su amor. En lo más profundo de nuestro ser, ahi está El para que no temamos a nada de este mundo.
Gracias a Dios por el silencio en el que podemos encontrarnos con El en cualquier momento.
Y gracias por estos blogs que nos hacen meditar y hablar de Dios.
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Máriam Mudarra
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