16.05.07 @ 15:24:41. Archivado en Ojos para ver

Siguiendo con el tema de mi vocación, es importante hacer referencia de un modo especial al tema de la Santísima Trinidad. Somos trinitarias y junto a la redención de cautivos está la alabanza a la Trinidad. En nuestra vida trinitaria esto es esencial, constituye el fundamento de nuestra vida espiritual. Nuestras conventos se llaman “Casas de la Trinidad” y la profesión de los votos, -es decir- nuestra consagración religiosa la hacemos a la Santa Trinidad. Toda nuestra cotidianidad: trabajo, oración, descanso, estudio… lo dedicamos y ofrecemos a la Trinidad.
La vida comunitaria de toda monja trinitaria tiene como modelo y ejemplo a la Comunidad formada por las Tres Divinas Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Una frase de Leonardo Boff resume con mucho acierto lo que quiero expresar: “El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no existen solamente para ser distintos unos de otros, existen como distintos para poder estar juntos por la comunión y por el amor. Y aunque desde toda la eternidad coexisten, siempre juntos, ninguno de ellos es antes o después, ninguno es superior ni inferior. Los tres son igualmente eternos, infinitos y misericordiosos. Los tres forman la comunidad eterna”.
Este ideal de comunidad es a lo que aspiramos y por lo que día a día trabajamos por conseguirlo. Contando siempre con nuestras limitaciones humanas, intentamos crear verdaderas comunidades fraternas donde todas las hermanas nos sintamos acogidas y amadas.
En mi experiencia personal de hace más de 20 años tengo que manifestar abiertamente que es una gozada vivir en comunidad. Cuando una se siente verdadero miembro de un grupo humano donde se unen las fuerzas por una causa común, donde se ayudan unas a otras a superar dificultades y a crecer en todos los aspectos de la vida… Cuando esto es una realidad, puedo decir con sor Isabel de la Trinidad, que “mi cielo está en la tierra”. Y no expreso utopías, es algo que vivo día a día. Mi estilo de vida me hace completamente feliz, no tengo complejo de inferioridad ni me siento incomprendida. Sería absurdo escoger una vida –donde nadie nos obliga a ello- para vivir simplemente “tirando de la vida”. O se es, o no se es. La vida contemplativa es una forma de “ser”, y quienes la escogemos sabemos que hemos optado por Algo o mejor por Alguien que conforma y envuelve todo nuestro “yo”.